El ascenso de una nueva estructura comunicacional

En las entrañas de la maquinaria comunicacional del Gobierno nacional se opera un reordenamiento de fuerzas que marca el pulso político de los últimos tiempos. Santiago Oría, documentalista y director de Realización Audiovisual de Presidencia, ha expandido significativamente su protagonismo en la esfera pública y en los canales de difusión de la gestión, consolidando una posición que trasciende su función original de registrador audiovisual del Presidente. Este movimiento coincide con un aparente repliegue táctico de los colaboradores más cercanos a Santiago Caputo, el histórico asesor presidencial, cuya presencia mediática ha menguado en los últimos días. Lo que ocurre no es un simple cambio de roles administrativos, sino una reconfiguración que revela tensiones internas sobre quién controla la narrativa oficial y cómo se comunica la gestión libertaria hacia adentro y hacia afuera del establishment porteño.

La transformación en el mapa de poder comunicacional del Ejecutivo nacional no aconteció de repente. Durante años, Oría ha estado presente con su cámara en cada acto, discurso y movimiento del Presidente Javier Milei, tanto en territorio nacional como en giras internacionales, generando un archivo visual de la gestión que ha servido para alimentar la narrativa oficial. Sin embargo, en las últimas semanas su labor se ha diversificado exponencialmente. No se limita ya a documentar. Ahora produce contenido de carácter político, genera análisis económicos desde su cuenta de redes sociales, ataca directamente a periodistas y economistas que cuestionan las políticas gubernamentales, y difunde material de propaganda libertaria a través de canales alternativos. Este cambio de escala lo posiciona como un actor de primera línea en la batalla por el relato, fenómeno que ha cobrado vital importancia en la estrategia de la actual administración.

El respaldo de Karina y la red de influencers gubernamentales

Detrás de este crecimiento funcional y mediático existe un apoyo explícito. Karina Milei, secretaria general de Presidencia, ha brindado su respaldo visible a Oría, quien a su vez le tributaba reconocimiento público al referirse a ella como la "madraza del movimiento". Esta relación de confianza contrasta fuertemente con la dinámica histórica entre la secretaria general y Caputo, vínculos que frecuentemente han transitado por terrenos escabrosos. Justamente ayer, en una reunión de gabinete, el asesor presidencial no participó, cumpliendo, según se informó, "un encargo del Presidente". Este detalle no es trivial: marca un punto de inflexión en cómo se estructura la toma de decisiones en la Casa Rosada. El peso que ha ganado el cineasta en los últimos meses forma parte de una arquitectura más amplia de comunicación que, según explicaron desde diversos sectores de la gestión, no responde a un solo centro de poder.

Alrededor de Oría gravita un círculo informal de funcionarios cuyas tareas convergen en la difusión de contenido afín al gobierno libertario. Iñaki Gutiérrez, responsable del armado territorial en las provincias, e Sharif Menem, funcionario legislativo bajo la órbita del presidente de la Cámara de Diputados, integran este grupo que opera sin estructuras formales de coordinación, aunque sí con una clara sintonía ideológica. Desde las oficinas que frecuenta Oría, los integrantes de esta red justifican su trabajo en redes sociales argumentando que "la militancia se hace por las redes". Este razonamiento revela una comprensión de la política contemporánea donde la batalla cultural y la disputa por el sentido común se libran en espacios digitales. El cineasta, según fuentes gubernamentales, maneja un "esquema digital de cuentas", aproximadamente 70 perfiles desde los cuales emanan ataques a opositores y elogios a la gestión. Esta infraestructura de comunicación distribuida permite amplificar mensajes sin atribuirlos directamente a la administración central, una táctica que ha ganado relevancia en los últimos años en varios gobiernos del continente.

Propaganda institucional disfrazada de pensamiento independiente

Más allá de su rol en redes sociales, Oría ha desplegado una actividad editorial que profundiza su influencia intelectual. Hace tres semanas presentó tres publicaciones bajo el alero del Círculo de Pensamiento Liberal (CPL), institución que él mismo fundó. El primero de estos cuadernillos lleva por título "Manual de Logros: Dos años que cambiaron la Argentina" y constituye un compendio de los logros que la administración Milei reclama para sí. El segundo, denominado "Memoria de las décadas perdidas: Un racconto de la tragedia kirchnerista", efectúa un recorrido histórico que busca deslegitimar los gobiernos anteriores al actual. El tercero, "Periodismo y República en la era Milei", propone establecer distinciones entre lo que considera periodismo profesional y lo que etiqueta como operaciones de prensa, analizando esquemas de financiamiento privado y responsabilidad informativa. Estas publicaciones no son documentos neutrales de análisis académico, sino herramientas de construcción de narrativa que buscan fijar posiciones en el debate público. El hecho de que Oría presente estas obras bajo el paraguas de una institución de pensamiento liberal le otorga una pátina de seriedad intelectual que facilita su circulación entre sectores que buscan justificaciones teóricas para sus posiciones políticas.

En noviembre del año pasado, Oría anunció la realización de una serie de seis capítulos dedicados a documentar la vida del Presidente, con la cual pretendía demostrar que "no existe otro líder mundial que tenga tanta cercanía e interacción con la gente". Este proyecto, que debía concretarse como una producción audiovisual de envergadura, nunca trascendió más allá del primer capítulo, quedando en la categoría de promesas incumplidas. Sin embargo, la intención detrás de semejante empresa resulta significativa: la creación de una hagiografía visual del mandatario que proyectara una imagen de conexión genuina con la ciudadanía. Aunque no se materializó en los términos originales, la lógica que la impulsaba persiste en las diversas formas que asume la comunicación oficial actual.

Los últimos movimientos de Oría en las plataformas digitales han adoptado un tono cada vez más beligerante. Cuando el Presidente regresó a la Casa Rosada después de veinticuatro días de ausencia, el cineasta celebró con la expresión "pelotas de acero", lenguaje coloquial que replica el estilo comunicacional mileinista. En otra ocasión, acompañó datos económicos sobre 27 meses consecutivos de crecimiento, atacando a periodistas por supuestamente estar "peleados con la realidad". Quizás lo más notable fue su valoración de Victoria Villarruel, la vicepresidenta, a quien calificó con términos soeces cuando esta expresó preocupación legítima respecto al incremento del desempleo. Tales expresiones, ampliadas posteriormente por reposteos presidenciales, ilustran hasta qué punto la comunicación oficial ha abandonado protocolos de formalidad institucional para adoptar una lógica de guerra cultural permanente, donde los opositores no son adversarios políticos sino enemigos cuya opinión merece escarnio público.

Las tensiones internas y el silencio de Caputo

La pregunta inevitable que circula en pasillos y despachos es si Oría desplaza efectivamente a Caputo de su posición de centralidad. Las respuestas que brinda el círculo cercano al asesor presidencial oscilan entre negativas cautelosas y silencios elocuentes. Voceros oficiales han matizado afirmando que "no cambió nada en los últimos días" en la comunicación oficial, aunque simultáneamente reconocen que Oría ha asumido tareas vinculadas a redes sociales. El portavoz presidencial, Adrián Ravier, quien antes de sus conferencias recibe "coacheo" de Caputo y dirige la Fundación Faro, cercana a las estructuras capucistas, intentó equilibrar posiciones al señalar que tanto Caputo como Oría son "figuras clave" de la gestión, que él mismo como portavoz y Fabián Fernández, secretario de Prensa y Comunicación, también cumplen roles importantes. Este discurso de complementariedad busca evitar la narrativa de conflicto interno, pero los hechos observables sugieren un reordenamiento más profundo.

Lo particular del momento es que Caputo no solo ha perdido visibilidad mediática sino que físicamente se ausentó de la última reunión de gabinete. Se justificó diciendo que lo hacía por "un encargo del Presidente", lo que implica que continúa teniendo influencia en la toma de decisiones, pero ya no como figura pública de primera línea. Este repliegue táctico de quien fuera durante años el consejero más visible y directo del mandatario coincide temporalmente con el escándalo que envuelve a Fernando Cerimedo, consultor detenido en Bolivia con estrechos vínculos con el círculo capucista, al menos en los primeros meses de la administración libertaria. Las huestes celestiales, como se conoce a los seguidores de Caputo, han ido perdiendo protagonismo de manera progresiva desde las elecciones legislativas del año pasado. El actual movimiento podría interpretarse no como un desplazamiento abrupto sino como la culminación de un proceso de erosión de poder que lleva meses en desarrollo.

Las implicancias de una comunicación cada vez más combativa

Lo que está en juego en este reordenamiento trasciende organigramas y asignaciones de funciones. La manera en que un gobierno comunica sus políticas, la forma del discurso y los actores elegidos para vehiculizarlo, moldean la percepción pública y estructuran el debate democrático. La elevación de Oría a posición de mayor relevancia comunicacional implica el refuerzo de una estrategia de confrontación permanente, donde la narrativa oficial se construye fundamentalmente a través de la descalificación de opositores más que de la explicación de políticas. Este enfoque tiene antecedentes en gobiernos latinoamericanos diversos, desde experiencias nacionalistas hasta proyectos de signo contrario, pero siempre con resultados similares: la polarización como lógica comunicacional dominante.

Las tres publicaciones presentadas bajo el Círculo de Pensamiento Liberal buscan institucionalizaciónesta visión combativa, dándole espesor intelectual. El análisis sobre periodismo propuesto por Oría pretende establecer criterios para discriminar entre qué es comunicación profesional válida y qué es operación de prensa delegitimada. Esta pretensión de autoridad definitoria sobre qué cuenta como información legítima constituye un movimiento de poder discursivo de envergadura. Quien define los términos de la conversación pública ejerce una forma de control que trasciende lo meramente comunicacional para penetrar en lo político stricto sensu. El acceso a Contra Relato, plataforma donde estas ideas también circularían, amplía el alcance de este proyecto de reconfiguración del sentido común.

La paradoja que emerge de este análisis es que mientras la administración libertaria pregona valores de libertad de mercado y reducción del Estado, su máquina comunicacional se fortalece y centraliza bajo nuevas formas. El uso de aproximadamente 70 cuentas digitales que actúan de manera coordinada, aunque sin conexión formal visible, representa una sofisticación en las técnicas de influencia que poco tiene que ver con la espontaneidad que proclaman. La militancia que se ejecuta "por las redes" responde a una lógica organizacional rigurosa, aunque distribuida. Los resultados de este modelo comunicacional apenas comienzan a medirse en términos de efectividad electoral o de aprobación pública, pero sus consecuencias en la modificación del lenguaje político, en la normalización de ciertos tipos de agresión verbal hacia opositores políticos y funcionarios que cuestionan líneas de la administración, ya son visibles y constituyen puntos de disputa en el debate público nacional.

En perspectiva de mediano plazo, los diversos escenarios que podrían desprenderse de este reordenamiento presentan implicancias distintas. Por un lado, una comunicación más agresiva y menos institucional podría resultar en una mayor movilización de la base política libertaria, especialmente en plataformas digitales donde esta se encuentra concentrada. Por otro, el debilitamiento de estructuras más convencionales de diálogo político, como las que supuestamente manejaba Caputo, podría generar dificultades para negociaciones parlamentarias o acuerdos interinstitucionales donde la formalidad y el protocolo aún juegan un rol. Igualmente, la expansión de canales comunicacionales alternativos bajo control de funcionarios como Oría plantea interrogantes respecto a la calidad de la información pública, la responsabilidad estatal sobre lo que se difunde desde estructuras gubernamentales, y los mecanismos de control democrático sobre estas prácticas. Finalmente, está el question de cómo un modelo comunicacional basado en la descalificación permanente impacta en la posibilidad de construcción de acuerdos amplios que trasciendan divisiones ideológicas, elemento que históricamente ha sido crucial en momentos de crisis institucional o económica severa.