La máquina que es un equipo de fútbol profesional necesita de todas sus piezas engranadas para funcionar en su máxima capacidad. Cuando una de ellas falla, todo el sistema se tambalea. Durante las últimas tres semanas, River experimentó precisamente eso: el desgarro en el isquiotibial derecho que sufrió Marcos Acuña lo mantuvo alejado de los entrenamientos y de la cancha, obligando al cuerpo técnico a improvisar soluciones en una zona donde los cambios no son precisamente fáciles de ejecutar. Hoy, con su recuperación finalizada, la institución de Núñez recupera un jugador que trasciende lo puramente técnico. Su presencia no es solo un refuerzo en cantidad; es un respaldo en experiencia, en liderazgo y en la capacidad de leer el juego que solo otorgan los años y los títulos conquistados.

El Huevo, como es conocido en los pasillos del club, ya cuenta con el visto bueno del departamento médico tras más de tres semanas en recuperación. Esto significa que podrá estar disponible tanto para el enfrentamiento que se aproxima frente a Vélez como para la revancha de octavos de final de la Copa Sudamericana ante Santa Fe, encuentro que concentra toda la atención del cuerpo técnico encabezado por Eduardo Coudet. En un calendario que no respeta tiempos ni gestos de compasión, el lateral ya se encuentra nuevamente en el predio y participando de las prácticas con normalidad. Su reintegración no fue gradual ni cautelosa; fue directo desde el regreso en Ezeiza hacia el microbús que lo trasladó al entrenamiento matutino del miércoles.

El mosaico defensivo que debió armarse sobre la marcha

Lo que sucedió en Bogotá fue, en cierto sentido, un reflejo de la realidad que enfrentan los equipos grandes cuando deben jugar con ausencias. En el Campín, durante el compromiso anterior, la defensa de River tuvo que ser literalmente reinventada sobre la cancha. Facundo González fue posicionado como lateral izquierdo, un rol que claramente no le permitió desenvolverse cómodamente. Las lecturas tácticas salieron del libreto, los movimientos carecieron de la fluidez acostumbrada, y los constantes ataques colombianos por ese costado dejaron en evidencia la fragilidad de esa zona. Tan crítica fue la situación que sobre el cierre del partido debió ingresar Valentín Lucero, otro futbolista joven, para intentar reforzar un área que ya presentaba grietas.

El propio Coudet reconoció públicamente que la disponibilidad de sus efectivos hubiera permitido otras alternativas tácticas y distributivas. En otras palabras, el DT debió adaptar su plan de juego no a lo que consideraba ideal, sino a lo que la cancha le obligaba a trabajar. Esta clase de improvisaciones, aunque pueden resultar funcionales en ocasiones, generan una serie de riesgos que ningún técnico responsable desearía asumir innecesariamente. La vuelta de Acuña no es apenas un detalle administrativo en la rotación de planteles; es el retorno de una pieza que permite a Coudet volver a sus esquemas originales sin tener que sacrificar coherencia táctica.

El rompecabezas se completa, pero aún faltan piezas

Aunque la reincorporación del lateral izquierdo es innegablemente positiva, el escenario de River en materia de lesiones sigue siendo un armazón incompleto. Sebastián Driussi, el goleador del equipo, atraviesa su propia rehabilitación tras un desgarro similar al de Acuña, aunque con una evolución notablemente más lenta. La lesión que sufrió hace poco más de un mes demandó un protocolo distinto, más metódico y cauteloso, teniendo en cuenta sus antecedentes físicos y la necesidad de no forzar los tiempos. Sin embargo, todo indica que antes del próximo fin de semana recibiría el visto bueno médico. Por su parte, ya ha comenzado a realizar trabajos específicos junto a la mayoría del plantel, lo que sugiere una progresión favorable. Su regreso sería crucial para recuperar la potencia ofensiva que River necesitará en los próximos compromisos.

Gonzalo Montiel es otro de los nombres que ocupa la mente del entrenador. El defensor sufrió una distensión en el último encuentro de la fase anterior de competencia, y aunque continúa realizando trabajos diferenciados, el optimismo dentro del cuerpo técnico sugiere que podría estar disponible para el encuentro copero. Su presencia en defensa es de una relevancia difícil de exagerar: si Montiel logra recuperarse a tiempo, Lucas Martínez Quarta podría retornar a su posición natural en la zaga central, liberando un espacio que claramente le resultó incómodo durante su desempeño como lateral. Este cambio no es cosmético; es estructural. La defensa de River necesita estabilidad, y cada pieza debe estar en el lugar correcto.

Adicionalmente, Coudet tendrá la oportunidad de regular y controlar el proceso de reincorporación de Acuña porque Francisco Ortega estará disponible para el encuentro del fin de semana ante el Fortín, un rival que históricamente presenta dificultades. Ortega no fue incluido en la nómina de buena fe de la Conmebol, por lo que su participación quedaba limitada únicamente a los compromisos de la liga doméstica. Esta circunstancia, aunque pareciera una limitación, ofrece al DT la flexibilidad de dosificar el retorno del Huevo y de tomar decisiones sin la presión de que sea indispensable en este preciso momento.

El calendario feroz que caracteriza al fútbol profesional no da tregua ni considera las necesidades del plantel. Los futbolistas que se desempeñaron en Bogotá realizaban trabajos regenerativos mientras sus compañeros lesionados avanzaban en su recuperación. Las jornadas se suceden sin pausa, y cada semana trae consigo nuevos desafíos tácticos, físicos y mentales. Para River, las próximas dos semanas serán determinantes: no solo porque enfrentará a rivales de calidad, sino porque definirá su continuidad en una competencia internacional que, histórica y económicamente, reviste una importancia mayúscula. El retorno gradual de estos jugadores, especialmente Acuña, Driussi y Montiel, será fundamental para que el equipo recupere esa estabilidad defensiva y ofensiva que lo caracteriza en sus mejores versiones.

La pregunta que resuena en los estudios, en los bares y en las redes es si estas reincorporaciones llegarán a tiempo, en sincronía, y en las condiciones óptimas que el equipo requiere. Los próximos días definirán si Coudet podrá contar con un esquema defensivo más sólido y predecible, o si seguirá viéndose obligado a realizar ajustes sobre la marcha. Lo que está en juego es la posibilidad de que River dispute los cuartos de final de la Copa Sudamericana con sus mejores herramientas disponibles, algo que a estas alturas de la competencia, donde los márgenes de error se reducen drásticamente, puede ser la diferencia entre la eliminación o la continuidad en una de las competiciones más relevantes de América del Sur.