En el contexto actual de Independiente, donde la incertidumbre institucional predomina y los hinchas aguardan con ansiedad cambios en la conducción del club, surge la voz de quien fue artífice de los últimos laureles que vistió la institución de Avellaneda. Ariel Holan, técnico que conquistó dos títulos internacionales en su gestión, decidió romper el silencio y expresar su postura respecto del presente y futuro del Rojo. Su intervención cobra relevancia no solo por su trayectoria ganadora, sino porque representa la mirada de alguien que vivió desde adentro la gloria reciente y hoy observa con preocupación cómo la organización enfrentaría su peor crisis institucional de los últimos años. Lo que dice el profesor trasciende el plano técnico: se trata de un diagnóstico sobre qué le falta al club para recuperarse.

La identidad de un hincha que dirigió campeones

Cuando se le preguntó sobre su vinculación con Independiente, Holan fue categórico en su respuesta: la institución representa mucho más que un empleador o un paso en su carrera profesional. Con 65 años cumplidos y luego de recorrer una trayectoria que lo llevó a dirigir en México, Ecuador y Paraguay, el técnico mantiene una relación visceral con el club que lo llevó a la gloria. Su condición de socio e hincha no es un dato menor: coloca a quien fuera responsable de 104 encuentros dirigidos entre 2017 y 2019 en una posición que trasciende la profesionalidad. Holan no es un técnico que llegó, ganó y se fue; es alguien que sigue observando desde las gradas, que vota en asambleas, que sufre con los resultados adversos como cualquier otro miembro de la comunidad de Avellaneda.

Esta identificación es fundamental para entender el peso de sus palabras cuando expresa que "es mi casa". No se trata de una frase hecha, sino de la síntesis de una relación que comenzó mucho antes de asumir la dirección técnica del equipo. Holan conoce la historia del club, esa historia marcada por figuras legendarias cuyas acciones y legados moldearon la idiosincrasia del Rojo. Su paso por Cerro Porteño de Paraguay no fue casual: buscaba mantenerse en actividad, pero su mente seguía en Avellaneda, observando cómo evolucionaba la institución. El "volvería con un proyecto serio" no es un capricho de alguien que extraña dirigir; es la expresión de alguien que intuye que sin orden institucional ningún técnico, por brillante que sea, puede transformar la realidad de un club.

El diagnóstico: crisis institucional y esperanza electoral

Holan fue preciso al caracterizar la situación actual de Independiente. No esquivó la realidad complicada del presente, pero tampoco se permitió el lujo de la desesperanza. Según expresó en declaraciones públicas, considera que el club enfrenta "un momento complicado" desde el punto de vista institucional. Sin embargo, identificó en las elecciones que se avecinan un punto de inflexión potencial. Esta perspectiva merece atención porque proviene de alguien que estuvo en el lugar donde se toman las decisiones cotidianas, quien experimentó tanto los beneficios como los obstáculos que presenta la estructura dirigencial del Rojo. Su opinión trasciende la nostalgia: es un análisis sobre cuáles son los elementos que impiden que Independiente recupere su nivel de competitividad.

El técnico fue categórico respecto de lo que entiende es el núcleo del problema: Independiente requiere una reorganización institucional y un proyecto de club que lo coloque en el lugar que le corresponde por su historia. Esta afirmación no es nueva en los discursos que circulan entre los hinchas, pero adquiere otra dimensión cuando la formula quien vivió en primera persona cómo funciona la máquina dirigencial del Rojo. Holan reconoció que el club no es el único en atravesar dificultades de este tipo, lo que sugiere que se trata de problemas estructurales que exceden las responsabilidades de una gestión específica. Sin embargo, en lugar de conformarse con este diagnóstico pesimista, optó por enfatizar que las elecciones, programadas para diciembre de este año tras una asamblea que se realizaría el 29 de septiembre, representan una oportunidad de cambio. Su convicción es que los socios tendrán la responsabilidad de evaluar los proyectos presentados y elegir el camino que conduzca a la recuperación institucional.

Condiciones para el regreso: severidad sin ingenuidad

Cuando se le preguntó de manera directa si le gustaría volver a dirigir Independiente, Holan no respondió con entusiasmo ingenuo, sino con una cláusula que refleja madurez y pragmatismo. Expresó que le "encantaría volver", pero agregó una condición que funciona como filtro: necesitaría que existiera "un proyecto serio". Esta precisión no es caprichosa. Holan sabe por experiencia propia que ganar títulos internacionales requiere más que buenos futbolistas; requiere estabilidad institucional, continuidad en las decisiones, recursos predecibles y una dirección que confíe en el trabajo técnico. Durante su gestión anterior, el técnico logró construir un equipo que no solo ganó la Copa Sudamericana en 2017 y la Suruga Bank en 2018, sino que emocionó a los hinchas con un fútbol identificado con la historia del club.

Lo notable es que Holan no plantea estas condiciones de manera prepotente, como si estuviera en posición de negociar desde la fortaleza. Más bien, las presenta como requisitos mínimos para que cualquier proyecto técnico tenga viabilidad. Cuando aclaró que "si viene un directivo y me dice querés ser el entrenador y el proyecto está, lo evaluaría y lo aceptaría", dejó constancia de que está abierto al diálogo, pero que no caerá en el error de aceptar de nuevo una gestión sin certidumbre institucional de por medio. Esta postura contrasta con la tentación que suele abrirse cuando un técnico campeón es aproximado por su club: la de asumir sin garantías, confiando únicamente en el magnetismo histórico de la institución.

Una relación que trasciende el contrato laboral

En sus declaraciones, Holan fue enfático sobre un concepto que parece simple pero es profundo: "Uno nunca se va del club por más que no esté ejerciendo un rol en el club". Esta frase resume su relación con Independiente. No se trata de un empleado que cumple un contrato y se va; es un hincha que experimenta la vida institucional del Rojo como parte de su propia historia. Aunque actualmente no ocupa ningún rol activo en la estructura del club, mantiene contacto con algunos directivos, lo que sugiere que sigue siendo consultado o al menos considerado en conversaciones estratégicas. Sin embargo, fue cuidadoso al no involucrarse en lo que llamó "el barro de la política" dirigencial, rechazando hacer críticas públicas a la actual gestión. Su argumento fue directo: "no me parece bien pegarle a alguien cuando está en el piso".

Esta moderación es interesante porque demuestra que Holan distingue entre la crítica constructiva y el oportunismo. A los 65 años, con una trayectoria que incluye experiencias en México, Ecuador y otros países, podría permitirse el lujo de ser descarnado en sus opiniones. Sin embargo, optó por mantener un equilibrio entre la sinceridad sobre los problemas estructurales y el respeto hacia quienes hoy cargan con la responsabilidad de gestionar la crisis. Su énfasis fue puesto en la necesidad de "hablar de proyectos" de cara a las elecciones venideras, lo que sugiere que para él lo importante es que los candidatos presenten propuestas claras, no que se dediquen a descalificarse mutuamente.

El legado de los campeones y la responsabilidad futura

Durante su paso por Independiente, Holan no solo dirigió futbolistas; también fue transmisor de una tradición que tiene décadas. En sus conversaciones, hace referencias a figuras del pasado legendario del club: Ricardo Enrique Bochini, José Omar Pastoriza, "Chivo" Pavoni, Pepé Santori. Estos nombres no son nostalgias vacías en su discurso; representan el estándar de excelencia contra el cual debe medirse cualquier proyecto futuro. Cuando menciona, por ejemplo, cómo "el Chivo" de generaciones pasadas explicó a Tagliafico el significado de ciertos gestos heredados, está remarcando que Independiente no es solo un club que ganó títulos, sino una institución con valores transmitidos generacionalmente.

Holan entiende que recuperar a Independiente no es un asunto meramente técnico o administrativo. Implica restituir la confianza de una hinchada que ha visto cómo su club, uno de los más ganadores de la historia del fútbol argentino, atraviesa una crisis que parece sin fin. Sus palabras finales resumieron esto: "Esto en algún momento va a volver a ser el Independiente que todos queremos. Tenemos fe y esperanza que así será". Esta afirmación no es profecía, sino acto de fe basado en el conocimiento de que las instituciones con historia no desaparecen; se transforman, a veces sufren, pero eventualmente encuentran el camino de regreso.

Perspectivas abiertas: qué ocurrirá después de las elecciones

Las declaraciones de Holan se inscriben en un momento bisagra para Independiente. Con una asamblea programada y elecciones que se realizarán en los próximos meses, el club ingresará en una fase donde la participación de los socios adquiere protagonismo. El regreso de Holan, si ocurriera bajo las condiciones que él plantea, sería un símbolo de restauración institucional. Sin embargo, también existen múltiples escenarios posibles. La nueva dirigencia podría optar por otros técnicos, apuntando a perfiles diferentes o menos comprometidos emocionalmente con la historia del club. También es posible que, aunque ganen las elecciones candidatos con proyectos sólidos, las restricciones financieras impidan el refuerzo de planteles y la implementación de cambios estructurales. Algunos considerarán que la confianza depositada en nuevos líderes puede resultar en transformaciones genuinas; otros advertirán que sin cambios profundos en la administración, los ciclos de crisis volverán a repetirse. Lo que sí es evidente es que figuras como Holan, que mantienen vínculos emocionales profundos con la institución, seguirán disponibles para contribuir a la reconstrucción cuando las condiciones lo permitan.