Hay algo paradójico en lo que le toca vivir a Jannik Sinner en este tramo de la temporada. El italiano de 24 años llega al Mutua Madrid Open como el tenista más dominante del circuito, con cuatro Masters 1000 ganados de manera consecutiva y el número uno del ranking ATP bien aferrado a sus manos. Pero lo hace en un torneo que históricamente le resultó esquivo, sobre una superficie que recién está aprendiendo a dominar, y sin los dos hombres que más lo exigen sobre la cancha. La ausencia de Carlos Alcaraz y Novak Djokovic le despeja el camino, sí, pero también le quita el espejo en el que medir su verdadero nivel. Eso, en el fondo, es lo que más importa entender antes de que arranque su campaña en la Caja Mágica.

Una noche de gala antes de la batalla en el polvo de ladrillo

La semana comenzó con una escena poco habitual para el mundo del tenis profesional. El lunes por la noche, varios de los principales nombres del circuito se reunieron en la ceremonia de los Laureus World Sports Awards, uno de los reconocimientos más prestigiosos del deporte global. Sinner estuvo presente, y también lo estuvieron Alcaraz, Djokovic y el italiano Lorenzo Musetti. Fue, en cierta forma, un anticipo glamoroso de lo que debería haber sido una semana de alta intensidad competitiva en Madrid. Sin embargo, ni el español ni el serbio estarán en el cuadro del torneo.

Alcaraz, que arrastra una lesión en el brazo derecho y llegó a la gala con un vendaje visible, se llevó el premio Laureus World Sportsman of the Year, el galardón más importante de la noche para los hombres. Por su parte, la bielorrusa Aryna Sabalenka fue reconocida como mejor deportista femenina del año. Fue una velada importante para el tenis en general, aunque con un sabor agridulce: los dos protagonistas que más expectativa generan en la tierra batida europea comparten escenario de gala pero no de competencia. Sinner fue directo al respecto cuando habló con la prensa el martes: lamentó las ausencias de Alcaraz y Djokovic, a quienes definió como las dos figuras más grandes del tenis actual, y reconoció que su falta cambia sustancialmente el peso específico del torneo.

El historial que Sinner quiere reescribir en Madrid

Para entender por qué el desafío madrileño es particular para Sinner, hay que mirar los números con atención. A pesar de su dominio en el circuito durante los últimos meses, el italiano nunca logró superar los cuartos de final en el Mutua Madrid Open. No se trata de una estadística menor: es uno de los pocos torneos de este nivel donde su techo competitivo aún está sin definir hacia arriba. El año pasado, directamente, no pudo participar: cumplía una suspensión de tres meses acordada con la Agencia Mundial Antidopaje (WADA) tras dos controles positivos de Clostebol detectados durante el BNP Paribas Open 2024. Ese período fuera de la competencia oficial quedó atrás, pero el torneo madrileño sigue siendo una cuenta pendiente.

El contexto reciente de Sinner sobre arcilla es igualmente revelador. Llegó a Madrid después de coronarse en el Rolex Monte-Carlo Masters, lo que le permitió recuperar el liderazgo del ranking ATP que había cedido brevemente al propio Alcaraz. Ese título en Montecarlo fue especialmente significativo porque cortó una sequía de casi cuatro años sin ganar en tierra batida. En las últimas dos temporadas, el español lo había superado tanto en Roma como en Roland Garros, las dos citas más importantes del Grand Slam sobre esta superficie. Ahora, con Alcaraz fuera por lesión, Sinner tiene la oportunidad de acumular experiencia y confianza en un circuito de arcilla que, según él mismo admitió, todavía le exige un proceso de adaptación.

La hazaña que está al alcance de su mano también merece ser subrayada. Al ganar en Indian Wells, Miami y Montecarlo de manera consecutiva, Sinner se convirtió en el primer tenista desde Djokovic en 2015 en completar ese triplete de Masters 1000 de forma seguida. Si logra avanzar profundo en Madrid y luego en Roma, completaría el llamado "Career Masters 1000 set", es decir, habrá conquistado al menos una vez cada uno de los nueve torneos de esta categoría. Es un logro que muy pocos jugadores de la historia del tenis profesional han alcanzado.

El cuadro que le espera y la autocrítica del número uno

En su debut en la Caja Mágica, Sinner enfrentará al ganador del duelo entre los clasificadores franceses Benjamin Bonzi y Titouan Drouget. No es un primer partido sencillo en términos de incertidumbre: debutar contra un jugador que viene de atravesar la qualy suele implicar un rival en estado de gracia y con muy poco que perder. En su sector del cuadro, los rivales más complicados podrían ser el australiano Alex de Minaur, quinto cabeza de serie, y el ruso Andrey Rublev, noveno favorito y campeón defensor del título en Madrid en 2024. Ante De Minaur, llamativamente, Sinner acumula un registro perfecto de 13 victorias en 13 encuentros, lo que lo convierte en una de las pocas certezas estadísticas del circuito.

El propio Sinner fue honesto al analizar su relación con la arcilla madrileña. Reconoció que Madrid representa uno de los desafíos más complejos de la tierra batida europea, en parte por las características propias de la altura —la Caja Mágica está ubicada a unos 650 metros sobre el nivel del mar, lo que hace que la pelota vuele más rápido y el juego se acelere— y en parte porque su historial aquí nunca le permitió soltarse del todo. "Nunca jugué muy bien aquí", admitió con una franqueza poco habitual para un número uno del mundo. Al mismo tiempo, subrayó que cada superficie de arcilla le aporta algo a su desarrollo como jugador, y llegó a Madrid con ganas genuinas de torcer una historia que hasta ahora no le fue favorable.

La temporada 2026 de Sinner también tuvo sus tropiezos. Sus dos derrotas en 26 partidos disputados llegaron ante Djokovic en las semifinales del Abierto de Australia y ante el checo Jakub Mensik, decimosexto del ranking, en los cuartos del ATP 500 de Doha. Son dos caídas que, en el contexto de un rendimiento general excepcional, casi no pesan. Pero sirven para recordar que incluso el mejor tenista del mundo tiene grietas, y que Madrid —con su arcilla rápida, su altitud y su historial en contra— podría ser el escenario donde algún rival decida explotarlas.

Las implicancias de este torneo van más allá del resultado final. Si Sinner avanza con solidez en Madrid, enviará una señal clara de cara a Roland Garros: que su dominio ya no tiene excepciones de superficie. Si en cambio vuelve a tropezar en cuartos o antes, quedará la duda de si su transformación en jugador de arcilla es completa o todavía está en construcción. Para Alcaraz, observar desde afuera mientras se recupera de su lesión también tiene su peso: si el italiano capitaliza su ausencia con un título, el español llegará a París con una presión adicional y con el liderazgo del ranking más lejos. Para el circuito en general, la ausencia simultánea de Alcaraz y Djokovic en un Masters 1000 replantea preguntas sobre la profundidad real del tenis masculino actual y sobre cuánto depende el espectáculo de esos dos o tres nombres que concentran la atención global. El tiempo, y la arcilla de la Caja Mágica, darán respuestas en los próximos días.