La visita de Thomas DiNanno, subsecretario de Estado para Seguridad Internacional y Control de Armamento, a la Argentina no pasó desapercibida. El funcionario, que responde directamente al secretario de Estado Marco Rubio, se convirtió en el último de una serie de representantes del gobierno de Donald Trump que eligieron Buenos Aires como destino prioritario en sus agendas regionales. Su paso por el país incluyó reuniones de alto nivel, la inauguración de un organismo inédito en materia de seguridad regional y declaraciones que marcan un rumbo claro: Washington considera a la Argentina un aliado estratégico en la lucha contra el crimen organizado y el terrorismo internacional.
Un espaldarazo explícito a Milei desde el corazón del Departamento de Estado
En un encuentro con la prensa al que accedió tras una intensa jornada de actividades, DiNanno no escatimó elogios hacia el presidente argentino. "Felicitamos al presidente Milei por tomar una postura firme en relación al terrorismo", señaló el funcionario, subrayando lo que desde su perspectiva representa una alineación de valores entre ambas administraciones. No se trató de una frase protocolar: el subsecretario dejó en claro que esa coincidencia ideológica se traduce en compromisos materiales. Prometió que la Argentina recibirá asistencia concreta, recursos y capacitación provenientes tanto del FBI como de la DEA, dos agencias que históricamente han tenido presencia en la región pero que ahora redoblarían su involucramiento en territorio argentino. La magnitud de ese apoyo no es menor: DiNanno precisó que los dos programas bajo su órbita —el antiterrorismo y el combate al narcotráfico— cuentan con partidas presupuestarias significativas destinadas a desarticular redes criminales de alcance transnacional, y que una porción de esos fondos será canalizada hacia la Argentina.
El funcionario también hizo hincapié en lo que definió como un "compromiso compartido" entre Washington y Buenos Aires en materia de seguridad. Esa sintonía, según su visión, no es circunstancial sino estructural, y se apoya en una lectura común de las amenazas globales: el terrorismo de raíz islámica, el narcotráfico con ramificaciones internacionales y la influencia de potencias rivales en el hemisferio occidental. En ese marco, la Argentina aparece como un país que, a diferencia de otros de la región, estaría dispuesto a asumir posiciones claras sin ambigüedades diplomáticas.
Irán, la AMIA y el peso de la historia en la agenda bilateral
Uno de los momentos más cargados de simbología ocurrió cuando DiNanno visitó la sede de la AMIA, donde fue recibido por el presidente de la institución, Osvaldo Armoza. El atentado de julio de 1994, que dejó 85 muertos y continúa sin condenas firmes, sigue siendo una herida abierta en la memoria colectiva argentina y un expediente inconcluso en la diplomacia internacional. La visita del funcionario estadounidense a ese lugar adquirió una dimensión política concreta cuando se refirió al nombramiento de Ahmad Vahidi como jefe de la Guardia Revolucionaria Iraní. Vahidi figura en los pedidos de captura de la Justicia argentina y cuenta con alerta roja de Interpol por su presunta participación en la planificación del ataque a la mutual judía. Para DiNanno, esa designación no es un dato menor: la calificó como "una prueba de la responsabilidad" de esa organización paramilitar en el atentado. La elección de ese funcionario para encabezar la Guardia Revolucionaria, en su lectura, no hace más que confirmar la tesis que Argentina y Estados Unidos sostienen desde hace tres décadas.
El régimen iraní, que atraviesa una tregua frágil tras semanas de enfrentamiento abierto con Estados Unidos e Israel, también fue objeto de advertencias en materia nuclear. Ante una consulta periodística, el subsecretario fue categórico: impedir que Teherán desarrolle o adquiera armamento nuclear "sigue siendo una prioridad absoluta" para Washington. El control del arsenal que Irán ya posee forma parte de esa agenda, y DiNanno dejó entrever que cualquier negociación en ese terreno deberá incluir garantías reales y verificables, no compromisos de papel.
La Triple Frontera y la sombra de China en el tablero regional
La Triple Frontera, ese nodo geográfico donde se encuentran Argentina, Brasil y Paraguay, ocupa desde hace años un lugar destacado en las preocupaciones de seguridad de Washington. DiNanno abordó el tema sin rodeos: esa zona, junto con otros puntos sensibles de la región, debe garantizar condiciones de seguridad que protejan tanto las inversiones como la estabilidad frente al avance de organizaciones delictivas con proyección internacional. La referencia no es baladí: la Triple Frontera ha sido señalada en múltiples informes de inteligencia como un espacio donde confluyen el contrabando, el lavado de dinero y el financiamiento de grupos extremistas. Que un funcionario de este rango lo mencione explícitamente en Buenos Aires indica que el tema está lejos de ser una preocupación secundaria para la actual administración estadounidense.
Pero si hubo un destinatario no presente que dominó buena parte del discurso de DiNanno, ese fue China. Con la contundencia que caracteriza a los funcionarios de la era Trump, el subsecretario advirtió que Estados Unidos no tolerará que países de la región se conviertan en plataformas de influencia para potencias que considera adversarias. "No vamos a aceptar que los países se transformen en bases, como lo fue Venezuela con Irán, Cuba y China", sostuvo. Al mismo tiempo, intentó matizar el tono: aclaró que la confrontación no es el objetivo buscado, pero que Washington tampoco está dispuesto a operar desde una posición de debilidad estratégica. La referencia al encuentro que el propio Trump tendrá con el presidente chino Xi Jinping el 14 y 15 de mayo añadió una cuota de pragmatismo al discurso: "Somos optimistas en que la situación se va a equilibrar", dijo, reconociendo implícitamente que los intereses comerciales y los de seguridad nacional no siempre apuntan en la misma dirección.
El Criaco: una nueva arquitectura regional para enfrentar el crimen organizado
Antes de reunirse con los medios, DiNanno participó junto a la ministra de Seguridad argentina, Alejandra Monteoliva, en la puesta en marcha del Centro Regional de Información y Análisis sobre el Crimen Organizado, conocido por su sigla Criaco. La creación de este organismo representa un salto cualitativo en la cooperación bilateral en materia de inteligencia criminal: se trata de un espacio diseñado para centralizar, procesar y compartir información sobre redes delictivas que operan más allá de las fronteras nacionales. Su existencia responde a una lógica que Washington viene impulsando en distintos países aliados: la idea de que el crimen organizado transnacional no puede combatirse con herramientas exclusivamente nacionales, sino que requiere arquitecturas de inteligencia compartida y capacidad de respuesta coordinada.
La jornada de DiNanno en Buenos Aires incluyó además una reunión con el ministro de Defensa, Carlos Presti, en la que se abordó la posibilidad de venta de armamento entre ambos países, y una escala en la Cancillería argentina. La densidad de la agenda refleja el peso que esta visita tuvo en términos protocolares y sustantivos. No fue una visita de cortesía: fue una señal clara de que la relación entre la administración Milei y el gobierno de Trump se asienta sobre compromisos concretos en seguridad, defensa e inteligencia, con una proyección que excede el plano bilateral para insertarse en una disputa geopolítica de escala global.

