La fractura interna del peronismo argentino se profundiza sin atisbo de resolución. Lo que comenzó como diferencias tácticas sobre cómo enfrentar el gobierno de Javier Milei ha mutado en un conflicto abierto sobre liderazgos, legitimidades y prioridades estratégicas. Este sábado, durante un encuentro de militancia femenina en La Plata, volvieron a escucharse los mismos reclamos que La Cámpora ha venido amplificando hace meses: la necesidad de que Cristina Kirchner quede en libertad y cuestionamientos directos a los dirigentes que avanzan con planes presidenciales sin hacer de esa demanda su eje central. Lo que cambió no es el mensaje, sino su intensidad y la claridad con que apunta a figuras concretas del peronismo bonaerense.
El mensaje desde el territorio: crítica a los candidatos
Mayra Mendoza, legisladora provincial que fue intendenta de Quilmes durante varios mandatos, encabezó la jornada denominada 2º Encuentro de Mujeres Peronistas de la 8va Sección Electoral. Allí pronunció frases que no dejaban espacio para interpretaciones ambiguas. Se dirigió a "los que se prueban el traje y creen que pueden ser candidatos del peronismo a presidentes el año que viene" para señalarles una carencia fundamental. Según su perspectiva, a esos compañeros "les falta una condición, una cualidad básica": el coraje que ella identifica como un atributo presente en Kirchner. Esta formulación no fue casual ni improvisada. Respondió a una estrategia deliberada de cuestionar la legitimidad de quienes avanzan con ambiciones electorales en medio de lo que La Cámpora considera una injusticia institucional sin resolver.
El contraste que Mendoza estableció resultó particularmente afilado: mientras algunos dirigentes se miden en encuestas, calculan territorios y tantean apoyos con miras a 2027, la expresidenta permanece en una situación judicial que el sector kirchnerista describe como persecución política. La legisladora fue enfática en su caracterización: "Hay algunos puntos que no los escucho a los que se prueban los trajes, que se olvidan de decir Cristina libre, pero que se empiezan a medir a ver si pueden llegar a ser mientras se sufre esta injusticia de tenerla proscripta". La palabra "proscripta" adquirió aquí un doble sentido: no solo alude a una prohibición legal de participación electoral, sino también a una exclusión política que La Cámpora considera inaceptable como telón de fondo para cualquier proyecto de poder dentro del peronismo.
La batalla por la narrativa y la legitimidad política
Días previos a este encuentro, otro legislador provincial K había generado ondas de choque dentro de la coalición. Facundo Tignanelli expresó una frase que muchos interpretaron como una crítica velada a dirigentes del peronismo bonaerense: "Mis abuelos trabajaron para que Perón vuelva, no para encontrar una alternativa con Vandor". La referencia a Vandor —histórico líder sindical que en los años sesenta fue considerado un rival del entonces exiliado Perón— funcionó como código para cuestionar a quienes buscan una salida política sin la participación de Kirchner. Aunque desde La Cámpora intentaron desmentir que la frase apuntara a Axel Kicillof, gobernador bonaerense que está explícitamente en campaña para la presidencia de 2027, la asociación resultó inevitable en la lógica del conflicto peronista.
Lo interesante en el análisis de Tignanelli fue su reconocimiento implícito de que Cristina Kirchner ha sido una constructora de liderazgos dentro del peronismo, no una obstaculizadora. Mencionó que fue la expresidenta quien impulsó la candidatura de Kicillof a la gobernación bonaerense en un momento en que, según su versión, "el sistema político peronista no lo quería". Esto revela una paradoja incómoda: el mismo dirigente a quien ahora La Cámpora cuestiona fue llevado al cargo por la mano de Kirchner. Sin embargo, Tignanelli también señaló que el peronismo ha encontrado soluciones de consenso en otras ocasiones, como sucedió con Sergio Massa en la elección presidencial de 2023. La mención no era gratuita: sugería que antes existían mecanismos de acuerdo que hoy parecen agotados.
A pesar de reconocer estas tensiones, Tignanelli insistió en que "no hay bronca interna, puede haber desilusión". La distinción semántica resulta relevante en el vocabulario político: una bronca es irreversible, una desilusión deja puertas abiertas. Sin embargo, el legislador advirtió sobre un riesgo estructural: quien llegue al poder sin Kirchner en condiciones de competencia electoral lo haría "en condiciones de debilidad". Esta no es una amenaza, sino un diagnóstico. Según su lógica, un gobierno peronista construido bajo la sombra de una proscripción de facto carecería de legitimidad interna y de capacidad de convocatoria.
El dilema de la reconstrucción peronista
Mendoza articuló en sus palabras una posición que resume el núcleo del conflicto: "No hay posibilidad de que gobierne el peronismo en la Argentina si Cristina no está en libertad". Esta afirmación puede leerse de múltiples formas. Para La Cámpora, es un principio no negociable: sin Kirchner en libertad, sin su participación en la competencia electoral, cualquier gobierno peronista estaría mutilado. Para quienes están fuera de esa órbita, la misma frase puede sonar como un bloqueo deliberado a cualquier alternativa de liderazgo. La legisladora también enfatizó en el tema de la conciencia pública: "Hay que seguir generando conciencia de la inocencia de Cristina y de la necesaria libertad". Esto implica un trabajo de construcción narrativa permanente, día tras día, en cada espacio de militancia.
El contexto histórico es relevante para entender la profundidad del conflicto. El peronismo argentino ha vivido ciclos similares de tensión entre liderazgos carismáticos y estructuras institucionales. La proscripción fue el mecanismo que durante décadas mantuvo a Perón fuera de la Argentina y del juego electoral. Que ese fantasma reaparezca ahora, aunque en circunstancias distintas, toca fibras profundas en la identidad del movimiento. La diferencia radica en que Kirchner no está exiliada en el extranjero, sino enfrentando condenas judiciales en el país. Esto abre debates sobre legitimidad, justicia, estrategia electoral y hasta sobre cómo se define la "libertad" en cuestión: ¿libertad judicial? ¿Libertad electoral? ¿Libertad política para competir sin condicionamientos?
Las palabras de Mendoza también contenían una crítica implícita a quienes dentro del peronismo pueden estar sugiriendo que es prioritario ganar elecciones antes de resolver la situación de Kirchner. "Quieren generar eso en muchas de las que nos animamos a levantar la voz, que decir Cristina libre es un error, que primero hay que ganar las elecciones. No hay posibilidad de que gobierne el peronismo en la Argentina si Cristina no está en libertad", fue su respuesta a esa posible línea argumentativa. El énfasis en "primero ganar, después resolver" versus "no se puede ganar sin resolver" marca una brecha casi inconciliable entre sectores del peronismo.
Lo que se juega hacia adelante
Estas tensiones no son meramente declarativas. Tienen implicaciones concretas en cómo se estructura la competencia electoral de 2027, en qué alianzas se construyen, en qué candidaturas avanzan sin freno y en cuáles encuentran obstáculos desde sectores de su propio espacio. La Cámpora, conducida por Máximo Kirchner, mantiene una capacidad de movilización significativa en territorios clave de la provincia de Buenos Aires. No es un sector minoritario, aunque tampoco representa la totalidad del peronismo. Su capacidad de veto sobre ciertos proyectos, o de empujar hacia adelante otros, sigue siendo relevante en la ecuación política.
El peronismo bonaerense, que gobierna la provincia más poblada y económicamente significativa del país, enfrenta así una encrucijada que trasciende las personalidades involucradas. ¿Cómo se construye un proyecto de poder cuando existe una fractura profunda sobre quiénes deben estar dentro de ese proyecto y bajo qué condiciones? ¿Qué sucede si la competencia electoral de 2027 se desarrolla con estas cicatrices abiertas? ¿Puede el peronismo recomponer unidad o estamos ante el inicio de un proceso de fragmentación irreversible? Las respuestas no son sencillas, y las declaraciones de estos días sugieren que ningún sector está dispuesto a ceder en sus posiciones fundamentales. El tiempo dirá si prevalece el diagnóstico de Tignanelli sobre la "desilusión" reversible, o si los cuestionamientos actuales evolucionan hacia rupturas definitivas que alteren el mapa de la política argentina en los años venideros.



