Hay historias en el tenis que no siguen el guion esperado. Roman Safiullin, un ruso de ranking 226 que llegó a Portugal como clasificado —es decir, sin entrada directa al cuadro principal—, se fue de Oeiras con el trofeo bajo el brazo, una lluvia de puntos ATP y una anécdota que mezcla deporte de élite con ballet. Lo que podría haber sido una participación discreta en un Challenger de tierra se transformó en una de las semanas más completas que se recuerdan en este nivel del circuito. El porqué importa es simple: su regreso confirma que las lesiones no siempre dictan el final de una historia, y su forma de volver —sin perder un solo set en la final, dominando de punta a punta— abre preguntas sobre qué puede esperarse de él en los próximos meses.

Una final sin concesiones: 21 winners y cero puntos de quiebre en contra

El domingo, en la definición del Oeiras Open 125, Safiullin salió a la cancha frente al francés Valentin Royer, primer cabeza de serie del torneo, y no le dio respiro. El resultado fue 6-1 y 6-2 en apenas 64 minutos. Los números lo dicen todo: el ruso conectó 21 winners contra apenas 12 de su rival, tuvo un nivel notablemente más bajo de errores no forzados y, dato que resume su tarde perfecta, no enfrentó ni un solo punto de quiebre durante todo el partido. En el tenis profesional, llegar a una final es un logro; ganarla con esa contundencia es otra dimensión. Safiullin lo describió con una honestidad que pocos jugadores se permiten: "Fue uno de esos partidos donde todo funciona. Te sentís increíble y nada de lo que hace tu rival puede hacerte daño. Es algo raro, pero todos los jugadores lo experimentan en algún momento. Que te pase en una final es un regalo extra."

Esa sensación de invulnerabilidad que describió no cayó del cielo. Fue el producto de una semana entera jugando a un nivel que pocas veces se ve en torneos Challenger, incluso en los de mayor dotación como los del nivel 125. A lo largo de los siete partidos que disputó, Safiullin no aflojó en ningún momento, construyendo cada victoria sobre una base sólida de tenis ofensivo y físico que sorprendió a propios y extraños en el circuito.

Siete finales, siete títulos: un récord que habla de un tenista con carácter especial

Con este título en Portugal, Safiullin suma siete coronas en el ATP Challenger Tour en otras tantas finales disputadas. Es decir: nunca perdió una final en este nivel. Ese dato merece un párrafo propio porque no es un accidente estadístico; es un patrón. Hay jugadores que acumulan títulos pero también cosechan derrotas en finales. El ruso, en cambio, tiene una tasa del cien por ciento. Este fue, además, su segundo título en torneos de nivel 125 —la categoría más alta dentro del Challenger— y el primero que consigue sobre superficie de polvo de ladrillo en esa jerarquía. En el circuito ATP, su referencia más conocida es su aparición en la final del torneo de Chengdu en 2023, cuando llegó a figurar entre los cuarenta mejores del mundo. Aquel fue su pico hasta ahora; este título en Oeiras podría ser el punto de partida de una nueva escalada.

El camino hasta la final estuvo lejos de ser sencillo. Safiullin tuvo que superar cuatro rivales portugueses a lo largo del torneo, lo que le añadió una presión adicional dado el apoyo del público local. El pasaje más complicado llegó en los cuartos de final, cuando el tenista luso Jaime Faria lo llevó al límite y llegó a tener un match point para eliminar al ruso. Safiullin lo salvó y siguió adelante. En semifinales, otro portugués, Henrique Rocha, intentó frenar el avance sin lograrlo. Esa capacidad de sostenerse en los momentos más duros es, quizás, la marca de los tenistas que tienen algo diferente.

Seis meses de baja, cinco torneos previos y una vuelta que nadie esperaba tan rápido

Para entender la magnitud de lo que ocurrió en Portugal hay que ir un paso atrás. Safiullin estuvo fuera del circuito durante seis meses por lesión, una eternidad en el tenis moderno donde el ranking se deteriora rápido y recuperar la confianza lleva tiempo. Cuando regresó, disputó apenas cinco torneos antes de viajar a Oeiras. O sea que este título llegó en su sexta participación post-lesión, cuando el común de los mortales todavía estaría buscando ritmo de competencia. El año pasado ya había mostrado que le gustaba Portugal —llegó a las semifinales del mismo torneo—, pero nadie esperaba que esta vez se quedara con todo, y mucho menos de la forma en que lo hizo.

La victoria le reportó 125 puntos ATP y un ingreso de 30.460 euros en concepto de premio. Pero más allá del dinero y los puntos, el título tiene una consecuencia concreta y de peso para lo que viene: Safiullin aseguró su lugar en los cuadros de clasificación de Roland Garros y Wimbledon. Los dos Grand Slams más importantes de la primera mitad del año están ahora en su horizonte inmediato. Acceder al qualifying de esos torneos no garantiza el ingreso al cuadro principal, pero es una plataforma que en el tenis tiene un valor enorme para recuperar ranking y visibilidad.

El factor humano: una esposa bailarina y una promesa que se cumplió

En el tenis, los relatos técnicos y estadísticos suelen opacar los costados más humanos. Pero Safiullin eligió compartir uno que no pasa desapercibido. La noche previa al inicio del torneo, su esposa ganó una competencia de ballet. Con ese logro fresco, ella le dijo con una sonrisa —o quizás con algo más de seriedad de lo que parecía— que él también tenía que ganar su torneo. "Ahora por fin tenemos tiempo para festejar los dos", dijo el tenista al recibir el trofeo. La anécdota, que podría sonar a detalle menor, dice algo sobre el entorno que rodea a un deportista de élite en proceso de reconstrucción. Las semanas largas de competencia, lejos de casa, son más llevaderas cuando hay una historia compartida que sostiene el esfuerzo.

El tenis ruso, vale recordar, atravesó años complejos en términos de imagen internacional y participación en ciertos torneos, por razones ajenas al deporte en sí. En ese contexto, ver a un jugador como Safiullin construir su carrera con solidez, título por título, en torneos que exigen tanto física como mentalmente, tiene una dimensión extra. No es el primer ruso en destacarse en el circuito Challenger —la cantera del tenis de ese país ha dado figuras consistentes durante décadas—, pero su capacidad de mantenerse imbatido en finales lo convierte en un caso singular.

De cara a lo que viene, las lecturas son múltiples. Si Safiullin sostiene este nivel en la temporada de tierra —que tiene en Roland Garros su cima natural— podría recuperar un lugar entre los mejores cien del mundo antes de fin de año. Sin embargo, las lesiones dejaron dudas sobre su durabilidad física que solo los próximos meses podrán despejar. Por otro lado, la presión de llegar a torneos grandes como qualifier, enfrentando potencialmente jugadores de mayor rodaje y confianza, es un desafío diferente al que representa un Challenger. Lo que nadie puede negarle, por ahora, es lo que mostró en Oeiras: cuando todo funciona, y él mismo lo sabe, es muy difícil de detener.