La máquina de reordenamiento en River Plate continúa en marcha, y esta vez el entrenador Eduardo Coudet y el director deportivo Pablo Longoria pusieron nombre y apellido a dos futbolistas que no volverán a vestir la camiseta millonaria tras la conclusión del Mundial que actualmente se disputa. Se trata del volante ecuatoriano Kendry Páez y el lateral izquierdo uruguayo Matías Viña, ambos integrantes de sus respectivas selecciones nacionales en la competencia internacional. La decisión, comunicada minutos antes del regreso de los trabajos en el predio de Ezeiza, responde a una estrategia deliberada de reducción presupuestaria orientada a liberar recursos destinados al arribo de nuevos refuerzos que apuntalen el proyecto deportivo de la institución de Núñez.

El final anticipado de una apuesta frustrada

El caso de Kendry Páez merece un análisis particular. El futbolista de 19 años llegó a River procedente del Chelsea bajo la modalidad de préstamo, con una duración contractual que se extendería hasta junio de 2027. Sin embargo, lo que comenzó como una oportunidad para el extremo ecuatoriano de desarrollarse en el fútbol sudamericano se transformó en un ciclo que nunca despegó. Durante su permanencia bajo las órdenes del Chacho, el zurdo formado en las categorías menores del Independiente del Valle apenas logró acumular cifras modestas: un gol y una asistencia repartidos en 461 minutos de juego distribuidos a lo largo de 14 presentaciones. Un rendimiento que dista de las expectativas que rodeaban su incorporación y que justifica la decisión de rescindir el vínculo.

Existe, no obstante, un factor técnico que acelera el cierre de esta historia. El club londinense que ostenta sus derechos federativos cuenta con una cláusula de repesca que permite ejercitar su facultad contractual si el jugador no alcanza el 50% de las presencias oficiales durante el semestre correspondiente. Dado que Páez no cumplió con este requisito, Chelsea puede ejecutar el mecanismo previsto para recuperar al futbolista en esta ventana de mercado. Esto simplifica considerablemente los trámites administrativos que requeriría la terminación del préstamo. No obstante, una eventual actuación destacada del pibe en el torneo mundial podría abrir puertas alternativas en otras instituciones, transformando lo que hasta ahora ha sido un fracaso relativo en una posibilidad de reinicio profesional.

El defensor charrúa que no convenció

Matías Viña representa otra historia de desilusión. El lateral de 28 años fue cedido por el Flamengo a principios de enero de este año, con un acuerdo que contemplaba la permanencia del defensor en suelo porteño hasta el cierre de 2026, contra una compensación económica de 500.000 dólares. A diferencia de Páez, Viña sí gozaba de una trayectoria consolidada y llegaba con antecedentes que sugerían una contribución inmediata al equipo. Integra, además, la plantilla de la selección uruguaya dirigida por Marcelo Bielsa en la Copa del Mundo, lo que denota su vigencia en el máximo nivel del fútbol profesional.

Sin embargo, tras acumular 881 minutos de participación distribuidos en 14 encuentros, el rendimiento del zurcño no satisfizo los parámetros que habían guiado su llegada desde el club carioca. Coudet, en consonancia con Longoria, determinó que la contribución del defensor no justificaba su permanencia en la estructura de gastos del club. Así pues, ambos ejecutivos convergieron en la necesidad de negociar la rescisión del vínculo con el Flamengo, cerrando anticipadamente un préstamo que debería haberse extendido hasta finales del corriente año. Este acuerdo bilateral permitirá que la institución brasileña recupere espacios en su plantilla mientras River libera capital salarial.

Una limpieza más amplia que trasciende lo anecdótico

Las bajas de Páez y Viña se inscriben dentro de un movimiento de mayor envergadura que viene reformulando la composición del plantel desde hace semanas. Ya había sido anunciada la salida de Maximiliano Salas, el colombiano Kevin Castaño, el mediocampista Giuliano Galoppo y el defensor central Paulo Díaz. Estas rescisiones y partidas responden a una estrategia integral de reestructuración presupuestaria. El presidente de la institución, Stefano Di Carlo, ya había señalado públicamente que la cifra de descartes alcanzaría aproximadamente 15 futbolistas, cifra que advierte sobre la magnitud del proceso de reconfiguración en curso.

Desde una perspectiva financiera, la expulsión de estos nombres del proyecto representa una búsqueda deliberada de equilibrio presupuestario. Cada rescisión implica la eliminación de una línea de gastos que, acumulada junto a las demás, genera un margen de maniobra que la institución proyecta reinvertir en incorporaciones que se alineen mejor con la filosofía táctica de Coudet o que presenten un mejor costo-beneficio en términos de rendimiento. Este tipo de operaciones, aunque generan descontento temporal entre aficiones que observan salidas de futbolistas, frecuentemente resultan benéficas cuando las incorporaciones posteriores se adecuan efectivamente a los objetivos deportivos del club.

La decisión adoptada respecto de estos dos jugadores refleja una dinámica común en el fútbol profesional contemporáneo: cuando un futbolista no alcanza el desempeño esperado, los directivos deben tomar decisiones que trasciendan consideraciones emocionales o de corto plazo. Tanto Páez como Viña son profesionales válidos que pueden encontrar oportunidades en otras instituciones, pero en River, en esta particular coyuntura, sus perfiles no se alinearon con las necesidades tácticas o económicas del proyecto. Las próximas semanas determinarán si las nuevas incorporaciones logran completar un plantel competitivo para el segundo semestre del año, o si la magnitud del recambio genera dificultades deportivas que requieran ajustes posteriores.