Un nuevo capítulo se escribió en la carrera internacional de Leandro Paredes cuando pisó el césped del estadio austríaco en el segundo tiempo del encuentro ante Austria. No se trataba de un partido cualquiera ni de minutos intrascendentes: su ingreso al terreno de juego marcó la consumación de un logro que solo comparten seis futbolistas más que hayan nacido y crecido futbolísticamente dentro de las estructuras del club de La Boca. Con su aparición en cancha a los 82 minutos, el volante se sumó a un grupo muy reducido de jugadores que representa la continuidad del Xeneize en la máxima competencia mundial a lo largo de varias décadas, consolidando así un legado que trasciende lo meramente deportivo.

La trayectoria de Paredes dentro de la estructura de la Selección Nacional ha estado caracterizada por una permanencia que pocas veces se registra en el fútbol moderno. Desde que Lionel Scaloni comenzó a armar el equipo, el oriundo de San Justo fue considerado como parte fundamental de ese núcleo duro que se convertiría en protagonista de los principales logros de la década. No solamente estuvo presente en la obtención de dos coronas en el certamen sudamericano, sino que además participó del proceso que culminó con la conquista de la Copa del Mundo en Qatar 2022 y la posterior Finalissima. Aunque en esta ocasión su rol dentro de la estructura táctica ha mutado, pasando a ocupar buena parte del tiempo un rol de suplente estratégico, su importancia dentro del esquema del entrenador se mantiene intacta.

Un registro que une al pasado con el presente

Cuando se analiza el fenómeno de los futbolistas formados en Boca que han trascendido fronteras para representar a la Argentina en más de una Copa del Mundo, se trata de un círculo verdaderamente exclusivo. Los antecedentes históricos permiten dimensionar la magnitud de lo alcanzado por Paredes: Antonio Rattín fue de la partida en los mundiales de 1962 y 1966, época en la cual el fútbol argentino atravesaba un proceso de consolidación internacional. Décadas más tarde, Alberto Tarantini llegó a pisar cancha mundialista en 1978 y 1982, siendo testigo de transformaciones profundas en el deporte rey. La presencia de Oscar Ruggeri se extendió aún más, participando en tres ocasiones: 1986, 1990 y 1994, período en el cual el fútbol nacional experimentó cambios significativos en su estructura competitiva.

Ya en el siglo veintiuno, el legado de los xeneizes mundialistas continuó con figuras de mayor resonancia mediática. Nicolás Burdisso representó al club en los torneos de 2006 y 2010, mientras que Carlos Tevez también alcanzó ese mismo registro en esos años. Posteriormente, Rodrigo Bentancur se integró a esta nómina compartiendo cancha en 2018 y 2022, y continuará formando parte de ella en 2026. La llegada de Paredes a este selecto grupo no representa solo un dato estadístico, sino la confirmación de una continuidad generacional en el proyecto azul y oro que trasciende ciclos políticos, administrativos y deportivos. Apenas semanas atrás, Nahuel Molina había alcanzado esta misma marca en el encuentro inaugural de la competencia ante Argelia, convirtiéndose en el primer jugador de esta generación en lograrlo.

El encuentro que despertó la nostalgia de los hinchas

Durante los momentos previos al cotejo, cuando los futbolistas argentinos realizaban sus trabajos de calentamiento en el campo de entrenamiento, ocurrió un instante que trascendió lo puramente deportivo. Paredes se encontró casualmente con Martín Palermo, histórico delantero del club que se desempeñaba en funciones relacionadas con la delegación. El intercambio de saludos entre ambos generó una conexión inmediata que circuló rápidamente a través de las plataformas digitales donde se concentra el seguimiento de los simpatizantes boquenses. Ese encuentro representaba, en cierta forma, una simbiosis temporal entre dos épocas distintas de la institución. Palermo había llegado al final de su carrera profesional hacia 2010, precisamente cuando un adolescente de tan solo dieciséis años debutaba en la Primera División con la camiseta azul y oro. Ahora, años después, ambos personajes volvían a confluir bajo el mismo paraguas institucional, aunque en contextos absolutamente diferentes.

La circulación de imágenes y descripciones de ese encuentro casual pero emotivo entre el actual capitán y la leyenda histórica desencadenó reacciones masivas entre la comunidad de aficionados. No se trataba simplemente de dos futbolistas cruzándose en un pasillo o un espacio de transición, sino de una manifestación visual de la continuidad del proyecto institucional que ha caracterizado a Boca durante los últimos años. La admiración mutua que expresaron públicamente ambos personajes reflejaba un respeto que va más allá de lo meramente anecdótico, encarnando el reconocimiento de trayectorias diferentes pero igualmente valiosas dentro de la historia colectiva del club. Para los hinchas, ese momento capturado en fotografía o video representaba una conexión temporal entre generaciones que habían vivido épocas particulares del Xeneize.

La participación de Paredes en el encuentro ante el equipo centroeuropeo no fue tangencial: su entrada al terreno de juego coincidió con momentos finales del partido donde la Argentina ya había establecido una ventaja clara en el marcador. Su contribución táctica se materializó, además, en una vinculación directa con la anotación del segundo gol, demostrando que su rol, aunque condicionado al ingreso desde el banco, sigue siendo determinante en los momentos donde el entrenador considera necesaria su presencia. La acumulación de estos minutos, sumados a los que ya había disputado en encuentros previos de esta campaña mundial, consolidó el hito que lo une ahora a Molina y a los cuatro futbolistas históricos que lo precedieron en este registro específico.

Más allá del aspecto meramente estadístico que caracteriza este logro, conviene considerar las implicancias que posee para la institución de La Boca el hecho de que sus formados sigan siendo utilizados en las instancias decisivas de la competencia internacional. Algunos sectores podrían interpretarlo como una continuidad institucional que fortalece la identidad del club en el contexto de la Selección Nacional, mientras que otros podrían observarlo como un reflejo de la capacidad de la institución para desarrollar futbolistas que alcanzan niveles competitivos internacionales. Asimismo, el rol que Paredes ocupa como capitán de su club simultáneamente a ser parte de un plantel nacional ganador plantea interrogantes sobre la distribución de responsabilidades y el impacto que estas dinámicas generan en el rendimiento general del equipo. Los próximos encuentros determinarán si esta tendencia de contar con elementos formados en el Xeneize se mantendrá como estrategia central o si evolucionará hacia nuevas configuraciones tácticas y estructurales.