La llegada del Rodolfo Arruabarrena como entrenador marca el inicio de una transformación profunda en Boca Juniors. No se trata únicamente de cambios tácticos o de esquemas de juego, sino de una redefinición integral del proyecto deportivo que incluye decisiones difíciles respecto al plantel actual. La partida de Ander Herrera, uno de los futbolistas más experimentados del elenco azul y amarillo, representa apenas el primer movimiento de una estrategia más amplia. Sin embargo, lo verdaderamente inquietante para los hinchas azulejos es lo que esta decisión presagia sobre el futuro de otros pilares del equipo. La pregunta que resuena en los pasillos de la institución es directa y preocupante: ¿cuántos más abandonarán el barco durante este proceso de reconstrucción?

Edinson Cavani, el legendario delantero uruguayo que lleva años defendiendo los colores de Boca, ahora se encuentra en una posición incómoda. Su nombre comenzó a sonar con insistencia apenas se confirmó la rescisión de Herrera, no porque sus circunstancias sean exactamente iguales, sino porque ambos encarnan una generación de futbolistas cuya trayectoria internacional y jerarquía deportiva los posicionaban como referentes indiscutibles del proyecto anterior. Tanto Herrera como Cavani pertenecen a esa categoría de profesionales que acumulan décadas de experiencia en las principales ligas europeas y que alguna vez fueron considerados intocables en cualquier armado táctico. Ahora, en este nuevo ciclo dirigido por Juan Román Riquelme desde la administración y Arruabarrena en el banquillo, esa intocabilidad ya no existe.

El obstáculo de la lesión y la larga inactividad

El contexto físico de Cavani agrega una capa adicional de complejidad a su situación. Durante el año 2026, el Matador apenas logró disputar dos encuentros antes de someterse a una intervención quirúrgica en su columna vertebral. Una lesión en la espalda es particularmente delicada para cualquier futbolista, pero especialmente para un delantero cuyo juego se fundamenta en la explosividad, el movimiento constante y la capacidad de realizar esfuerzos sostenidos en cortas ráfagas. Actualmente, el uruguayo transita la etapa de recuperación con la esperanza de poder volver a la actividad competitiva en el corto plazo. Su objetivo personal es inequívoco: recobrar la competitividad y demostrar que aún tiene mucho para contribuir en Boca. De hecho, según informaron fuentes cercanas al jugador, Cavani mantiene la ilusión de extender su contrato más allá de diciembre, lo que significaría continuar vinculado con el club azul por un período adicional.

Sin embargo, la voluntad personal del delantero representa apenas una arista del polígono de decisiones que debe resolver la institución. Lo que Cavani desee o anhele no resulta ser el factor determinante en este escenario. La dirigencia xeneize ha iniciado una revisión exhaustiva de cada uno de los futbolistas que integran la plantilla, evaluando su rendimiento, su proyección futura y su compatibilidad con el proyecto que Arruabarrena pretende construir. La continuidad de cada referente será analizada de manera individual, sin permitir que la historia acumulada o el reconocimiento previo sean argumentos suficientes para garantizar permanencia. Esta postura representa un quiebre significativo respecto a administraciones anteriores que tendían a mantener a los referentes históricos por razones de lealtad o simbolismo.

Las prioridades del nuevo técnico y la zona gris de Cavani

Cuando Arruabarrena asumió su cargo, dejó trascender una definición de perfil que se tornó reveladora. El Vasco expresó sus preferencias respecto a qué características debe poseer el futbolista ideal para su esquema: personalidad, experiencia adquirida, pero sin ser ni excesivamente veterano ni demasiado novel. Una declaración que en apariencia suena equilibrada, pero que en la práctica funcionó como un criterio de selección. Cavani, a los 37 años y con una trayectoria que incluye pasos por clubes de élite mundial, ocupa una posición ambigua dentro de esta parametrización. Por un lado, nadie podría cuestionar su jerarquía futbolística ni el pedigrí acumulado a lo largo de su carrera. Su capacidad goleadora, su trabajo defensivo y su liderazgo en el campo han sido documentados en múltiples temporadas en Europa.

Pero por otro lado, existe un conjunto de factores que generan dudas sobre su continuidad. La inactividad prolongada, el historial de lesiones que ha marcado sus últimas campañas en Boca, y un desempeño que distó considerablemente de sus estándares históricos en los períodos recientes, conforman un expediente que la dirigencia parece estar analizando sin sentimentalismos. Los números concretos reflejan una realidad incómoda: apenas dos partidos en lo que va del año antes de la intervención quirúrgica. Eso no es una simple mala racha; es una indicación de que el delantero no ha podido mantener una regularidad competitiva que justifique su presencia. En este contexto, mientras Cavani lucha contra el reloj en su proceso de recuperación, Boca avanza en la depuración de su plantilla con intenciones que ya se perfilan como concretas respecto a la rescisión de su contrato.

La estrategia que encabeza Riquelme junto a Arruabarrena busca construir un equipo que responda a principios renovados. No se trata solamente de desprenderse de futbolistas de edad avanzada, sino de alinear los recursos disponibles con una visión deportiva específica. La salida de Herrera fue la primera demostración de que la dirigencia está preparada para tomar decisiones incómodas si las considera necesarias. Cavani podría ser el segundo movimiento de esa estrategia. La diferencia fundamental radica en que mientras Herrera ya había completado su recuperación y estaba en condiciones de jugar, Cavani aún busca regresar a las canchas tras su intervención. Esto añade un elemento temporal: la dirigencia deberá decidir si espera a que se recupere, lo observa en acción durante algunos encuentros, o simplemente procede a rescindir sin más dilaciones.

Las próximas semanas resultarán determinantes para el futuro del uruguayo. Si logra retornar a una actividad competitiva y demuestra que su rendimiento ha mejorado sustancialmente, podría abrir un espacio para la negociación sobre su continuidad. Si por el contrario, su vuelta es lenta o su desempeño no alcanza los niveles esperados, la dirección probablemente opte por liberarse del vínculo. En cualquier caso, la era dorada de los referentes históricos en Boca parece haber llegado a su fin. El nuevo ciclo responde a lógicas diferentes: juventud bien cantera, experiencia selectiva y adaptación estricta a los principios tácticos del entrenador. Cavani, como Herrera antes que él, deberá encontrar una salida que le permita continuar su carrera deportiva, ya sea dentro del fútbol argentino, en otra liga o en cualquier destino que le abra las puertas mientras se recupera de sus inconvenientes físicos.