Había algo pendiente. Una deuda que se arrastraba desde que Kendry Páez pisó suelo argentino con la camiseta de River Plate: el gol. No cualquier gol, sino ese primero que libera, que resetea, que le dice al jugador y al entorno que el camino tiene sentido. Y llegó de la manera más cinematográfica posible: en el último suspiro de un partido ante Aldosivi, con una definición que no fue producto de la suerte sino de una técnica depurada que explica por qué este pibe de apenas 18 años ya pertenece al Chelsea de Inglaterra. Lo que cambia con este gol no es solo un número en la estadística, sino el estado anímico de un jugador que estaba en plena construcción de su identidad en el fútbol argentino, a pocos meses de lo que podría ser su primera Copa del Mundo.

Un gol que vale más que tres puntos

El tanto llegó en el minuto final del partido que River le ganó 3 a 1 a Aldosivi. Fue el octavo encuentro de Páez con la camiseta millonaria desde que llegó en préstamo desde el club inglés durante el verano, y en ese tramo había mostrado destellos pero sin poder convertir. El gol en sí fue una obra de precisión: tras recibir un pase filtrado de Colidio y aprovechar una habilitación de Freitas, el ecuatoriano enganchó con la zurda y la colocó en el ángulo con una calidad que no deja lugar a dudas sobre su potencial. No fue un gol de área chica, ni un rebote, ni una jugada confusa. Fue técnica pura, la marca registrada de un jugador que fue vendido a Europa a una edad en la que la mayoría de los pibes todavía está en las inferiores.

La última vez que Páez había anotado fue el 21 de septiembre del año pasado, vistiendo la camiseta del Racing de Estrasburgo, en un partido ante el París FC. Más de cinco meses sin celebrar. Para un jugador de su perfil, ofensivo, técnico y con responsabilidades en el esquema, ese silencio goleador pesa. Y más en una plaza como Buenos Aires, donde la exigencia no da respiro y donde los hinchas de River llegaron al verano con expectativas enormes luego de que se anunciara su incorporación.

El proceso de adaptación de un futbolista de élite

Hay que entender el contexto para dimensionar bien lo que está haciendo Eduardo Coudet con este jugador. El técnico lo fue dosificando, introduciéndolo desde el banco, midiéndolo de a poco en lugar de exponerlo a la presión máxima desde el arranque. Esa decisión fue cuestionada por algunos sectores de la hinchada, ansiosos por ver al juvenil en cancha desde el comienzo. Pero el proceso tuvo su lógica: en el partido ante Carabobo por Copa Libertadores, Páez entró y brindó una asistencia a Driussi que fue suficiente argumento para que Coudet lo pusiera como titular en el superclásico. Esa progresión tiene una pedagogía detrás. No es casualidad, es gestión.

El historial de jóvenes talentos que llegaron al fútbol argentino con grandes expectativas y se quemaron rápido por una mala administración es largo. Desde promesas que no pudieron con la presión hasta casos de lesiones por sobreexigencia temprana. En ese sentido, el manejo que está teniendo River con Páez parece más inteligente que apresurado. Y el propio jugador lo refleja: su festejo tras el gol fue un bailecito junto a Colidio, su asistidor, con una naturalidad y una alegría que hablan de alguien que está bien parado emocionalmente dentro del grupo, que no está desbordado por la presión sino que la procesa con la ligereza propia de quien confía en sus capacidades.

El Mundial en el horizonte y la selección ecuatoriana como escenario mayor

Todo lo que ocurre en River tiene un telón de fondo que le da mayor peso todavía: Ecuador estará en el Mundial de Norteamérica 2026 y Páez tiene chances reales de estar en esa lista. La selección ecuatoriana viene consolidando un proceso generacional interesante en los últimos años, con una clasificación al Mundial de Qatar 2022 que generó entusiasmo en todo el continente, aunque la participación quedó empañada por la polémica con Byron Castillo y la resolución del TAS que finalmente mantuvo al equipo en competencia. Ahora, con un ciclo renovado y apuntando a Norteamérica, los jóvenes talentos como Páez son piezas clave del proyecto.

Para llegar al Mundial en condiciones, el ecuatoriano necesita minutos, confianza y continuidad. Exactamente lo que un gol en el último minuto ante Aldosivi puede alimentar. No porque un tanto contra un equipo que pelea en la parte baja de la tabla sea una hazaña, sino porque en el fútbol de élite la confianza es un combustible tan importante como la técnica. Un jugador que lleva meses sin gritar un gol, que tiene la mochila de ser préstamo de uno de los clubes más poderosos del mundo, que juega en la cancha más exigente del fútbol argentino, necesitaba ese momento. Y lo tuvo.

Por qué este gol importa más allá de River

Desde una perspectiva más amplia, el caso Páez es sintomático de una tendencia que se viene consolidando en el fútbol sudamericano: los grandes clubes europeos detectan talentos muy jóvenes en la región, los compran antes de que maduren y los prestan a clubes de primer nivel para que adquieran experiencia. El Chelsea lo hizo con varios jugadores en los últimos años, armando una especie de red de desarrollo global. River, en ese esquema, funciona como escuela de alto rendimiento. Y para el hincha argentino, eso tiene una doble lectura: por un lado, la posibilidad de ver en acción a un futbolista que en unos pocos años podría estar entre los mejores del mundo; por el otro, la certeza de que ese jugador no se va a quedar.

Lo que viene de aquí a junio será determinante. Si Páez logra sostener este nivel, sumar goles y asistencias, y consolidarse en el esquema de Coudet, River habrá cumplido su parte del trato y el jugador llegará al Mundial con una base sólida. Si en cambio la irregularidad se impone y los partidos buenos se intercalan con actuaciones grises, la historia será más compleja. Lo cierto es que con este primer gol, la balanza se inclinó hacia el mejor escenario posible. Y eso, para el fútbol argentino que cada tanto tiene el privilegio de alojar a un talento de esta magnitud, es una buena noticia que va bastante más allá de un resultado ante Aldosivi.