Un tribunal federal cerró la puerta a las pretensiones de Elías Piccirillo, el empresario procesado por haber orquestado un procedimiento policial fraudulento que terminó con la captura de su expareja sentimental. Los camaristas desestimaron tanto el planteo para terminar con su detención domiciliaria como la solicitud para cambiar el lugar donde cumple esa restricción. La decisión judicial llegó después de que durante el receso estival se realizara una audiencia en la cual los letrados de la defensa argumentaron a favor de una solución más flexible para su cliente, pero los magistrados consideraron que persistían razones de peso para mantener las medidas cautelares vigentes.
El cuadro de situación de Piccirillo se complica además por la multiplicidad de investigaciones en su contra. Los jueces Eduardo Farah y Roberto Boico enfatizaron en su resolución que el imputado enfrenta otras causas penales simultáneamente. Uno de estos expedientes surge precisamente de denuncias de intimidación interpuestas por Francisco Hauque, la persona que fue detenida tras el operativo amañado. Aunque Hauque no especificó en su denuncia haber recibido llamadas telefónicas o mensajes directos de Piccirillo con contenido amenazante, los magistrados encontraron suficientemente fundado el temor de que pudieran existir represalias mediadas a través de terceros o intentos de coaccionar a posibles declarantes en futuras etapas del proceso.
Los argumentos de la defensa y su refutación judicial
Los abogados defensores, Alejandro Montiel y Fernando Diez, desplegaron una estrategia doble durante la audiencia. En primer término, pidieron directamente el fin de la prisión preventiva. Ante la probabilidad de que esa solicitud fuera denegada, presentaron un plan alternativo: que Piccirillo pudiera cumplir la domiciliaria en un departamento ubicado en el barrio de Núñez, donde actualmente reside con su pareja actual. Para sostener ambas pretensiones, la defensa argumentó que su cliente siempre había demostrado disposición para colaborar con las autoridades judiciales y que la idea de una posible fuga era resultado de una lectura distorsionada de ciertos videos que lo mostraban trotando dentro del country durante procedimientos de allanamiento. De esta manera, buscaban reinterpretar conductas que habían sido catalogadas como sospechosas por otras perspectivas.
El voto de Farah abordó el aspecto de las represalias potenciales con un criterio preventivo. Consideró que, dados los antecedentes conocidos del caso, era indispensable descartar que en los registros que obran en la causa existan elementos que demuestren un riesgo legítimo de venganzas ejecutadas por intermediarios o de manipulación de testigos que eventualmente comparezcan en futuras declaraciones o en un juicio oral. Boico, por su parte, concentró su análisis en el rechazó del cambio de domicilio. El magistrado observó que no existía justificación legal suficiente para una reubicación hacia la Ciudad de Buenos Aires y que durante los procedimientos ante el juzgado de primera instancia no se había verificado adecuadamente ni el estado de la nueva vivienda ni la idoneidad de ese espacio para cumplir con las obligaciones derivadas de la prisión domiciliaria. Asimismo, subrayó que el Ministerio Público Fiscal no había tenido oportunidad de expresar su posición sobre este último aspecto.
El origen del conflicto: una emboscada judicial comprobada
La raíz de este expediente se remonta a enero del año anterior, cuando la relación entre Hauque y Piccirillo sufrió un quiebre irreversible. Hauque fue aprehendido tras un procedimiento policial que posteriormente la Justicia determinó que era completamente ilegítimo, ejecutado a corta distancia del Palacio Duhau. En el interior del vehículo de Hauque se encontraron más de un kilogramo de cocaína y un arma de fuego. Las investigaciones posteriores demostraron que se trataba de una trampa armada por Piccirillo, quien operó a través de un exagente de la Policía Federal llamado Carlos "El Lobo" Smith. Este último terminó colaborando con la justicia como imputado arrepentido, lo que permitió reconstruir toda la maniobra delictiva. Los registros de las cámaras de vigilancia de la autopista Panamericana y los datos de los peajes demostraron que después del episodio, Smith se desplazó hacia la zona de Nordelta, donde se reunió con Piccirillo en una residencia que este último alquilaba a Martín Migueles, ubicada en el lote 192 de "El Yacht".
En junio, el magistrado a cargo de la investigación primaria, Ariel Lijo, ordenó una reconstrucción del hecho en los mismos lugares y con los mismos horarios de aquella noche. Esta pericia criminológica fue determinante: en dos de las tres simulaciones realizadas, el perito que hacía las veces de doble de Piccirillo logró demostrar que habría sido factible colocar los estupefacientes dentro del baúl del vehículo de Hauque. Ese resultado pericial agravó considerablemente la posición procesal de Piccirillo. Inmediatamente después, Hauque presentó las denuncias por amenazas y coerción, lo que generó que Lijo ordenara un allanamiento domiciliario en el hogar de Piccirillo, durante el cual fue secuestrado un aparato telefónico que forma parte del acervo probatorio.
El fallo de los camaristas, que se extendió a lo largo de diez páginas, refleja una evaluación comprehensiva de los riesgos procesales derivados de la permanencia del imputado en libertad durante la pendencia de múltiples causas. La decisión sitúa el énfasis no sólo en la gravedad de los hechos de los que se lo acusa, sino también en la multiplicidad de procesos abiertos y en la evaluación del comportamiento de Hauque, quien percibe su propia seguridad amenazada. La confirmación de la domiciliaria en Banfield, pese a los reclamos de que el inmueble de 37 metros cuadrados resulta estrecho e incómodo, implica que Piccirillo deberá permanecer en la localidad del conurbano mientras avanzan las investigaciones. La negativa al traslado a Núñez es particularmente relevante porque cierra la posibilidad de que el empresario se acerque a su familia inmediata en las condiciones que su defensa estimaba más convenientes para su salud y vínculo con su hija, argumentos que los magistrados consideraron insuficientes frente a las garantías de seguridad que demanda el proceso.
Las consecuencias de esta resolución trascienden el caso específico de Piccirillo. Por un lado, quienes ven en la medida una actuación jurisdiccional rigurosa interpretarán que la magistratura prioriza la protección de testigos y denunciantes en contextos donde existen antecedentes de maniobras fraudulentas. Por otro lado, quienes analizan desde la perspectiva de los derechos del imputado podrían cuestionar si la acumulación de causas y las denuncias conexas deberían evaluarse con mayor separación, evitando prejuzgamientos basados en la confluencia de procesos. Lo cierto es que mientras avanzan las investigaciones, Piccirillo permanecerá confinado en una vivienda reducida en el conurbano bonaerense, una situación que podría extenderse sustancialmente dependiendo de los tiempos judiciales, las pruebas que se agreguen y las eventuales apelaciones que su defensa presente ante otras instancias.



