El tenis no necesitó ninguna pista de tierra batida para ser protagonista absoluto este lunes en Madrid. Mientras la Caja Mágica se prepara para uno de los torneos más importantes de la temporada, la capital española fue escenario de una ceremonia que cada año reúne a lo mejor del deporte mundial: los Premios Laureus. Y la raqueta se impuso por sobre el resto de las disciplinas: Carlos Alcaraz y Aryna Sabalenka se alzaron con los galardones de Mejor Deportista Masculino y Femenina del Año, respectivamente. Una distinción que no es menor, porque ubica sus nombres junto a figuras que trascendieron el deporte para convertirse en íconos de la cultura global. Eso cambia algo concreto: la conversación sobre la hegemonía del tenis en el deporte contemporáneo ya no es especulación, es reconocimiento formal.

Una noche de emociones y discursos que quedaron en el recuerdo

La gala estuvo conducida por dos figuras de enorme peso simbólico: Novak Djokovic, quien acumula nada menos que cinco premios Laureus al Mejor Deportista del Año a lo largo de su carrera —lo que lo convierte en el atleta más laureado de la historia del certamen en esa categoría—, y la esquiadora olímpica de origen chino-estadounidense Eileen Gu. La elección de Djokovic como anfitrión no fue casual: el serbio encarna de alguna manera el legado al que los nuevos campeones aspiran a pertenecer.

Sabalenka, actual número uno del ranking de la WTA y dominadora del circuito femenino en los últimos años, recibió el premio con una mezcla de asombro y emoción difícil de disimular. La tenista bielorrusa reconoció que ver la lista de ganadoras históricas del galardón le generó una sensación que pocas veces había experimentado. "Ver los nombres que estuvieron antes que yo me hace sentir un poco abrumada. Son leyendas que yo miraba, a las que admiro. Es algo muy grande", expresó, con una honestidad que raramente se ve en discursos de entrega de premios. También remarcó el valor colectivo de la distinción: para ella, el reconocimiento tiene un peso especial porque compite contra mujeres extraordinarias de múltiples deportes, no solo del tenis. "En todos los deportes hay mujeres increíbles haciendo cosas inspiradoras. Que me hayan elegido a mí significa muchísimo", subrayó.

Los Laureus tienen una historia que vale la pena mencionar: fueron creados en el año 2000 con el objetivo explícito de usar el poder del deporte como herramienta de transformación social. A lo largo de sus más de dos décadas de existencia, el galardón al Mejor Deportista Masculino fue para figuras como Roger Federer, Usain Bolt, Tiger Woods, Lionel Messi y el propio Djokovic. El de Mejor Deportista Femenina tuvo entre sus ganadoras a Serena Williams, Simone Biles y Iga Świątek. Estar en esa lista es, para cualquier atleta, una marca indeleble en la historia del deporte.

Alcaraz: entre el reconocimiento máximo y la incertidumbre física

Para Carlos Alcaraz, la noche fue especialmente significativa porque ya había tenido un contacto previo con los Laureus: en 2023, cuando tenía apenas 19 años, recibió el premio al Mejor Deportista Revelación en París, tras haberse convertido en el tenista más joven de la historia en alcanzar el puesto número uno del ranking mundial. En aquella ceremonia, compartió espacio con Lionel Messi, quien esa noche se llevó el galardón mayor masculino. El murciano confesó que en ese momento fantaseó con la posibilidad de, algún día, estar en la misma lista que el astro argentino. Tres años después, ese sueño se materializó. "Messi, Federer, Djokovic, Usain Bolt, Rafa Nadal... Estoy siguiendo los pasos de gigantes. Eso hace que este momento sea muy especial", declaró con una mezcla de orgullo y respeto que arrancó aplausos en el salón.

El premio le fue entregado por dos leyendas del fútbol español y mundial: Luis Figo e Iker Casillas, dos nombres que por sí solos hablan del nivel de la ceremonia. Entre los nominados que Alcaraz superó estaba nada menos que Jannik Sinner, el tenista italiano que también estuvo presente en la velada y con quien el español mantiene una de las rivalidades más vibrantes del tenis actual. Lejos de esquivar ese vínculo, Alcaraz lo puso en el centro de su discurso de aceptación: "Si no nos hubiéramos enfrentado el uno al otro, empujándonos al límite, no creo que ninguno de los dos habría alcanzado el nivel que logramos". Una declaración que dice mucho sobre cómo los grandes campeones entienden la competencia: no como un obstáculo, sino como un combustible.

Sin embargo, la gala también tuvo su costado agridulce para el español. Alcaraz confirmó que la lesión en la muñeca que lo marginó del torneo de Madrid —por segundo año consecutivo— todavía no está resuelta. El campeón optó por la cautela y rechazó especular sobre plazos: prefirió ser claro en sus prioridades. "Prefiero volver un poco más tarde pero recuperado del todo. Necesito cuidarme porque quiero tener una carrera larga", afirmó. La ausencia en el certamen de su país, justo antes de Roland Garros, encendió interrogantes sobre su participación en el Grand Slam parisino, aunque el propio jugador evitó hacer anuncios definitivos en ningún sentido.

Otros protagonistas del tenis en una noche repleta de estrellas

La presencia del tenis en la ceremonia no se limitó a los dos grandes ganadores. Amanda Anisimova, tenista estadounidense que protagonizó uno de los regresos más emotivos del circuito femenino, estuvo nominada al premio Regreso del Año, aunque finalmente el galardón fue para el golfista Rory McIlroy. También estuvieron presentes Alexandra Eala, la joven promesa filipina que viene escalando posiciones en el ranking internacional; Lorenzo Musetti, el italiano de estilo clásico que cada vez genera más expectativa en el tour masculino; y Jasmine Paolini, otra de las figuras del tenis femenino europeo. Por su parte, el brasileño João Fonseca, una de las revelaciones más explosivas del circuito en el último tiempo, fue nominado al premio Revelación del Año, pero debió ceder ante el piloto británico de Fórmula 1 Lando Norris.

La acumulación de figuras del tenis en una sola noche de premiaciones globales no es un dato menor. En los últimos años, el deporte de la raqueta vivió una suerte de transición generacional que terminó siendo, en rigor, una expansión: los nuevos referentes no simplemente reemplazaron a los históricos, sino que ampliaron el interés del público a escala mundial, con audiencias creciendo en mercados que antes apenas seguían el deporte. La consagración simultánea de Alcaraz y Sabalenka como los mejores deportistas del planeta en sus géneros refleja ese momento de madurez del tenis como fenómeno global.

Lo que viene abre interrogantes de distinta naturaleza. Para Sabalenka, el desafío es sostener una consistencia que ya lleva varios años y que la tiene como la tenista más temida del circuito. Para Alcaraz, la urgencia inmediata es física: recuperarse a tiempo para pelear por Roland Garros, el Grand Slam de tierra batida donde ya mostró que puede ser imbatible. Para el tenis como deporte, esta noche en Madrid fue una señal de que su momento de mayor visibilidad aún no tocó techo. Si los premios más importantes del deporte mundial eligen tenistas como sus máximos exponentes, la pregunta ya no es si el tenis domina el panorama deportivo global, sino por cuánto tiempo más seguirá haciéndolo y quiénes serán los que carguen esa bandera en los próximos ciclos.