Hay hombres que el deporte consume y luego descarta. Y hay otros que, cuando bajan del último escalón, simplemente cambian de asiento. Carlos Bernardes pertenece a esa segunda categoría. El árbitro brasileño que durante cuatro décadas fue una presencia fija en las canchas más importantes del mundo —desde Wimbledon hasta las ATP Finals— no se alejó del tenis cuando cerró su etapa como juez de silla. Lo que hizo fue girar ciento ochenta grados y ponerse del otro lado del mostrador: ahora organiza torneos en el ATP Challenger Tour, el circuito donde se forjan los tenistas que mañana disputarán los Grand Slams. El cambio no es menor. Significa pasar de aplicar las reglas a construir las condiciones para que el juego suceda. Y eso, según él mismo, es una experiencia completamente distinta.
Cuarenta años en las canchas y una despedida a la altura
Pocos árbitros en la historia del tenis profesional pueden exhibir un currículum tan extenso como el de Bernardes. Con más de 8.000 partidos oficiales arbitrados a lo largo de su carrera, el brasileño construyó una trayectoria que lo llevó a estar presente en los escenarios más exigentes del deporte blanco. Fue árbitro en una final de Wimbledon, ofició en múltiples ediciones de Grand Slams y estuvo en las ATP Finals en más de una ocasión. Su última función como árbitro activo se produjo en las ATP Finals 2024 de Turín, donde el circuito le rindió un reconocimiento formal por sus cuatro décadas de servicio. Pero antes de ese cierre, también tuvo el honor de arbitrar en las Finales de la Copa Davis 2024, un hecho que representó una primera vez en su carrera, a pesar de la enorme experiencia acumulada. La longevidad de Bernardes en el circuito no tiene parangón entre sus pares: comenzó en una época en que los árbitros compartían habitaciones de hotel con dos o tres colegas para reducir costos, y se retiró en un momento en que la tecnología de inteligencia artificial está rediseñando el rol del juez en la cancha.
El contraste entre aquellos primeros años y la actualidad del circuito lo describe él mismo con humor y nostalgia. "Nos tocó hospedarnos en hoteles sin estrellas, donde la única estrella eras vos", recordó durante una conversación en los márgenes del Monza Open. "Llovía y el agua entraba a la habitación. Compartíamos cuartos entre dos, tres o hasta cuatro personas para ahorrar. Es increíble ver lo profesional que se volvió todo. Estuve cuarenta años en esto y vi la transformación completa." Esa evolución no es solo material o logística: abarca también la dimensión tecnológica, que modificó de manera sustancial la función del árbitro moderno.
Del banquillo al escritorio: la nueva vida como director de torneo
Instalado en Bergamo, en el norte de Italia, Bernardes asumió a comienzos de 2025 su primera experiencia como director de torneo en el ATP Challenger de Cesenatico, una localidad costera del Adriático que, en temporada baja, queda prácticamente desierta. "Es una ciudad fantasma en esa época del año. Los hoteles están cerrados, no pasa nada. Pero gracias al torneo llegó mucha gente, fue muy exitoso y tanto el intendente como los representantes municipales quedaron muy contentos", relató. El evento demostró algo que los funcionarios locales ya intuían pero pocas veces ven materializado: un torneo de tenis de nivel Challenger puede ser un motor de actividad económica y cultural para una ciudad que de otro modo permanece inactiva.
La experiencia en Cesenatico le abrió perspectivas que desde el banquillo de árbitro eran invisibles. Organizar un torneo implica coordinar hospedaje, transporte, comunicación con jugadores, gestión de tiempos y resolución de conflictos logísticos que no figuran en ningún reglamento oficial. Una de las sorpresas que se encontró fue el desconocimiento que muchos tenistas —en particular los que provienen de circuitos menores— tienen sobre los procedimientos básicos de un torneo. "Algunos jugadores no conocen bien las reglas, especialmente los que vienen de categorías más bajas. No siempre leen la información del torneo, como los plazos para reservar el hotel. Tuve bastantes conversaciones sobre eso", comentó. Este punto revela una brecha entre la formación deportiva y la educación procedimental dentro del tenis profesional, algo que los organizadores de torneos Challenger enfrentan de manera recurrente.
El próximo desafío en agenda es el ATP Challenger de Cervia, también en Italia, previsto para mayo. Las condiciones serán distintas: pleno inicio de la temporada alta, clima favorable, partidos al aire libre y mayor afluencia de público esperada. "Va a ser a comienzos de la temporada alta, con mejor clima y partidos al aire libre. Creo que habrá más espectadores, porque los días son más largos y hay más horas de sol", anticipó Bernardes. La comparación entre los dos torneos le permitirá construir una lectura más completa del circuito desde la perspectiva organizativa, algo que muy pocos ex árbitros de su nivel han tenido la oportunidad de hacer.
Tecnología, vínculos y la mirada del hincha
Uno de los temas que Bernardes aborda con mayor profundidad es el impacto de la tecnología en el arbitraje moderno. La introducción de sistemas automatizados de detección de línea y el avance de la inteligencia artificial cambiaron el perfil del árbitro de silla de manera irreversible. "Con la inteligencia artificial y los sistemas automatizados, todo es diferente. Los árbitros ya no tienen el mismo tipo de comunicación con los jugadores sobre las decisiones. Su rol ahora es más explicar qué está pasando al público o para la televisión. Es completamente distinto a cuando empezamos", analizó. Esta observación no es menor: durante décadas, la interacción entre árbitro y jugador fue uno de los elementos más dramáticos y humanos del espectáculo tenístico. Decisiones polémicas, intercambios verbales tensos, momentos de autoridad y también de empatía. Todo eso está siendo reemplazado, en buena medida, por algoritmos que no negocian ni se equivocan de la misma manera que un ser humano.
A pesar de haber abandonado la silla, Bernardes no desconectó su mirada crítica del juego. Confiesa que cuando ve partidos por televisión todavía comenta las decisiones de los árbitros en pantalla. "Para muchos de los árbitros actuales, en algún momento fui una especie de maestro. Es como una segunda familia: pasás tanto tiempo juntos en el circuito", reflexionó. En el Monza Open se reencontró con colegas a los que no había visto en más de diez años, una postal que resume bien qué es lo que más extraña de su vida anterior: no el ejercicio del arbitraje en sí, sino los lazos forjados en miles de noches de hotel, viajes, canchas y vestuarios alrededor del mundo.
Como hincha, Bernardes tiene preferencias claras. Cuando se le preguntó qué partido pagaría para ver, respondió sin dudar: un cruce entre Alexander Bublik y Carlos Alcaraz. "Bublik puede armar un gran espectáculo y es peligroso para cualquiera. Alcaraz tiene una creatividad única. Ya no quedan muchos 'magos' como Fabrice Santoro, pero ese partido lo vería seguro", explicó. La referencia a Santoro —el tenista francés conocido por su juego de doble mano en ambos lados y su estilo absolutamente impredecible— dice mucho sobre la estética tenística que Bernardes valora: la que escapa a los patrones, la que sorprende, la que hace pensar al rival y al espectador al mismo tiempo.
La trayectoria de Bernardes abre una pregunta que el tenis profesional todavía no termina de responder: ¿qué hacer con el conocimiento acumulado por quienes pasaron décadas en el corazón del circuito? Su reconversión en director de torneos Challenger sugiere un camino posible, aunque no el único. Desde la perspectiva del desarrollo del tenis en ciudades medianas de Europa, su presencia en eventos como los de Cesenatico o Cervia puede representar un valor agregado difícil de cuantificar: alguien que conoce el juego desde adentro, que entiende a los jugadores y que al mismo tiempo comprende la dimensión comunitaria que un torneo puede generar. Sin embargo, también existen voces que señalan que la gestión de eventos deportivos requiere competencias específicas que no se adquieren automáticamente por haber sido un gran árbitro. El equilibrio entre experiencia y formación en gestión será, probablemente, uno de los factores que definan el éxito o los límites de esta nueva etapa.



