La jornada conclusiva del Desafío Ruta 40 en tierras argentinas dejó un epílogo de película. Cuando los participantes encaraban los últimos 218 kilómetros cronometrados de la competencia, ambas categorías —motos y automóviles— aún tenían todo por definirse. Lo que sucedió en esas horas finales no fue simplemente la coronación de unos campeones, sino un ejercicio de tensión máxima donde los márgenes entre triunfo y derrota se medían en fracciones de segundo. La importancia de esta contienda trascendía lo meramente deportivo: se trataba de una prueba puntuable en el circuito mundial de rally-raid, con implicaciones directas en el prestigio de los pilotos y las escuderías. En el corazón de Córdoba, con la meta a la vista, sucedió lo inesperado.

El drama en dos ruedas: Schareina presiona pero Brabec aguanta

En la categoría de motocicletas, la lucha fue encarnizada desde el primer punto de control. Tosha Schareina se propuso una estrategia audaz para los últimos compases: acelerar sin contemplaciones y buscar arrebatar la primera posición en la llegada a Córdoba. Durante buena parte de esa etapa final, pareció funcionar. Sin embargo, su rival Ricky Brabec, asociado con Yazeed Al Rajhi en la dupla ganadora, logró mantener la compostura bajo presión. Cuando los cronómetros se detuvieron en la meta, la ventaja del estadounidense apenas rondaba los quince segundos sobre Schareina. Un margen microscópico en términos de rally-raid, donde máquinas y pilotos conviven al filo del precipicio.

El podio en dos ruedas mostró un panorama interesante sobre la competitividad actual del deporte. Adrien van Beveren cerró tercero con su Honda, intentando un ataque tardío que no llegó a concretarse con la contundencia necesaria. Skyler Howes completó una actuación que puede calificarse como histórica para su marca, finalizando cuarto en una prueba donde los márgenes no permitían distracciones. Ross Branch con su moto Hero interrumpió lo que habría sido un dominio abrumador, mientras que Pablo Quintanilla terminó quinto. La sexta plaza cayó para Sebastian Bühler, apenas un escalón por delante de Romain Dumontier, quien ganó la categoría Rally2 demostrando que incluso con máquinas menos sofisticadas, la destreza del piloto sigue siendo determinante.

El clímax en cuatro ruedas: Al Attiyah cede en el último respiro

Pero si en motos la emoción fue alta, en automóviles alcanzó niveles de dramatismo cercanos al thriller. Nasser Al Attiyah, el vigente campeón mundial, llegaba a la jornada final con lo que parecía una posición sólida. Sin embargo, su compatriota saudí —rival y compañero de batalla a lo largo del campeonato— tenía otros planes. Ambos iniciaron la especial prácticamente empatados, separados apenas por doce segundos, mientras que Lucas Moraes, el brasileño al volante de un Toyota, buscaba sorprender desde atrás.

Moraes salió con determinación, acumulando ventaja en los primeros puestos de control. En el kilómetro 70 ya llevaba veinte segundos de diferencia respecto a Al Attiyah, quien defendía su patrimonio de títulos mundiales. Al Rajhi, por su parte, se mantenía en la contienda aunque rezagado respecto a la cabeza de carrera. El cuadro cambió dramáticamente en el tercer punto de control, cuando el catarí retomó la delantera de la especial. Pero esto no significaba tranquilidad: los cuatro pilotos que lideraban la general se encontraban dentro de treinta segundos, un espacio donde cualquier error táctico resultaría fatal.

A medida que los vehículos devoraban kilómetros en dirección a la bandera a cuadros, la tensión se multiplicaba. En el kilómetro 143, cuando los competidores eran conscientes de que la meta ya asomaba en el horizonte, Al Attiyah continuaba adelante del brasileño Moraes y de Seth Quintero —ambos en Toyota de fábrica—, mientras que Al Rajhi había caído a poco más de veinte segundos de distancia. Parecía que el qatarí podría consumar la victoria. Pero el rally-raid, ese deporte brutal y hermoso que transcurre en paisajes hostiles, nunca termina hasta que termina.

El giro definitivo: Al Rajhi remonta en los estertores finales

En la penúltima referencia de la jornada, la clasificación había colapsado en un abigarramiento espectacular. Los primeros cuatro competidores en la lucha por el título general estaban separados por menos de diez segundos, y solo tres segundos dividían a los líderes de quienes les pisaban los talones. La especial había conseguido lo que parecía imposible: transformar el rally en una ruleta rusa donde la suerte y la destreza jugaban a partes iguales. En ese fragmento final del circuito, Yazeed Al Rajhi tomó una decisión. Aceleró. No pidió permiso al cronómetro ni negoció con las dunas: simplemente apretó el acelerador y ejecutó una maniobra de presión brutal que sorprendió a su rival.

Cuando la meta se cerró tras el paso de los últimos participantes, los números danzaban entre cifras asombrosas. Al Rajhi había logrado endosar al qatarí casi treinta segundos en ese tramo final, lo que le permitía no solo vencer en la jornada sino también alzarse con la gloria del Desafío Ruta 40 de 2024 en el campeonato mundial. La victoria dual para la pareja Brabec-Al Rajhi otorgaba a ambos una primacía simultánea en ambas categorías, un resultado que subraya la cohesión tácica y la destreza técnica de sus ejecutantes. El podio de coches incluyó a Sebastian Halpern, quien celebraba en suelo argentino —su afición— y lograba una clasificación de honor. Denis Krotov ocupó la cuarta plaza aunque a más de una hora de la cabeza, un dato que refleja la disparidad de ritmos una vez que los errores tempranos acumulaban diferencias insalvables. Moraes, el brasileño que lideró buena parte de la jornada, descendió a quinta posición pese a los percances que lo aquejaron desde el inicio de la competencia.

La categoría desafiante: locales en el podio

La división Challenger también tuvo su propia narrativa de triunfo local. Rokas Baciuska, quien debutaba en esta competencia sin la compañía habitual de Oriol Vidal —afectado por una lesión de espalda que le imposibilitó participar—, logró imponerse en su categoría. Su triunfo ante otro héroe del rally local, Nicolás Cavigliasso, representaba un equilibrio poético: la competencia internacional sazonada con éxitos domésticos que alimentan el fervor de las multitudes. Estos resultados en las categorías menores del rally-raid evidencian que el deporte en Argentina mantiene una salud competitiva vibrante, con pilotos locales capaces de enfrentarse a la crema y nata mundial.

Miradas hacia Marruecos y el futuro próximo

El calendario internacional de rally-raid marca el siguiente destino: Marruecos será escenario del epílogo de la temporada 2024 en el campeonato mundial. Ese evento no solo cerrará un capítulo deportivo, sino que también funcionará como laboratorio de preparación para lo que se avecina: el legendario Rally Dakar de 2025, la competencia que define reputaciones y que requiere meses de entrenamiento mental y físico. Es en ese contexto donde equipos como Dacia comienzan a visualizar su alineación definitiva, aquella que pretenden ofrecer como su mejor expresión en la carrera más exigente del planeta. Los resultados en Argentina funcionan como radiografía de lo que está por venir: máquinas afinadas, pilotos consolidados, estrategias refinadas en la presión del combate real.

Las implicancias de este desenlace son múltiples y merecen análisis desde distintos ángulos. Por un lado, la victoria de Al Rajhi sobre Al Attiyah —ambos del mundo árabe pero con orígenes y trayectorias diferentes— subraya cómo el rally-raid ha trascendido fronteras geográficas y se ha convertido en un espacio donde pilotos de variadas latitudes compiten en igualdad de condiciones. Por otro, el resultado plantea interrogantes sobre la vigencia de ciertos equipos y máquinas: Honda y Toyota, gigantes de la industria automotriz, continúan invirtiendo recursos considerables en rally-raid, evidencia de que el deporte sigue siendo un escaparate tecnológico relevante. Finalmente, la cercanía de los márgenes —segundos que definen campeones— abre reflexiones sobre si las reglamentaciones actuales permiten competencia genuina o si los recursos económicos terminan siendo factor determinante. Lo que no admite debate es que en Córdoba sucedió algo memorable: una batalla de proporciones épicas donde la voluntad de vencer se expresó en cada acelerador, en cada maniobra, en cada cálculo de riesgos.