La temporada de polvo de ladrillo prometía ser el escenario de la consolidación definitiva de Jack Draper como uno de los grandes nombres del tenis mundial. Sin embargo, lo que debía ser su trampolín hacia la élite se convirtió, una vez más, en un parate forzado. El tenista británico de 23 años no jugará ni el Masters 1000 de Madrid ni el de Roma, dos de los torneos más importantes del calendario previo a Roland Garros, tras agravarse una lesión en el tendón de su rodilla derecha. Lo que implica este nuevo golpe va mucho más allá de la incomodidad física: sus consecuencias sobre el ranking y su continuidad en el circuito abren interrogantes serios sobre el futuro inmediato de uno de los jugadores más talentosos de su generación.
Una retirada en Barcelona que lo cambió todo
El punto de quiebre se produjo durante el torneo de Barcelona, donde Draper se vio obligado a abandonar su partido frente al argentino Tomás Martín Etcheverry cuando el encuentro transitaba el tercer set. La molestia en la rodilla derecha, que ya venía dando señales, terminó siendo insostenible. Lejos de tratarse de un simple golpe o contractura, los estudios posteriores confirmaron una inflamación en el tendón, lo que derivó en la decisión médica de preservarlo y descartar su participación en los próximos dos compromisos sobre tierra. "Es frustrante, sin dudas, pero agradezco que no sea algo más grave", expresó el propio jugador en un comunicado. "La recuperación avanza bien y me siento optimista respecto a llegar en condiciones para Roland Garros. Tengo muchas ganas de retomar el ritmo desde ahí", agregó, con un tono que mezcla resignación y esperanza.
La ausencia en Madrid y Roma no es menor si se considera el peso histórico que ambas citas tienen en su currículum reciente. En 2025, Draper protagonizó una de las actuaciones más llamativas de la temporada en tierra al llegar a la final del Masters de Madrid, un resultado que pocos anticipaban y que lo catapultó al radar de los analistas del circuito. En Roma, también tuvo una actuación sólida llegando a los cuartos de final. Esos resultados representan, según los cálculos actuales, casi el 53 por ciento de su puntaje total en el ranking ATP. Al no poder defenderlos, esos puntos simplemente desaparecerán de su cuenta, y el impacto será brutal.
Del top 28 al top 70: el derrumbe en el ranking que se viene
En este momento, Draper figura como el número 28 del mundo. Pero con la caída de los puntos acumulados el año pasado en Madrid y Roma, las proyecciones lo ubican cayendo por fuera del top 70 antes de que comience el Grand Slam sobre tierra parisino. Para un jugador que tiene apenas 23 años y que parecía destinado a instalarse entre los cuatro mejores del mundo, esto representa un retroceso significativo. Y no es la primera vez que el ranking sufre las consecuencias de sus problemas físicos: a mediados de 2025, una contusión ósea en el brazo izquierdo lo frenó en seco cuando estaba a punto de ingresar al top 4, un hito que habría cambiado su posicionamiento en el circuito de manera definitiva.
La acumulación de lesiones en tan poco tiempo plantea un patrón que merece atención. Draper también estuvo ausente del Abierto de Australia a comienzos de este año, lo que redujo drásticamente sus opciones de sumar puntos en los primeros meses de la temporada. Desde su regreso en febrero, cuando participó en un cruce de la Copa Davis representando a Gran Bretaña, solo disputó cuatro torneos. En ese contexto de escasísima actividad, sus resultados fueron igualmente notables: venció a Novak Djokovic en la cuarta ronda del torneo de Indian Wells en uno de los partidos más destacados del año, y solo fue eliminado por Daniil Medvedev en una definición que generó controversia. Esa derrota significó además no poder defender el título que había conquistado en ese mismo torneo el año anterior, una ausencia de puntos que ya se hizo sentir antes de la lesión en Barcelona.
El contexto de una generación que pugna por el poder en el tenis
Para entender la magnitud de lo que está en juego con Draper, vale la pena ubicarlo en el mapa generacional del tenis. El tenista londinense forma parte de un grupo de jugadores nacidos a comienzos de los años 2000 que están empujando fuerte para suceder a la era dorada de Djokovic, Federer y Nadal. Carlos Alcaraz, Jannik Sinner y otros jóvenes ya tomaron la posta. Draper, zurdo con un servicio devastador y un juego físico muy agresivo, tiene las condiciones para estar en ese nivel. El problema es que su cuerpo no termina de acompañar su talento. Desde los circuitos juveniles ya mostraba destellos extraordinarios, pero también una tendencia preocupante hacia las interrupciones por lesiones musculares y tendinosas. La pregunta que flota en el ambiente del tenis profesional es si logra resolver ese desafío físico antes de que los años de mayor rendimiento pasen sin haberlos aprovechado plenamente.
Históricamente, el tenis ha tenido casos de jugadores extremadamente dotados que no pudieron sostener su nivel por problemas físicos recurrentes. El australiano Nick Kyrgios es quizás el ejemplo más citado, aunque sus ausencias respondieron a causas diversas. En términos de lesiones musculares y articulares, casos como el de Stan Wawrinka demuestran que es posible volver al más alto nivel después de varios años difíciles, aunque la ventana de tiempo es siempre finita. Draper tiene la juventud de su lado, pero cada temporada perdida o incompleta es un costo que se acumula.
Roland Garros como horizonte y las dudas que persisten
El propio Draper puso a Roland Garros como su objetivo inmediato. El Grand Slam francés comenzará a finales de mayo y, según sus propias palabras, confía en llegar en condiciones. Sin embargo, el margen es ajustado. Recuperarse de una lesión tendinosa en la rodilla requiere no solo tiempo de reposo sino también trabajo de readaptación progresiva, y hacerlo con pocas semanas de anticipación implica llegar sin ritmo competitivo. En ese escenario, enfrentar a los mejores jugadores del mundo en una superficie tan exigente físicamente como la tierra batida no es tarea sencilla, más allá del nivel técnico que posea.
Las consecuencias de esta nueva lesión se pueden leer desde varios ángulos. Para quienes siguen de cerca su carrera, existe la preocupación legítima de si el cuerpo de Draper podrá sostener las exigencias de una temporada completa al máximo nivel. Para el tenis británico, su caso es central: desde los tiempos de Andy Murray —quien también lidió con lesiones severas a lo largo de su carrera—, no ha habido un jugador del país capaz de instalarse de manera sostenida entre los mejores del mundo. Draper era y sigue siendo la gran apuesta. Desde una perspectiva más estrictamente deportiva, su caída en el ranking lo dejará en una posición menos favorable para los sorteos de los grandes torneos que se vienen, lo que hará aún más difícil avanzar profundo en los cuadros. Lo que es innegable es que el camino que tenía trazado para esta temporada sufrió un golpe severo, y que lo que haga —o pueda hacer— en París definirá en gran medida cómo cerrará el año y con qué base encarará la siguiente temporada.


