La institución de la Boca que dirige Juan Román Riquelme se encamina hacia un punto de inflexión en su historia reciente. No se trata únicamente de cuestiones deportivas ni de resultados en las canchas, sino de una apuesta estructural que trasciende lo futbolístico: la ampliación del histórico estadio. Este jueves, cuando los socios se reúnan en asamblea para ratificar el presupuesto anual, quedará plasmado de manera oficial el primer capítulo de un proyecto que ha generado expectativa entre la hinchada durante años. Lo que cambia ahora es que deja de ser una promesa electoral para convertirse en un plan financiero concreto, con fechas, presupuestos y fases de ejecución definidas.
Las declaraciones del secretario general del club, Ricardo Rosica, en una entrevista radial esta semana revelan el alcance y la ambición de lo que viene. La primera etapa incluye la construcción de la cuarta bandeja, un nivel adicional que transformaría la capacidad del estadio. Junto con ella, se proyecta la instalación de torres con ascensores que permitirían acceder a este nuevo sector, mejorando la experiencia de los asistentes. El plan maestro completo apunta a sumar nada menos que 20.000 lugares más a los que actualmente cuenta el coliseo ubicado en La Boca. Para dimensionar el impacto de esta cifra, basta recordar que la capacidad actual del estadio ronda los 54.000 espectadores, por lo que estamos hablando de un incremento superior al 35 por ciento.
El cronograma acelerado: aprovechando una ventana de oportunidad
Uno de los detalles más significativos que emergió de las declaraciones de la dirigencia es el timing elegido para iniciar las obras. Según explicó Rosica, después de que Boca juegue su último partido del semestre, existirá un período de aproximadamente 60 días sin actividad en el estadio. Esta ventana temporal no es casual: representa una oportunidad única para comenzar los trabajos sin interferir con la programación de encuentros. Es un cálculo pragmático de gestión que muestra que la directiva ha considerado cuidadosamente cómo minimizar los inconvenientes mientras maximiza el avance constructivo. La decisión de acelerar los tiempos responde, según la propia dirigencia, a que es el momento de cristalizar lo que considera el sueño de la institución.
El proceso de obtención de permisos ha sido arduo. Boca tuvo que negociar tanto con las autoridades municipales porteñas como con la empresa ferroviaria que opera la línea que pasa adyacente al campo. El club fue comunicando en sus redes sociales cada hito administrativo alcanzado durante el año 2026, manteniéndose en contacto permanente con su base de socios. En paralelo a la ampliación del estadio, se están ejecutando otras mejoras de infraestructura que también serán presentadas formalmente en la asamblea: un nuevo gimnasio de acceso gratuito para los socios, reformas en el acceso principal que la dirigencia calificó como «impresionante», y un trabajo integral sobre el campo de juego destinado a convertirlo en «el mejor césped del fútbol argentino».
Las cifras que respaldan el proyecto: un club sin deudas y en superávit
Más allá de las obras físicas, el presupuesto que se discutirá en asamblea contiene números que la directiva presenta como evidencia de solidez financiera. Según Rosica, los ingresos proyectados para el período alcanzan $239.392 millones de pesos, mientras que los egresos se estiman en $235.989 millones, generando un superávit de $3.403 millones. Estas cifras buscan proyectar una imagen de institución equilibrada, consistente y libre de deudas. Para contextualizar estos números, la dirigencia enfatizó que el club fue asumido hace poco en una situación completamente distinta: heredó una estructura endeudada y atravesaba la crisis generada por la pandemia de COVID-19.
Un aspecto que la dirección subrayó en sus argumentaciones es la composición de estos ingresos. Aproximadamente el 35 por ciento proviene del pago de cuotas de socios, porcentaje que la dirigencia presenta como comparable al que existía en 2019 bajo administraciones anteriores, con la diferencia de que ahora el club cuenta con «mucha más infraestructura, más socios y más empleados». El incremento en la cantidad de afiliados es notable: mientras que en 2019 Boca registraba 206.000 socios en todas sus categorías, la cifra actual alcanza 264.000. Dentro de este crecimiento figura un cambio administrativo significativo: cerca de 16.000 adherentes que llevaban más de una década vinculados al club fueron reclasificados automáticamente como socios activos en virtud de un reglamento aprobado por el Instituto de Gestión del Deporte (IGJ), acción que la dirección aseguró no fue realizada durante las administraciones previas.
Respecto de los valores que pagan los socios, la dirigencia presentó una comparación que busca justificar la estructura tarifaria actual. En 2019, una cuota socio costaba $800 y una entrada de dos generales de AFA rondaba los $1.000. Actualmente, la cuota está en $40.000 y la entrada de dos generales en $80.000. Aunque en términos nominales estas cifras parecen sustancialmente mayores, la dirigencia argumentó que representan una proporción menor del ingreso disponible de las personas, especialmente considerando los efectos de la inflación acumulada entre 2019 y 2026. Según este razonamiento, un socio de Boca puede concurrir a ver al equipo aproximadamente dos veces al mes con el pago de la cuota mensual actual, accediendo además a beneficios como el gimnasio gratuito que próximamente estará operativo.
El trasfondo político: entre resultados deportivos y gestión institucional
No puede escapar al análisis el contexto político que rodea estos anuncios. Rosica aprovechó su intervención para dirigirse a lo que denominó «la oposición», tema que adquiere relevancia en un contexto donde 2027 será año electoral en la institución. La dirigencia reprochó a sus detractores que, tras 20 años sin empujar iniciativas de ampliación, ahora cuestionen el ritmo de ejecución del proyecto actual. También señaló que administraciones anteriores habían contemplado la posibilidad de abandonar la histórica sede de La Boca para construir un estadio completamente nuevo, lo que habría implicado una ruptura con la identidad del club. Frente a esto, la gestión actual presenta la ampliación del estadio existente como una opción que preserva la tradición mientras moderniza la infraestructura.
En cuanto al desempeño deportivo, la dirigencia reconoció la frustración de los socios por los resultados recientes, particularmente la imposibilidad de participar en la próxima Copa Libertadores. Sin embargo, contrapesó esta realidad con argumentos centrados en la gestión administrativa: afirmó que no ha despedido empleados, que ha invertido en mejoras físicas del estadio y que está apostando a la formación de jugadores en divisiones inferiores. El mensaje implícito es que existe una distinción entre la calidad de la gestión administrativa y los resultados en cancha, fenómenos que aunque relacionados no son idénticos. Rosica expresó convicción de que los títulos deportivos «van a llegar», reflejando una apuesta a mediano plazo más que a resultados inmediatos.
La defensa explícita del presidente Riquelme constituyó otro componente notable de las declaraciones. Rosica afirmó que Riquelme trabaja hasta altas horas de la madrugada en las instalaciones del club y cuestionó públicamente a candidatos opositores que lo califican como el «peor presidente de la historia» de la institución. Según la dirigencia, cuando estos opositores visitan las instalaciones, «ven otra cosa», sugiriendo que la realidad de la gestión contrasta con la narrativa política que circula en ciertos sectores. Estos dichos no pueden desvincularse del horizonte electoral que se aproxima y que sin duda marcará la agenda institucional en los próximos meses.
Las implicancias futuras: un club en transición estructural
La aprobación del presupuesto y el inicio de la ampliación de la Bombonera abren interrogantes sobre las dinámicas que moldearán al club en los próximos años. Por un lado, existe el desafío técnico y financiero de ejecutar un proyecto de esta envergadura mientras se mantiene la operación cotidiana de una institución que alberga decenas de miles de socios y realiza actividades deportivas de manera permanente. Las obras de infraestructura, incluso planificadas cuidadosamente, generan inevitablemente fricciones, ruidos, restricciones de acceso y otros inconvenientes que los afiliados deberán tolerar durante períodos extendidos.
Por otro lado, la consolidación de una base de financiamiento que permita sostener este emprendimiento requiere mantener la estabilidad económica y la adhesión de los socios a largo plazo. El crecimiento de la matrícula social en los últimos años sugiere que existe demanda, pero también es cierto que los ciclos de resultados deportivos inciden directamente en la motivación de las personas para renovar sus afiliaciones. Si los resultados deportivos no mejoran sustancialmente en el mediano plazo, podría generarse una desconexión entre los mensajes optimistas de la dirigencia y la percepción de la base social.
Desde la perspectiva del sector opositor, la iniciativa de ampliación puede ser presentada como un logro propio —dado que fue discutida en administraciones anteriores— o como insuficiente en su ritmo de ejecución. El comportamiento de este sector en los meses previos a la asamblea electoral de 2027 será clave para definir el rumbo institucional. La apuesta de la dirigencia actual es que los avances tangibles en infraestructura compensarán en la percepción de los socios los resultados deportivos que no llegan, un cálculo político que solo el tiempo validará o desmentirá.



