En el seno de Independiente persisten dos procesos de desvinculación que permanecen congelados pese a los acuerdos de principio ya establecidos entre los involucrados. Ignacio Malcorra e Ignacio Pussetto siguen en la órbita del club de Avellaneda mientras se trabaja en resolver los nudos económicos que mantienen en suspenso sus respectivas salidas. El director técnico Gustavo Quinteros ya comunicó que ninguno de los dos integrará el plantel durante la segunda mitad de la temporada, decisión que refuerza la urgencia de cerrar estas negociaciones. Tras haber consumado la partida de Federico Mancuello, Nicolás Freire y Milton Valenzuela, la entidad roja enfrenta estos dos casos pendientes que generan inquietud tanto en la dirigencia como en el cuerpo técnico.
Los escollos financieros que frenan los acuerdos
El volante de 38 años constituye uno de los puntos de fricción. Malcorra exige percibir la remuneración íntegra correspondiente al mes de junio antes de estampar su firma en el documento de rescisión contractual. Este reclamo, aunque parecería sencillo de resolver, ha trabado las conversaciones durante semanas. La cuestión trasciende lo meramente burocrático: representa un conflicto de flujo de caja que afecta tanto al club como a un futbolista que consideraba esa suma como parte de sus derechos adquiridos. El mediocampista lleva décadas en el fútbol profesional y conoce los intríngulis de estas transacciones, por lo que se muestra inflexible en este punto.
En cuanto a Pussetto, su situación reviste mayor complejidad. El delantero mantiene conversaciones paralelas para resolver una deuda que Independiente mantiene pendiente con él, aspecto insoslayable para concretar su traslado hacia Huracán, club que ya habría mostrado interés en sus servicios. Esta acreencia representa un obstáculo adicional que va más allá de la mera firma de un papel: implica determinar montos, plazos y condiciones de pago que satisfagan a ambas partes. Sin que este asunto se despeje, cualquier transferencia a otro equipo quedaría legalmente comprometida, exponiendo al jugador a potenciales inconvenientes administrativos.
El rendimiento deportivo como telón de fondo
La trayectoria reciente de Malcorra en el Rojo ilustra el deterioro gradual que motivó su marginación. Durante el primer tramo de la temporada, el mediocampista conquistó la titularidad bajo la dirección técnica de Quinteros, quien lo empleó en diversas funciones tácticas. No obstante, su desempeño futbolístico experimentó un declive sostenido. El estratega optó por relegarlo al banco de suplentes, cediendo el rol de enganche a Santiago Montiel. A lo largo del campeonato, Malcorra disputó 17 encuentros, durante los cuales convirtió un gol —frente a Gimnasia de Mendoza— y repartió tres asistencias en compromisos ante Lanús, Central Córdoba y Unión. Cifras que, tomadas en perspectiva, revelan una contribución acotada a los objetivos del equipo.
El episodio más damnificador para la imagen pública del volante ocurrió durante la llave de octavos de final del Torneo Apertura frente a Rosario Central. En el estadio Gigante de Arroyito, con el marcador igualado y la clasificación abierta, Malcorra desperdicié una ocasión de gol cristalina. La secuencia no pasó desapercibida para la parcialidad roja: generó una explosión de disgusto entre los espectadores que no dudaron en criticar severamente su definición. El dato que avivó la polémica fue su historial previo como jugador del Canalla, circunstancia que los hinchas de Independiente emplearon para cuestionarlo con mayor ferocidad. El mediocampista respondió públicamente de manera desafiante: declaró que podría soportar cualquier calificativo, pero que jamás retrocedería en su compromiso. Su mensaje, aunque directo, no logró revertir la sensación colectiva sobre su aporte al proyecto.
En lo que respecta a Pussetto, el panorama presenta aristas distintas pero igualmente problemáticas. El delantero de 30 años arribó a mediados de 2025 procedente de Pumas de México en una operación que resultó compleja. La transacción implicó la transferencia del colombiano Álvaro Angulo más un desembolso adicional de 1.500.000 dólares por parte de Independiente para concretar el pase del atacante. Desde su incorporación, Pussetto nunca justificó la magnitud de la inversión realizada. En 24 presentaciones con la vestimenta roja, convirtió apenas dos goles: uno en el empate 4-4 ante Unión y otro en la goleada 4-2 sobre Atenas de Río Cuarto por la Copa Argentina. Números que ponen de manifiesto la dificultad para adaptarse a las dinámicas ofensivas del equipo.
Las limitaciones tácticas y físicas de Pussetto
El atacante nunca consolidó una posición clara dentro del esquema ofensivo de Independiente. Quinteros lo utilizó tanto como extremo cuanto como centrodelantero, pero en ambas funciones quedó rezagado respecto a Gabriel Ávalos, quien se mantuvo como referente principal en el área. Durante el último torneo, Pussetto comenzó como suplente y tuvo la oportunidad de ganarse protagonismo tras la lesión muscular de Montiel. Sin embargo, una molestia en una de sus rodillas lo marginó precisamente cuando todo indicaba que sería incluido como titular en el clásico ante Racing. Su último partido se disputó el 16 de marzo frente a Instituto, encuentro que Independiente perdió. Desde esa fecha, Pussetto se esfumó del universo competitivo: en los últimos siete compromisos no ingresó, y en cuatro de ellos ni siquiera formó parte de la lista de convocados.
La combinación de factores —rendimiento insuficiente, problemas físicos recurrentes, incompatibilidad táctica, ausencia prolongada de competencia— configuró un escenario en el cual la continuidad de Pussetto en Independiente dejó de ser viable tanto desde lo deportivo como desde lo administrativo. La dirección técnica comunicó su exclusión del proyecto, y ahora la cuestión se reduce a aspectos netamente comerciales y legales. La transferencia a Huracán podría representar un reinicio para el delantero, aunque también constituiría un reconocimiento implícito de una inversión fallida para el club de Avellaneda.
Las implicancias futuras de estas desvinculaciones
La demora en cerrar estos dos casos genera interrogantes acerca de los mecanismos de resolución de conflictos que posee Independiente. Mientras tanto, Malcorra y Pussetto permanecen en una suerte de limbo administrativo: sin ser considerados por la dirección técnica pero tampoco desvinculados formalmente. Esta situación genera tensiones innecesarias en dinámicas internas que ya de por sí resultan complejas durante un proceso de reestructuración. El club dependerá de la capacidad negociadora de sus funcionarios para alcanzar acuerdos que satisfagan tanto los reclamos económicos de los futbolistas como las restricciones presupuestarias de la entidad. Las perspectivas son variadas: algunos sectores consideran que estos nudos deberían haberse resuelto meses atrás, mientras que otros estiman que las dificultades financieras del fútbol argentino justifican estas demoras. Lo cierto es que cada día que transcurra sin resolución contribuye a una gestión administrativa que, vistos los antecedentes recientes en materia de salidas, deja lecciones sobre la importancia de pactar términos precisos desde el momento mismo de la incorporación de futbolistas.



