La última jornada del Torneo Apertura llega con sabor a definición para Racing Club. El equipo dirigido por Gustavo Costas ingresa a la fecha final con su clasificación a los playoffs todavía en juego, pero con una claridad absoluta sobre lo que necesita hacer: ganar. Un solo resultado positivo frente a Huracán le alcanza para meterse en la siguiente instancia sin mirar a los costados, sin depender de lo que hagan los rivales en otras canchas. En un torneo donde la diferencia entre avanzar y quedar afuera puede ser un solo punto, tener el control del propio destino es un lujo que no todos los equipos se dan.
Cómo llegó Racing a esta situación
El camino hasta acá no fue lineal. La Academia venía transitando una posición cómoda en la tabla, pero el fútbol argentino tiene esa característica brutal de sacudirte el tablero en cuestión de horas. La victoria de Gimnasia y Esgrima La Plata por 1 a 0 en su visita a Belgrano fue el golpe que desacomodó todo. Ese resultado empujó a Racing un escalón hacia abajo: de la octava posición —zona directa de clasificación— a la novena, con 20 puntos, uno menos que Barracas Central. En el fútbol moderno, especialmente en los torneos cortos que organiza la Liga Profesional, una unidad de diferencia puede ser la frontera entre seguir compitiendo o irse de vacaciones antes de tiempo.
Antes de ese sacudón, Racing había recibido una buena noticia. Sarmiento de Junín le ganó 1 a 0 a Tigre, un resultado que, en ese momento, le convenía a la Academia porque mantenía vivos a varios rivales directos sin que ninguno se despegara demasiado. Pero el fútbol no te da tregua, y el triunfo de Gimnasia en Córdoba cambió el panorama de un momento para el otro. Así funciona la tabla en los tramos finales: una cadena de resultados que se afectan entre sí como fichas de dominó.
El último eslabón que terminó de definir el escenario fue la derrota de Huracán ante Argentinos Juniors. Ese tropiezo del Globo no solo lo perjudica a él en su propia lucha, sino que le abre una puerta enorme a Racing: si en la última fecha la Academia le gana a Huracán, su clasificación queda sellada de manera directa, sin condicionantes externos. Un triunfo y listo. Sin necesidad de mirar otros resultados ni hacer cuentas.
El camino difícil: empate y pura dependencia
Sin embargo, el fútbol también contempla los escenarios intermedios, esos que generan noches de insomnio para los hinchas. Si Racing no logra ganar y el partido ante Huracán termina en empate, el panorama se complica de manera significativa. Para avanzar por esa vía, se necesita una combinación de resultados que pocas veces se da de forma coordinada. En primer lugar, Barracas Central tendría que perder ante Banfield. Además, Racing debería superar a Barracas en la diferencia de gol, ese detalle contable que muchas veces se construye a lo largo de todo el torneo y que no siempre puede forzarse en el último partido. Como si fuera poco, ni Tigre ni Sarmiento pueden ganar sus respectivos compromisos de la fecha final. Son demasiadas variables para dejarlas libradas al azar.
Este tipo de escenarios múltiples es propio de los torneos cortos que se implementaron en el fútbol argentino a partir de la reformulación del sistema de competencias. A diferencia del viejo formato anual, donde los partidos de visitante o local tenían semanas para procesarse, el Apertura concentra la definición en pocas jornadas y genera esta clase de situaciones donde todo puede cambiar en un domingo. Racing Club, uno de los clubes grandes del país con 18 títulos de Primera División en su historia, sabe bien lo que significa jugar bajo presión en instancias definitivas. Su última estrella en el fútbol local data de 2019, cuando levantó la Superliga, y desde entonces el equipo de Avellaneda ha buscado volver a protagonizar instancias de definición.
Lo que se juega más allá de la clasificación
Clasificarse a los playoffs no es solo un objetivo deportivo inmediato. Para un club del tamaño de Racing, avanzar en los torneos locales tiene implicancias institucionales, económicas y de planificación. Los ingresos por televisión, la motivación del plantel, la posibilidad de atraer refuerzos de peso en el próximo mercado de pases: todo eso está atado, de alguna manera, a los resultados en cancha. Gustavo Costas, el técnico que conduce al equipo, ha construido un esquema de juego basado en la intensidad y en la presión alta, características que pueden ser determinantes en un partido de una sola oportunidad como el que se viene.
En cuanto a las posibles consecuencias de lo que ocurra en esta última fecha, los escenarios son varios y ninguno es menor. Si Racing clasifica, ingresa a los playoffs con la presión propia de un equipo que se metió por mérito y que buscará ir por más. Si queda afuera, el análisis interno no tardará en llegar: la campaña, las decisiones tácticas, los puntos que se dejaron ir en fechas anteriores. Para Huracán, en tanto, el partido también tiene su propia carga: llega golpeado por la derrota ante Argentinos y necesita reaccionar para no cerrar el torneo con una imagen negativa. En definitiva, el último partido entre estos dos rivales será mucho más que noventa minutos: será el cierre de un torneo que, como casi siempre en Argentina, se define hasta el último segundo.



