Mientras millones de familias en todo el mundo abren regalos, comparten la mesa y brindan, la NBA sigue funcionando como la maquinaria implacable que es. No hay fecha en el calendario que la detenga, ni siquiera el 25 de diciembre. Para 24 jugadores a lo largo de la historia de la liga, la Navidad no llegó envuelta en papel de colores sino con una notificación oficial de corte de contrato. El caso más reciente es el de Hunter Sallis, quien fue liberado por los Philadelphia 76ers durante las fiestas de 2025. Su historia no es una excepción: es parte de un patrón que revela, sin filtros, la naturaleza despiadada del deporte profesional en su máxima expresión.

Una tradición que nadie quiere protagonizar

La NBA tiene una lógica propia que poco tiene que ver con el sentimentalismo. Los equipos manejan planteles con límites estrictos, presupuestos bajo supervisión constante y decisiones que deben tomarse en función del rendimiento, el salario y la proyección futura de cada jugador. Que esas decisiones coincidan con el 24 o el 25 de diciembre no es una ironía accidental: en muchos casos, los plazos reglamentarios, las ventanas de negociación o los movimientos previos al mercado de pases de enero empujan a los equipos a actuar justo en esos días. El resultado es una lista que ya suma 24 nombres, cada uno con su propia historia de ilusión cortada en el peor momento del año.

Para entender el fenómeno hay que comprender cómo funciona el armado de planteles en la liga norteamericana. Cada franquicia puede tener un máximo de 15 jugadores en su roster activo durante la temporada regular, más algunos contratos de dos vías que vinculan a los atletas con sus filiales en la NBA G League. Cuando un equipo incorpora a alguien nuevo —ya sea por canje, lesión o necesidad táctica— frecuentemente debe liberar un lugar. Ese proceso administrativo no respeta feriados. Los managers, directores deportivos y representantes legales de las franquicias trabajan los 365 días del año, y diciembre no es la excepción. De hecho, la temporada regular está en plena ebullición durante las fiestas, y la competencia no da respiro.

Hunter Sallis llegó a los Sixers con la expectativa que suelen cargar los jóvenes que sobrevivieron el draft y encontraron un lugar en una franquicia histórica. Nacido en Omaha, Nebraska, Sallis se destacó en la NCAA con los Gonzaga Bulldogs antes de ser seleccionado en el draft de 2022 por los Atlanta Hawks en la posición número 45. Su recorrido por la liga incluyó pasos por distintas organizaciones, con apariciones esporádicas en la NBA alternadas con temporadas en la G League. Llegar a Philadelphia representaba una nueva oportunidad. Sin embargo, la franquicia tomó la decisión de prescindir de sus servicios justo cuando el resto del mundo estaba pensando en brindis y reuniones familiares.

Negocios sin pausa: por qué la NBA no detiene su reloj

Lo que distingue a la NBA de otras ligas deportivas del mundo es la intensidad de su calendario y la velocidad con la que se mueven sus decisiones de personal. La temporada regular arranca en octubre y se extiende hasta abril, con equipos que pueden jugar hasta cuatro veces por semana. En ese contexto, ningún período es considerado de descanso administrativo. La Christmas Day —como se conoce en la cultura de la liga a la jornada del 25 de diciembre— es, paradójicamente, uno de los días con mayor audiencia televisiva del año. La NBA programa sus partidos más atractivos para esa fecha, consciente de que millones de personas en todo el mundo estarán frente a la pantalla. Mientras los fanáticos disfrutan del espectáculo, puertas adentro de las oficinas los engranajes siguen girando.

Esta dualidad entre el espectáculo y la gestión fría del negocio es lo que hace tan impactante la lista de jugadores cortados en Navidad. No se trata de un fenómeno nuevo ni aislado. A lo largo de las décadas, docenas de atletas recibieron la noticia de su desvinculación en plenas fiestas. Algunos eran rookies que no lograron afianzarse. Otros eran veteranos que habían superado su pico de rendimiento. Unos pocos fueron víctimas de circunstancias externas: un canje sorpresivo, una lesión de un compañero que cambió las necesidades del equipo, una apuesta gerencial por un prospecto más joven. En todos los casos, el mensaje fue el mismo: en la NBA, el sentimiento no tiene lugar en el balance sheet.

Desde una perspectiva histórica, la liga ha atravesado distintas etapas en su relación con los jugadores y sus derechos. El Convenio Colectivo de Trabajo (CBA) que regula la relación entre propietarios y atletas ha ido evolucionando con el tiempo, incorporando protecciones, garantías salariales y mecanismos de apelación. Sin embargo, la posibilidad de ser cortado en cualquier momento del año —incluidas las fiestas— sigue siendo una realidad contractual que ningún convenio ha logrado eliminar del todo. Es la contracara del glamour que rodea a la mejor liga de básquetbol del planeta.

El impacto humano de estas decisiones es difícil de cuantificar. Un jugador que recibe la notificación de su corte el 24 de diciembre no solo pierde su empleo: pierde su lugar en una ciudad, su rutina de entrenamiento, su círculo inmediato de compañeros y, en muchos casos, la posibilidad de cumplir el sueño que persiguió desde la infancia. Para algunos, el corte es un golpe del que no se recuperan. Para otros, funciona como detonante de una segunda oportunidad: encuentran equipo en Europa, vuelven a la G League o se reinventan en ligas de menor exposición pero igual intensidad competitiva. La historia del deporte profesional está llena de esos rebotes.

Las consecuencias de este tipo de decisiones operan en distintos planos. Para el jugador afectado, el corte navideño puede marcar el inicio del fin de una carrera o, alternativamente, el punto de inflexión que lo lleva a replantear su desarrollo y encontrar un nuevo hogar deportivo. Para las franquicias, la capacidad de actuar sin restricciones de calendario es una herramienta de gestión que consideran esencial para mantenerse competitivas en una liga que no perdona la inacción. Para los agentes y representantes, estas situaciones generan una presión constante que obliga a tener planes de contingencia activos durante todo el año, incluso en períodos que el común de la gente considera intocables. Y para los fanáticos, cada corte silencioso que ocurre mientras están abriendo regalos es un recordatorio de que detrás del entretenimiento hay un mercado laboral con sus propias reglas, sus propios tiempos y sus propias frialdades. Si eso habla bien o mal de la industria es algo que cada uno puede evaluar desde su propia perspectiva.