La semana de septiembre dejó un nuevo capítulo en la batalla por los primeros puestos del Torneo Proyección. Boca viajó hasta el norte del conurbano con una misión clara: sostener su andar ascendente en el campeonato de reservistas, ese espacio donde germina el futuro de los clubes. Lo que sucedió en el estadio de Platense confirmó que el equipo dirigido por Mariano Herrón tiene argumentos suficientes para pelear arriba, y dejó al descubierto que hay talentos en formación listos para trascender en la estructura azul y amarilla.

El marcador final de 2-0 representa mucho más que una simple victoria de visitante. Es el reflejo de un equipo que se entiende, que presiona desde el inicio y que posee la capacidad de capitalizar las ocasiones que se presentan. Rodrigo Bacidalupe, el delantero que iluminó esta tarde, fue el encargado de traducir esa superioridad en goles. Sus dos tantos no fueron producto del azar, sino de una combinación entre el trabajo colectivo y la capacidad individual de un futbolista que promete. En la primera mitad, cuando el partido aún se decidía, Bacidalupe apareció para poner el primero. No fue un gol de juego vistoso o elaborado; fue el gol del que está atento, del delantero que entiende dónde está el arco y cómo llegar a él. Con ese tanto, Boca se fue al descanso con la ventaja justa pero significativa que le permitía soñar con una tarde perfecta fuera de casa.

El segundo acto y el regalo del rival

Lo que ocurrió después del entretiempo fue una lección de oportunismo. El fútbol es un deporte donde los detalles marcan diferencias abismales, y en esta ocasión, una salida errática del guardameta platense fue el detonante que amplificó la diferencia. Bacidalupe, ese delantero que no abandona su posición, que mantiene la concentración incluso cuando el partido parece encaminado, estuvo allí para aprovechar. Un blooper en la zona de meta rival, un desajuste en la comunicación o en la ejecución técnica, y de repente el marcador se alejaba a dos goles. El doblete quedó consumado. La nota al pie de esta jugada es reveladora: no siempre los mejores rendimientos nacen de movimientos tácticos ensayados o de ataques de libro. A veces, la diferencia la marcan quiénes están listos para capitanear los errores ajenos, quiénes tienen la mentalidad de ganar incluso cuando el rival cede terreno.

Este triunfo llegó en un momento estratégico para la estructura reservista xeneize. Apenas 72 horas antes, Boca había derrotado a Quilmes por la mínima diferencia, un resultado que dejó satisfecho pero no completamente saciado al cuerpo técnico. Aquella victoria le permitió al equipo alcanzar los 14 puntos en la tabla de posiciones. Sin embargo, los rivales directos no dormían: la competencia en la Zona B no deja respiros. Por eso, la inmediata respuesta ante Platense fue crucial. Con tres nuevas unidades sumadas, el equipo llegó a los 17 puntos, cifra que lo posiciona en la cima de la tabla, aunque compartiendo el liderato con Independiente, que mantiene idéntica cantidad de puntos.

Debuts y apuestas del técnico en el once inicial

Más allá de los goles y los números en la tabla, esta tarde reservó sorpresas en la formación que presentó Herrón. La alineación inicial incluyó caras nuevas en la responsabilidad de jugar desde el inicio. Tomás Báez, arquero de la categoría 2008, vistió el buzo de titular por primera vez en la competencia. Esa decisión del entrenador responde a una evaluación que va más allá de un simple partido: es una proyección sobre el futuro, una lectura sobre qué futbolistas están preparados para dar el salto. Junto a Báez, Joaquín Fernández también accedió a su primer minuto de arranque, esta vez en la zaga central, compartiendo la responsabilidad defensiva en un partido disputado. La arquitectura defensiva se completaba con Gadiel Paoli, Ramiro Porfirio, Matías Baroni en los laterales, mientras que en el medio campo circulaban Santiago Vallecca, Lautaro Mendieta y Tomás Márquez. El ataque se sostenía con Kevin Ferreira, Gonzalo Alderete Rubert y, claro, Bacidalupe como referente ofensivo.

Estas decisiones de composición no son menores en el universo de las divisiones menores. Cada debut en la alineación inicial representa una ventana abierta, una oportunidad que el futbolista debe aprovechar para demostrar que está listo para el siguiente escalón. Herrón, con su experiencia en la formación de jóvenes talentos, sabe que estos partidos son pruebas de fuego. Tanto Báez como Fernández tuvieron la posibilidad de verificar si están en condiciones de competir en un nivel que demanda concentración, velocidad mental y capacidad de lectura del juego. El hecho de que Boca haya mantenido su portería invicta sugiere que ambos aprobaron el examen.

El horizonte inmediato ya está trazado. Apenas cuatro días después de esta victoria, la reserva xeneize volverá a la cancha para recibir a Atlético de Rafaela, un rival que no figura entre los líderes pero que representa un compromiso serio dentro de la Zona B. La cita es para el miércoles 16 de septiembre, desde las 17:00 horas, nuevamente por el Torneo Proyección Clausura. Estos encuentros sucesivos en poco tiempo son pruebas de resistencia física y mental. Para Herrón y su comando técnico, es una oportunidad de evaluar consistencia, de ver si el equipo puede sostener la intensidad que mostró ante Platense, o si, por el contrario, los compromisos consecutivos exponen fatiga o desconcentración.

Perspectivas y lo que viene en juego

A medida que avanza el Clausura en la categoría de reservas, cada punto cobra mayor relevancia. Las academias de Boca e Independiente, junto a otros equipos que disputan la Zona B, están en una carrera que define no solo títulos menores, sino también visibilidad y oportunidades para los futbolistas. Un torneo de reserva puede ser el trampolín que acelere carreras o, simplemente, el eslabón donde se consolidan aptitudes. Bacidalupe, con su doblete, envía una señal clara: está entre quienes aspiran a más. Herrón, con sus decisiones de alineación y su gestión táctica, transmite que confía en una mixtura de experiencia y juventud.

La dinámica que se genera en estos torneios de transición es compleja. Por un lado, existe la presión de competir y ganar; por otro, la responsabilidad de desarrollar futbolistas. Algunos podrían argumentar que el énfasis debe recaer en lo último, en la formación. Otros señalarían que no hay mejor escuela que la competencia real, que ganar en reserva es el camino más directo para acumular experiencias. Lo cierto es que Boca, al menos hasta el miércoles próximo, mantiene la posibilidad de consolidarse en la cúspide de la Zona B, aunque el margen es ínfimo y cualquier tropiezo podría modificar la fotografía actual.