La política argentina en tiempos de post-PASO entra en una fase de movimientos tácticos que buscan reorganizar el mapa de fuerzas de cara a los próximos comicios. Un claro ejemplo de esta dinámica se materializó cuando Diego Santilli, funcionario nacional con responsabilidades en la cartera del Interior, convocó a una reunión con estructura territorial del PRO bonaerense para avanzar en conversaciones que, aunque formalmente versarán sobre gestión y coordinación administrativa, inevitablemente desembocarán en definiciones electorales de alcance provincial. El encuentro, programado en las instalaciones porteñas de la fuerza política que dirige Mauricio Macri, congregará a intendentes, legisladores y referentes comunales de peso político en sus distritos, evidenciando que la campaña de 2027 comienza a tomar forma en los espacios informales y en los despachos antes de cualquier proclamación oficial.

Lo que aparenta ser una simple actividad de coordinación gubernamental representa, en realidad, un momento clave de articulación política donde confluyen múltiples intereses que requieren alineamiento. La participación de jefes comunales procedentes de municipios como Pinamar, Campana y Tres de Febrero, sumada a legisladores de ambas cámaras del Congreso Nacional y la legislatura provincial, refleja un esfuerzo por congregar bajo un mismo techo los distintos eslabones de la cadena decisoria que caracteriza al PRO en el territorio bonaerense. Estos espacios de encuentro funcionan como laboratorios políticos donde se diagnostican problemas, se identifican coincidencias y se trazan líneas de futuro, todo bajo la apariencia de una gestión administrativa ordinaria. Sin embargo, cada participante llega a la mesa con una agenda personal que mezcla lo inmediato con lo estratégico, lo local con lo nacional, las necesidades presentes con las aspiraciones de poder.

Las grietas operativas de una alianza forzada

La relación entre el PRO y La Libertad Avanza transita por un camino sinuoso que combina acuerdos electorales necesarios con fricciones operativas que erosionan la convivencia cotidiana. Los intendentes del PRO bonaerense han manifestado dificultades concretas en la administración de sus municipios, las cuales atribuyen tanto a decisiones adoptadas desde la esfera nacional como a la presencia de referentes libertarios en los espacios de deliberación local. Estas tensiones no son anécdotas menores: representan la cristalización de lógicas políticas distintas que, aunque convergentes en objetivos electorales, divergen en metodologías de gestión, concepciones de Estado y formas de entender la relación entre el gobierno nacional y las autoridades subnacionales. Los reclamos por financiamiento de obras y por mayor claridad en las políticas públicas que impactan en los territorios constituyen expresiones concretas de malestares que, si no son canalizados apropiadamente, pueden transformarse en fracturas políticas de mayor escala.

El paquete de reformas que el Ejecutivo nacional remitió al Congreso de la Nación incluye modificaciones al régimen electoral que generan controversia incluso dentro de espacios que se alinean con el Gobierno. La eliminación de las PASO aparece como uno de los aspectos más cuestionados de esta reforma, no solamente porque implica cambios en los mecanismos de selección de candidatos, sino porque afecta directamente los cálculos electorales de todas las fuerzas políticas. En este contexto, Santilli adopta una posición de catalizador, promoviendo la idea de construir un acuerdo amplificado en la provincia de Buenos Aires que incluya no solo al PRO y a La Libertad Avanza, sino también al radicalismo y a otros espacios políticos de menor envergadura pero con presencia territorial relevante. Esta estrategia apunta a maximizar la capacidad electoral del espacio no peronista en la provincia, presentando un frente más uniforme ante lo que históricamente ha sido una fortaleza territorial del movimiento peronista.

Las ambiciones individuales dentro de la arquitectura colectiva

Santilli se posiciona públicamente como aspirante a ocupar la gobernación de Buenos Aires, la provincia más poblada del país y políticamente determinante para cualquier proyecto nacional de envergadura. Sin embargo, su trayectoria como funcionario nacional dentro de la estructura de La Libertad Avanza genera complejidades adicionales a esta aspiración. Según información que circula en los círculos políticos, para obtener el respaldo explícito de Karina Milei hacia una candidatura que lo lleve a la gobernación, el ministro enfrentaría el requisito de formalizarse como afiliado de La Libertad Avanza, lo cual implicaría una redefinición de su identidad partidaria original vinculada al PRO. Esta situación ilustra las tensiones inherentes a un sistema político que aún no ha estabilizado las formas de coalición entre espacios que, aunque coinciden en oposición al peronismo, mantienen identidades diferenciadas y aspiraciones de liderazgo que no siempre resultan compatibles. Santilli debe entonces navegar entre mantener su base en el PRO bonaerense, fortalecer su presencia en el Gobierno nacional y simultanear conversaciones con la hermana de Javier Milei, todo mientras intenta proyectar una candidatura creíble para la gobernación.

La dinámica interna del PRO bonaerense, representada por figuras como Cristian Ritondo, plantea sus propias coordenadas estratégicas. Ritondo ha venido argumentando la necesidad de confluir en una estrategia unificada con La Libertad Avanza como condición sine qua non para derrotar electoralmente al peronismo en la provincia. Este razonamiento se estructura sobre un análisis electoral que sugiere que la fragmentación del espacio no peronista favorece históricamente al movimiento peronista, el cual a pesar de sus propias divisiones internas mantiene una base electoral más consolidada territorialmente. Sin embargo, esta posición convive con debates internos sobre cómo operacionalizar esa convergencia, especialmente en lo que refiere a la distribución de candidaturas en las listas y al reparto de espacios en los concejos deliberantes de los municipios. Los intendentes participantes en la reunión también introducen en esta ecuación sus propios intereses: necesitan que sus municipios funcionen adecuadamente, que reciban recursos suficientes y que las decisiones nacionales no generen perturbaciones administrativas que socaven su gestión local. La reunión de este martes, por lo tanto, no pretende alcanzar resoluciones definitivas sobre estos temas, sino iniciar una conversación ordenada que reconozca la multiplicidad de actores y de intereses en juego.

Paralelamente a estas movidas en territorio bonaerense, Santilli ha sostenido encuentros bilaterales con otros gobernadores del territorio nacional. El contacto mantenido en la Casa Rosada con Rogelio Frigerio, gobernador de Entre Ríos, abordó cuestiones de infraestructura y de relaciones fiscales entre la Nación y la provincia, agenda que según informó el Ministerio del Interior, se replica sistemáticamente con otros mandatarios provinciales. En esa interacción, Frigerio subrayó la relevancia de avanzar en discusiones relacionadas con modificaciones al sistema electoral, enfatizando la necesidad de reducir los costos operativos que demanda la realización de múltiples instancias electorales y aliviando la carga que implica para la ciudadanía la obligación de concurrir repetidamente a las urnas. Este planteo encuentra resonancia dentro del debate que atraviesa internamente al PRO, donde la reforma electoral constituye un tema que cada vez gana centralidad en las conversaciones políticas cotidianas, más allá de que represente o no un consenso completamente consolidado sobre sus contenidos específicos.

Los horizontes inciertos de una realineación en construcción

El panorama electoral que se avecina para 2027 en la provincia de Buenos Aires y en el territorio nacional se perfila como un escenario de negociación continua donde las definiciones finales aún permanecen abiertas a múltiples posibilidades. Las conversaciones que abrirá la reunión de Santilli con la estructura territorial del PRO bonaerense constituyen apenas el primer acto de un proceso que se extenderá durante meses, durante los cuales la política argentina procesará cambios económicos, sociales y estructurales cuya magnitud aún no es completamente predecible. La capacidad que demuestren el PRO y La Libertad Avanza para coordinar estratégicamente sin que sus diferencias operativas se transformen en rupturas, la habilidad del radicalismo para negociar su inclusión en un espacio donde históricamente ha sido marginalizado, y la capacidad del peronismo para reorganizarse frente a un antagonista político que busca consolidarse, constituyen variables que determinarán la configuración del mapa político en los años venideros. La provincia de Buenos Aires, siendo la jurisdicción más poblada y electoralmente decisiva del país, será el escenario donde estas tensiones encuentren sus expresiones más nítidas y donde los cálculos tácticos de hoy determinarán los resultados de mañana.