La oportunidad tiene un nombre, una camiseta y un historial que pesa. Después de casi noventa días sin competencia oficial, Edinson Cavani regresó esta semana a los trabajos colectivos en el predio xeneize, moviendo los hilos de una trama que podría reescribirse en los próximos encuentros de la fase inicial de la Libertadores. No se trata simplemente de que un futbolista se recupere de una lesión: se trata de que convergen circunstancias que transforman su retorno en algo potencialmente decisivo para los intereses de una institución que transita momentos de urgencia futbolística.

El contexto es cristalino. Boca atraviesa una fase donde la escasez de goles representa un problema endémico, donde el banco de suplentes no termina de ofrecer soluciones ofensivas convincentes y donde, en simultáneo, el calendario aprieta con dos compromisos fundamentales en la Copa Libertadores que no admiten titubeaciones. En ese escenario de tensión deportiva, la presencia de un atacante de la talla y experiencia del oriundo de Salto resurge como una posibilidad real de modificar dinámicas que se han tornado repetitivas y estériles. El Matador, quien durante el fin de semana completó tareas de fútbol reducido antes de integrarse al grupo el martes, apunta hacia la presentación ante Cruzeiro como su punto de retorno al terreno de juego.

Un año que no fue: el recorrido accidentado desde el arranque

Reconstruir el itinerario de Cavani en esta temporada implica revisitar una sucesión de contratiempos que lo alejaron progresivamente de la consideración táctica. Su última actuación oficial se remonta a aquella tarde sin goles frente a Racing, en la Bombonera, cuando fungió como titular de manera aislada en 2026. Ese encuentro marcó el cierre de un período que ya venía mostrando fracturas considerables: lesiones arrastradas desde etapas anteriores lo mantuvieron fuera de ritmo durante la definición del Apertura, y su desempeño en el Mundial de Clubes resultó prácticamente anecdótico, limitado a una incursión tardía ante Auckland City cuando los objetivos ya habían naufragan.

Desde entonces, la presencia del delantero en los alineamientos titulares se convirtió en acontecimiento excepcional. De siete partidos disputados a lo largo de los meses siguientes, apenas logró insertarse como starter en uno de ellos: aquel enfrentamiento por la Copa Argentina contra Atlético Tucumán que quedará grabado tanto por sus errores de definición como por el tanto de descuento que llegó cuando la eliminación era un hecho consumado. Posteriormente, agregó dos conquistas adicionales —un cabezazo ante Banfield y un penal contra Tigre, ambos en 2025— pero la trayectoria se tornó cada vez más marginal. Hacia el cierre de la temporada pasada apenas acumuló cuarenta minutos en campo, cifra que se redujo a veinticinco en el estreno de este año frente a Platense, una semana antes de su última titularidad.

La puerta que se abre: confluencias que generan esperanza

Lo que distingue este momento del anterior tiene que ver con algo que escapa a la voluntad del propio Cavani pero que incide directamente en su viabilidad dentro del proyecto. La baja de Adam Bareiro por desgarro genera un vacío en la batería ofensiva que el cuerpo técnico necesitará cubrir de alguna manera. Esa ausencia, combinada con la consolidación de Milton Giménez como alternativa en la zona de remates, abre una brecha donde el experimentado delantero podría reencontrarse con oportunidades desde el banco de suplentes, transformándose en una opción de recambio cuando los partidos lo requieran.

El timing en este contexto resulta casi providencial. Boca requiere no solamente victorias, sino goles, un elemento que ha brillado por su ausencia con frecuencia alarmante. Requiere alternativas que generen incertidumbre en rivales que ya conocen los patrones de juego. Y requiere, en suma, que sus mejores fichas ofensivas contribuyan durante una fase donde los márgenes de error se achican considerablemente. La inclusión de Cavani como variable táctico, aunque sea en rol subsidiario, representa un intento de multiplicar los recursos disponibles en esa línea. Su capacidad de generación de espacios, su experiencia en escenarios de elevada exigencia competitiva y su habilidad para capitalizar momentos específicos del juego podrían traducirse en diferencias cuando los encuentros se definen por detalles.

Lo que suceda en las próximas dos jornadas de la fase de grupos determinará, en buena medida, si este retorno constituye un punto de inflexión o simplemente otra estación en una trayectoria que ha perdido continuidad y relevancia. La decisión de incorporar al uruguayo al plantel competitivo será responsabilidad del cuerpo técnico, quien evaluará no solamente su estado físico sino también la conveniencia táctica de contar con él como herramienta disponible. Lo cierto es que Cavani, después de una ausencia extendida y un 2025 que poco tuvo de memorable, tiene enfrente una última ventana donde redefinir su aporte al proyecto y restaurar, al menos parcialmente, aquella imagen de delantero con que arribó a la institución.

En términos prospectivos, los resultados de esta determinación podrían ramificarse en múltiples direcciones. Si Cavani logra aportes significativos y Boca avanza en la Libertadores, la narrativa se transformará en una de resurrección táctica y aprovechamiento de oportunidades. Si permanece al margen o sus intervenciones no generan el impacto esperado, reforzará la percepción de que su ciclo en la institución ha llegado a su punto terminal. Asimismo, la evaluación que haga el cuerpo técnico sobre su rendimiento en esta ventana incidirá en las consideraciones de cara a futuras campañas, definiendo si existe o no un lugar para él en proyecciones a mediano plazo. Lo que parece indiscutible es que el próximo martes, frente a Cruzeiro, representa para ambas partes —el jugador y la institución— una instancia donde las circunstancias convergen para permitir una última oportunidad de reconfiguración de una relación que, hasta el momento, ha acumulado más incógnitas que certezas.