Hay empates que saben a derrota y empates que saben a victoria. Lo que ocurrió en el partido entre Atlético Tucumán y Banfield dejó exactamente esa sensación contradictoria: los tucumanos se fueron con bronca acumulada por lo que no supieron cerrar, mientras que el Taladro se marchó con un punto que no mereció durante la mayor parte del encuentro pero que supo conquistar cuando más lo necesitaba. El resultado final fue 1 a 1, y aunque en el papel divide el botín por igual, las repercusiones en cada vestuario fueron diametralmente opuestas. Lo que está en juego no es solo un punto: ambos equipos siguen sin ganar, siguen mirando desde abajo las tablas que los comprometen, y el tiempo empieza a apretarles cada vez más.

Un arquero que evitó el derrumbe visitante

La historia del partido no puede contarse sin hablar de Facundo Sanguinetti. El arquero de Banfield fue, durante buena parte del encuentro, el único motivo por el cual el marcador no reflejaba una diferencia abultada a favor del equipo local. Atlético Tucumán salió con claridad, con convicción, y generó situaciones concretas de gol que en cualquier otro contexto habrían terminado en la red. Dos intervenciones clave frente al Loco Díaz y otra ante Vega en el primer tiempo bastaron para que Sanguinetti se convirtiera en figura sin necesidad de adornos: simplemente atajó cuando el equipo no tenía con qué responder. Ese tipo de actuaciones, las que sostienen estructuras que se caen, son las que definen carreras y, en partidos como este, también pueden definir temporadas.

El rendimiento del arquero visitante no es un detalle menor en el contexto actual del club del sur del conurbano. Banfield lleva cuatro partidos consecutivos sin poder ganar, ya quedó eliminado de los octavos de final, y su situación en las tablas de posiciones —tanto en la anual como en la de promedios— no genera ningún tipo de tranquilidad. En esas circunstancias, tener a un guardameta que aparece en los momentos críticos es uno de los pocos refugios disponibles. Sin Sanguinetti, el partido habría terminado de otra manera y el análisis posterior habría sido completamente distinto.

El gol que pareció cerrar la historia

Cuando llegó el tanto del Decano, todo indicaba que la historia estaba sellada. La jugada fue de esas que quedan en la memoria colectiva de un equipo: Leonel Vega recuperó la pelota y habilitó con un pase de categoría superior, casi cinco estrellas si se quiere calificar su precisión y visión de juego. La pelota llegó a Tesuri, quien centró con criterio, y Franco Nicola no perdonó con un cabezazo ante el arco prácticamente vacío. El gol no fue un accidente ni una jugada aislada: fue la consecuencia de una presión constante, de un equipo que había dominado los metros centrales del campo y que finalmente encontró el premio que venía buscando desde el inicio.

Atlético Tucumán, que también acumula cuatro partidos sin victorias y que comparte con Banfield la angustia de mirar desde abajo la tabla de promedios —ese parámetro que en el fútbol argentino puede significar el descenso de categoría—, tenía en ese momento la chance de liquidar el encuentro. Las ocasiones para aumentar la diferencia existieron. No fueron imaginarias ni producto de la épica narrativa del relato futbolístico: fueron reales, concretas, y no se convirtieron en goles. Ese desperdicio terminaría costando caro.

La enjundia que reemplazó al fútbol

Lo que hizo Banfield en el tramo final del partido no fue un despliegue técnico ni una reacción táctica elaborada. Fue otra cosa: fue garra, fue insistencia, fue el tipo de actitud que no siempre alcanza pero que cuando aparece en el momento justo puede torcer cualquier historia. Con pocos recursos futbolísticos pero con una determinación que no había mostrado antes, el Taladro empujó hacia adelante cuando Atlético Tucumán empezó a administrar el resultado con una comodidad que terminó siendo peligrosa. Los cambios que el cuerpo técnico visitante había realizado de manera temprana no habían logrado modificar el rumbo del partido, pero algo cambió en la actitud colectiva cuando el tiempo empezó a correr en contra.

El empate llegó con la firma de Neyder Moreno, un nombre que quedará inscripto en la historia chica del club por este tanto. Abraham metió el centro desde el sector lateral y Moreno, dentro del área, resolvió con un caderazo que dejó sin chances al arquero local. No fue un golazo de antología, pero tampoco necesitaba serlo. Era el primer gol de Moreno con la camiseta de Banfield, y llegó en el momento en que más valía. Ese tipo de irrupciones —las del jugador que aparece cuando nadie lo esperaba, en el instante más necesario— son las que construyen identidades dentro de los vestuarios, más allá de los resultados finales.

Un punto que no mueve el piso, pero que complica el panorama

Desde una perspectiva táctica y de planificación deportiva, este empate no resuelve ninguno de los problemas estructurales que enfrentan los dos equipos. Ni Atlético Tucumán ni Banfield lograron salir del bache de resultados negativos que arrastran hace semanas. La eliminación de los octavos de final ya es una realidad consumada para ambos, y lo que resta de torneo tendrá como único objetivo mejorar la posición en las tablas que condicionan la continuidad en la máxima categoría del fútbol argentino. La tabla de promedios, ese mecanismo que promedia los puntos obtenidos en tres temporadas consecutivas, históricamente ha sido el termómetro más cruel del fútbol local: clubes con historia, con hinchadas masivas y con infraestructura importante han descendido por su culpa.

Las lecturas que pueden hacerse del resultado son múltiples y dependen del punto de vista desde el que se analice la situación. Para Atlético Tucumán, el empate es una oportunidad perdida que puede profundizar la crisis anímica de un plantel que necesitaba el triunfo para recuperar confianza. Para Banfield, en cambio, el punto rescatado en el último suspiro puede funcionar como un pequeño impulso psicológico, una señal de que el equipo no se rinde aunque las condiciones sean adversas. Lo que es seguro es que ninguno de los dos puede darse el lujo de seguir cediendo unidades si quiere alejarse de los puestos que implican consecuencias graves. Los partidos que vienen no serán más sencillos, y la presión irá en aumento a medida que el calendario avance. Si estos equipos no encuentran pronto la manera de sumar de a tres, el análisis de este empate agónico podría quedar como un punto de inflexión que no se supo aprovechar a tiempo, o bien como el momento en que algo empezó a cambiar. La respuesta la darán los resultados futuros.