Una era termina en el sindicalismo docente bonaerense. Después de dos décadas conduciendo los destinos del Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires (Suteba), la figura que moldeó la organización gremial magisterial más importante de la provincia se retira de la cancha electoral, dejando el espacio abierto a una contienda que promete reconfigurar las fuerzas internas y los alineamientos políticos del sector. Lo que ocurra en las próximas elecciones no será un simple cambio de caras en cargos directivos, sino una definición sobre qué tipo de sindicato quieren los maestros y maestras bonaerenses: uno continuista con las políticas provinciales actuales, o bien estructuras que propongan mayor confrontación y demandas más radicales. La ausencia de quien fuera secretario general desde 2004 marca un quiebre generacional y político que trasciende el mero reemplazo de autoridades.
El cierre de una etapa y el vacío de poder
Cuando Roberto Baradel asumió por primera vez la conducción del Suteba hace dos décadas, heredando la estructura que dejara Hugo Yasky, la provincia bonaerense atravesaba un contexto político y económico radicalmente distinto. Durante la gobernación de María Eugenia Vidal (2015-2019), el gremio que ahora abandona la competencia electoral llegó a convocar hasta 62 paros en respuesta a políticas que consideraba lesivas para los trabajadores docentes. Sin embargo, la llegada de Axel Kicillof al ejecutivo provincial marcó un giro en la relación institucional: desde entonces, el sindicato no ha activado medidas de fuerza de carácter provincial contra el gobierno provincial, limitándose a adhesiones a paros nacionales convocados por confederaciones superiores.
Este cambio de postura —que algunos analistas catalogan como pragmatismo político y otros como cooptación institucional— se refleja nítidamente en la estructura de candidaturas que disputarán por primera vez la conducción sin la presencia del histórico secretario general. La decisión de Baradel de no continuar en la boleta genera un interrogante sobre la solidez del modelo de alianza que construyó entre el gremio y la administración kicillofista. ¿Se trata de un retiro voluntario para dedicarse a responsabilidades superiores en estructuras confederales nacionales e internacionales, o refleja una prudencia táctica ante posibles cuestionamientos a su gestión? Los dirigentes que responden a su liderazgo sostienen que lo que se define en estas elecciones es un "modelo sindical", no personas individuales. Sin embargo, la historia política demuestra que tales afirmaciones rara vez corresponden con la realidad de las dinámicas gremiales.
Tres visiones en disputa por el rumbo gremial
La contienda electoral que se desarrollará próximamente enfrentará a tres proyectos políticos-sindicales con fundamentos ideológicos y propuestas divergentes. La continuidad del modelo baraidelista será representada por la Lista Celeste-Violeta, encabezada por María Laura Torre, actual secretaria adjunta y dirigente de confianza del saliente secretario general. Torre comparte fórmula con María Cattaneo y Silvia Almazán, integrantes de la conducción electa en 2022, cuando la lista oficialista arrasó en 129 de las 133 regionales del Suteba dispersas por toda la provincia. Esta abrumadora mayoría territorial contrasta notablemente con el presente: en esa misma elección, la Lista Multicolor se llevó las seccionales de Tigre, Marcos Paz y Bahía Blanca, mientras que la Azul y Blanca conquistaba Berazategui.
El segundo actor en juego es la Lista Multicolor, que adquiere relevancia precisamente por su vinculación con el Frente de Izquierda y de los Trabajadores-Unidad (FIT-U), espacio que mantiene una postura crítica respecto del funcionamiento de los aparatos sindicales tradicionales. Su candidata a secretaria general es María Elisa Salgado, quien dirige la seccional de Tigre, acompañada por Ana María Canully y Angélica Guiot como postulantes a adjuntas. Este sector construye su narrativa electoral sobre la base del descontento docente, enfatizando que los salarios magisteriales se encuentran en niveles que caracterizan como "de miseria" y denunciando que la conducción actual opera más como un apéndice administrativo del gobierno que como un sindicato defensivo de intereses obreros.
La tercera fuerza electoral es la Lista Azul y Blanca, identificada con el Partido Comunista Revolucionario (PCR) y alineada formalmente con la coalición peronista "Fuerza Patria". Encabezada por Myriam Marinozzi (jefa de la seccional de Berazategui) y acompañada por Débora Procaccini, esta nómina representa una tercera vía que combina crítica a la gestión actual con pertenencia a estructuras políticas que respaldan al gobernador, una posición que revela las complejidades del mapa político bonaerense contemporáneo. Llama la atención que ambas listas opositoras hayan diseñado una estrategia conjunta para recuperar la seccional de La Matanza, señal de que existen temas de confluencia más allá de sus diferencias fundamentales.
El tamaño de la organización y su gravitación sectorial
Conviene situar esta contienda en su justa magnitud. El Suteba agrupa a aproximadamente 90 mil afiliados docentes, lo que lo posiciona como el principal sindicato educativo de la provincia de Buenos Aires. Su peso específico en la configuración de fuerzas gremiales locales es tal que integra el Frente de Unidad Docente Bonaerense (FUDB), organismo que nuclea también a la Federación de Educadores Bonaerenses (FEB), la Unión de Docentes de Buenos Aires (Udocba), el Sindicato Argentino de Docentes Privados (Sadop) y la Asociación del Magisterio de Enseñanza Técnica (AMET). Esta red de coordinación sectorial significa que los resultados de la elección interna del Suteba tendrán implicancias en la capacidad de presión y negociación del conjunto del movimiento docente provincial.
Durante la gestión Vidal, cuando la conflictividad alcanzaba picos elevados, el Suteba funcionaba como eje de resistencia gremial. Su transformación en un actor más orientado al consenso con la administración Kicillof —justificada, según sus dirigentes, en la mayor disposición del gobernador a atender demandas salariales y presupuestarias— ha generado debates internos sobre si esta estrategia consolida mejoras concretas o simplemente reduce la capacidad de presión del sector. Las denuncias que formula la Lista Multicolor acerca de irregularidades en los padrones electorales, particularmente en La Plata, donde sostienen que existen inscriptos que no corresponderían a trabajadores docentes, introducen un elemento adicional de incertidumbre respecto de la transparencia del proceso electoral.
Contexto más amplio: otros sindicatos en elecciones
La elección del Suteba no ocurre en un vacío político. Apenas semanas antes, entre el 22 y el 24 de abril, el gremio médico Cicop (Asociación Sindical de Profesionales de la Salud de la Provincia de Buenos Aires) celebró comicios internos que ratificaron a Pablo Maciel en la conducción, quien logró así su tercero mandato consecutivo desde 2021. Maciel obtuvo el 73% de los votos, derrotando a la Lista Pluricolor, que era impulsada por el FIT-U y liderada por Valeria Bonetto. Este resultado, que consolida una conducción alineada con el gobierno provincial, sugiere un patrón donde los sindicatos históricamente vinculados a Kicillof tienden a renovar sus autoridades con márgenes amplios. Sin embargo, la mayor fragmentación que exhibe el Suteba indica que el consenso no es unánime ni irreversible.
La participación de fuerzas de izquierda en ambas elecciones —tanto en Cicop como en Suteba— refleja una estrategia de penetración en estructuras sindicales tradicionales que ha ganado relevancia en el último quinquenio. El FIT-U, en particular, ha concentrado esfuerzos en capturar dirigencias en gremios docentes, un espacio donde la base de afiliados mantiene cierto receptividad a propuestas que enfatizan confrontación sobre consenso. La fortaleza relativa que la Lista Multicolor demostró en 2022, conquistando tres seccionales, sugiere que existe un piso electoral sobre el cual construir, aunque los números distan de ser equiparables con los de la lista oficialista.
Las demandas de fondo y el salario docente
Subyacente a toda esta competencia electoral existe un problema estructural que ningún cambio de autoridades resolverá por sí solo: la cuestión salarial docente y el financiamiento educativo. El reclamo central que articula la crítica de las listas opositoras gira precisamente en torno a los salarios que describen como insuficientes. Aunque el gobierno provincial ha realizado ajustes en remuneraciones, la erosión inflacionaria y la contracción fiscal nacional han limitado la capacidad de mejora sustantiva. En este marco, el rol que jugará una nueva conducción del Suteba resulta crucial: ¿intentará maximizar presión para obtener mejores condiciones, o consolidará el modelo de negociación institucional que caracterizó a Baradel?
Un elemento adicional en la agenda es la reposición del Fondo Nacional de Incentivo Docente (Fonid), que el gobierno nacional eliminó y que los docentes reclaman como compensación salarial. Este punto aparece en las demandas que sectores del Suteba han dirigido hacia Javier Milei, particularmente cuando se plegó al paro nacional convocado por la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (Ctera) el 2 de marzo. La tensión entre la lealtad hacia un gobernador provincial que ha mostrado mayor disposición a negociar y la necesidad de conflictividad hacia un gobierno nacional que perciben como hostil a los intereses docentes, es un dilema que atravesará cualquiera sea la composición de la nueva conducción sutebista.
Proyecciones y posibles escenarios post-electorales
Los resultados de estas elecciones definirán no solamente quién conduce el Suteba en los próximos años, sino también la orientación general de la conflictividad docente bonaerense. Un triunfo de la Lista Celeste-Violeta consolidaría la continuidad del modelo baraidelista, profundizando la alianza con Kicillof y posiblemente reduciendo aún más la conflictividad sectorial. Un resultado favorable a la Lista Multicolor podría reactivar ciclos de mayor presión gremial, con consecuencias directas sobre la gobernabilidad educativa provincial. Una eventual sorpresa que posicionara a la Lista Azul y Blanca abriría un escenario más complejo, donde la gestión del Suteba tendría que negociar simultáneamente con múltiples estructuras políticas.
Las denuncias sobre irregularidades en padrones electorales, si prosperan, podrían afectar la legitimidad de cualquier resultado, generando conflictividad secundaria dentro del gremio. Asimismo, la capacidad que demuestren las listas opositoras de traducir descontento en voto real será determinante: muchos procesos electorales sindicales sufren de abstencionismo elevado, lo que puede magnificar o reducir el peso de sectores muy movilizados.
Lo que está en juego trasciende la mera administración de un sindicato. Se trata de definiciones sobre modelos de acción sindical: institucionalismo versus confrontación, construcción de poder desde dentro del estado versus independencia gremial, priorización de mejoras parciales versus transformaciones estructurales en las condiciones laborales docentes. Cualesquiera sean los resultados del comicio, los desafíos materiales que enfrenta el sector magisterial bonaerense —salarios deprimidos, precarización creciente, crisis presupuestaria educativa— permanecerán vigentes, demandando soluciones que ningún cambio de autoridades sindicales podrá eludir indefinidamente. La historia de las luchas docentes argentinas demuestra que los ciclos de consenso eventualmente ceden ante la presión de realidades económicas insostenibles. Qué tan rápido ocurra tal reconfiguración dependerá tanto de las decisiones de quienes asuman la conducción como de las dinámicas políticas nacionales y provinciales que enmarquen el accionar sindical en los próximos años.


