La situación de la defensa central en Boca Juniors había alcanzado niveles de alarma preocupante hace apenas unos días. La baja por desgarro muscular de Ayrton Costa dejaba al técnico Vasco Arruabarrena con apenas dos defensores centrales completamente disponibles para sus esquemas tácticos, una realidad que obligaba al entrenador a navegar sobre aguas inciertas de cara a los compromisos inmediatos. Sin embargo, los entrenamientos de la semana trajeron noticias que disiparon buena parte de esa inquietud que rondaba en el cuerpo técnico: Lautaro Di Lollo, quien permanecía tocado por una molestia en el pubis, mostró una recuperación significativa y se espera que pueda estar en condiciones para el encuentro del viernes frente a Lanús en la Bombonera.
El panorama crítico que obligó a replanteos tácticos
Hasta hace poco, la estructura defensiva del equipo enfrentaba un escenario complicado. Arruabarrena contaba únicamente con Nicolás Figal y el joven Facundo Jagger Herrera como defensores centrales completamente operativos, lo que representaba un margen sumamente estrecho para rotar o tomar decisiones estratégicas. La llegada de Costa a la enfermería por un desgarro había agravado aún más la situación, transformando lo que ya era un problema en una auténtica crisis de recursos humanos en la zona más sensible de la cancha. El panorama se tornaba especialmente delicado considerando que Di Lollo, quien históricamente ha sido uno de los pilares de esa línea defensiva, permanecía fuera de combate por su dolencia pubiana que lo había mantenido alejado de los entrenamientos con normalidad.
La decisión de Arruabarrena de alinear al juvenil Jagger en el cotejo anterior frente a Racing fue, en buena medida, una respuesta forzada por las circunstancias. El defensor de las categorías inferiores, con apenas 57 minutos acumulados en la Primera División, ingresó en el segundo tiempo para reemplazar al lesionado Costa. Lo llamativo fue la templanza y la personalidad que mostró en su desempeño, sorprendiendo gratamente al cuerpo técnico y a la audiencia que comenzaba a descubrir a una promesa que había venido destacándose en el fútbol de reserva. Su actuación, lejos de ser errática o insegura, le permitió ganarse crédito tanto en la confianza del entrenador como en la aceptación de la parcialidad que lo empezó a observar con interés.
El factor descanso que acelera la recuperación
La interrupción forzada que Di Lollo tuvo durante dos encuentros consecutivos —primero ante Recoleta por la Copa Sudamericana y luego contra Racing en el torneo doméstico— se reveló como un ingrediente positivo para su recuperación. Contrario a lo que podría suponerse, el parate no fue un obstáculo sino una oportunidad: el descanso permitió que su cuerpo procesara y combatiera la molestia inflamatoria que lo aquejaba, facilitando una rehabilitación más acelerada que la que hubiera ocurrido si hubiese continuado expuesto al desgaste de la competencia. Esta circunstancia ilustra una realidad frecuente en el fútbol profesional: a veces, las lesiones que parecen convertir a los jugadores en bajas prolongadas encuentran solución en ciclos breves de recuperación cuando se gestiona el tiempo de inactividad de manera inteligente.
Los reportes que surgen de los entrenamientos de esta semana indican que Di Lollo logró ejecutar ejercicios con una normalidad considerablemente mayor que en los días previos, señal que anticipa su reincorporación próxima a la disponibilidad plena del técnico. Aunque siempre existe el riesgo inherente de que una molestia en esa zona vuelva a manifestarse durante la competencia, las señales hasta el momento resultan alentadoras. Si el defensor mantiene la trayectoria de mejora observada en las sesiones de trabajo, estaría en posición de estar presente el próximo viernes cuando Boca visite su propia Bombonera para enfrentar al conjunto de Lanús.
La dupla central que podría rearmarse
De concretarse la recuperación de Di Lollo tal como se proyecta, Arruabarrena contaría con la posibilidad de reconstituir una pareja defensiva con experiencia: Di Lollo y Nicolás Figal compartirían la zaga central, una combinación que el técnico había utilizado con anterioridad en su ciclo. Figal, aunque atravesó un momento complicado tras su desempeño desigual en algunos encuentros recientes —particularmente el error que generó el gol de O'Higgins en una competición internacional jugada en territorio chileno— mantiene la experiencia y el recorrido necesario para ocupar ese rol central. La dupla, entonces, estaría compuesta por dos defensores con trayectoria en Primera División, lo que sin duda proporcionaría mayor solidez que la que ofrecería confiar únicamente en el inexperto Jagger.
En este escenario, el joven Herrera pasaría a ocupar un rol de alternancia en el banco de suplentes, manteniendo su rol de opción para situaciones de emergencia o para ciertos relevos tácticos que Arruabarrena pudiera necesitar. Esto no significa un retroceso en su carrera ni un menoscabo de su valor: por el contrario, consolidaría su presencia en la estructura del primer equipo mientras acumula experiencia de manera más gradual. Su ingreso exitoso contra Racing probablemente lo mantuvo en la esfera de atención del cuerpo técnico y en la consideración de futuras convocatorias, especialmente si en adelante la lesiones nuevamente diezmaran la línea defensiva.
Con Costa y Pellegrino igualmente inhabilitados para el corto plazo, la recuperación de Di Lollo se convierte entonces en la pieza de alivio que faltaba en el tablero del técnico. Durante las últimas semanas, Arruabarrena había estado navegando con los mínimos recursos disponibles, improvisando y ajustando sobre la marcha. La perspectiva de recuperar a uno de sus defensores titulares tradicionales abre nuevamente el abanico de posibilidades tácticas y brinda una estructura defensiva que, aunque no será la que el entrenador tendría disponible en condiciones ideales, sí representa una mejora sustancial respecto al cuadro que debió enfrentar en los encuentros recientes.
Las implicancias de este avance trascenderán la mera disposición de jugadores en una alineación. La recuperación de Di Lollo podría impactar directamente en la capacidad defensiva del equipo, tanto en términos de solidaridad como en la proyección táctica que Arruabarrena puede ejecutar. Un mediocampo que se sienta más protegido por una defensa experimentada tiende a jugar con mayor libertad y claridad. Simultáneamente, el regreso de un central con experiencia acumulada durante años en el fútbol profesional argentino genera un efecto psicológico en el vestuario, restaurando cierto nivel de confianza en la estructura defensiva que había sido sacudida por la cascada de lesiones. La próxima presentación ante Lanús, entonces, puede marcar un antes y un después en la dinámica del equipo durante esta etapa de la temporada.



