La decisión de Lionel Messi de cerrar su ciclo en la Selección argentina marcó un punto de inflexión en la historia reciente del fútbol nacional, generando reflexiones desde distintos ángulos dentro del ambiente deportivo. Entre las voces que tomaron la palabra con autoridad moral para evaluar esa determinación, la de Juan Román Riquelme resultó particularmente significativa, no solo por su trayectoria compartida con el rosarino, sino por la originalidad de su planteo respecto del futuro inmediato del astro internacional. El exvolante de Boca y la Selección, quien tuvo el privilegio de compartir canchas con ambas leyendas —Maradona y Messi—, trascendió los simples elogios para proponer una visión estratégica sobre dónde debería proseguir su carrera deportiva el campeón del mundo.
La autoridad de quien compartió vestuario
Pocas personas en Argentina pueden jactarse de haber experimentado lo que Riquelme experimentó: jugar codo a codo con ambos fenómenos del balompié que marcaron épocas distintas del fútbol argentino. Su participación en los Juegos Olímpicos de 2008, donde fue parte del equipo que consiguió la medalla de oro junto a Messi, representa uno de esos momentos donde la historia del deporte permite que converjan generaciones y estilos de juego. También tuvo la oportunidad de compartir cancha con Maradona, lo que le otorga una perspectiva única para comparar a ambos exponentes. Esa legitimidad fue la que el símbolo boquense esgrimió al momento de pronunciarse sobre el adiós internacional del delantero del Inter Miami, quien decidió poner punto final a una etapa que duró más de dos décadas al servicio de la camiseta celeste y blanca.
Al ser consultado sobre el retiro de la Selección, Riquelme no dudó en situar a Messi en la posición más elevada del podio. Su respuesta fue categórica en el sentido de reconocer que el futbolista cumplió con los objetivos que se había propuesto y que también cumplió los anhelos colectivos de una nación entera. La gratitud fue el eje central de su discurso inicial, rechazando de plano cualquier idea de recriminar al jugador por alguna carencia o falta de dedicación. Muy al contrario, enfatizó que Messi alcanzó lo que soñaba logrando, lo que en términos deportivos representa un balance perfecto entre aspiraciones personales y éxitos compartidos.
El lugar en la historia: equiparación con la leyenda
El punto más audaz del análisis de Riquelme radicó en su comparación directa entre Messi y Maradona. Mientras muchos evitan esa confrontación deliberadamente, el exfutbolista de Boca fue rotundo al expresar que si bien es complejo aseverar quién fue el mejor de todos los tiempos, Messi se ubica en esa categoría excelsa. Lo que lo diferencia, según su análisis, no es un logro puntual sino la capacidad de mantener esa excelencia a lo largo de un período sostenidamente prolongado. "Nunca un jugador pudo ser el mejor durante tantos años", expresó, reconociendo que la longevidad del desempeño de clase mundial es un factor que pocas figuras en la historia del deporte pueden acreditar. Esta observación trasciende el meramente estadístico para internarse en el terreno de la consistencia, la resistencia física, mental y la adaptación continua a contextos cambiantes.
Riquelme también subrayó aspectos de la personalidad deportiva de Messi que van más allá de sus habilidades técnicas. Hizo énfasis en la capacidad de perseverancia del jugador, en su disposición a levantarse tras golpes y frustraciones, interpretando que existió una justicia cósmica en la consagración mundial obtenida en Qatar 2022. El lenguaje utilizado —"Se rompió el lomo"— refiere a un sacrificio extremo, a una entrega física y emocional que caracterizó el periplo de Messi a través de múltiples torneos y competiciones. En simultáneo, reconoció el impacto global del futbolista, mencionando que "el de arriba fue justo con él" en referencia a esa merecida recompensa final que significó levantar la Copa del Mundo.
Respecto de la relación personal entre ambos futbolistas, Riquelme confirmó la existencia de un vínculo que permanece activo más allá del retiro competitivo de uno de ellos. Describió ese lazo como algo genuino y profundo, manifestando su pesar por no haber tenido la oportunidad de extender esa compañeranza en la cancha por un período más extenso. El reconocimiento de que "el cariño que nos tenemos es lo más grande" posiciona la relación en un plano que trasciende lo meramente profesional, configurándose como una amistad forjada en contextos de máxima exigencia y competencia.
Una postura singular sobre el futuro: la permanencia en el exterior
Quizás el aspecto más original y provocativo de la intervención de Riquelme fue su recomendación explícita de que Messi no regrese al fútbol argentino. Este planteo merece análisis detallado, pues desafía la lógica tradicional que sostiene que todo ídolo nacional debería culminar su carrera en su tierra natal. El exvolante propuso, en cambio, que la permanencia de Messi en los Estados Unidos —donde actualmente se desempeña en la Major League Soccer— beneficia al fútbol argentino de una manera paradójica: al no estar vinculado exclusivamente a un club local, trasciende esa barrera e irradia su influencia de forma equitativa hacia todos los equipos del país.
La lógica detrás de este argumento es interesante desde una perspectiva sociológica del fútbol. Si Messi se hubiese vinculado a Boca, por ejemplo, habría generado una identificación sectaria con esa institución. Los seguidores de otros clubes argentinos, independientemente de su afinidad futbolística, tendrían un motivo más para rechazar o minimizar su legado. Al permanecer en el exterior y, más específicamente, en una liga como la MLS que carece de arraigo territorial profundo en la identidad nacional argentina, Messi se convierte en una figura que pertenece a la totalidad del fútbol argentino sin excluir a nadie. Riquelme utilizó la expresión "que sean hinchas de él todos los hinchas de los equipos argentinos", lo que puede interpretarse como una aspiración a la unidad patrimonial del personaje, evitando fracturas que la historia del fútbol local ha demostrado que pueden resultar profundas y duraderas.
Este pedido también contiene una implicación sobre el estado actual de Messi en términos de su satisfacción personal. Según Riquelme, el hecho de haber ganado la Copa del Mundo colmó de tal manera las expectativas del rosarino que cualquier otro logro clubista probablemente resultaría menor en significación. En ese sentido, continuar jugando en un ambiente diferente, alejado de las presiones específicamente argentinas, permitiría que disfrute del fútbol desde una perspectiva más lúdica y menos cargada de obligaciones simbólicas.
El legado indiscutible y la trascendencia
La intervención de Riquelme también confirmó algo que el análisis deportivo ya había establecido: la imposibilidad de comparar directamente a Maradona y Messi en términos de quién fue superior. Ambas figuras operaron en contextos distintos, con reglas de juego diferentes, con tecnología desigual y con presiones mediáticas de características divergentes. Cuando el ídolo de Boca dice "Si no fue el mejor de todos los tiempos, está ahí", está reconociendo precisamente eso: que el debate es bizantino y que lo verdaderamente relevante es que ambos alcanzaron cimas que muy pocas personas en la historia del deporte han logrado. Esa afirmación contiene sabiduría, pues evita caer en discusiones estériles que han caracterizado a buena parte de la sociedad argentina durante las últimas décadas.
Riquelme también valoró explícitamente la decisión de Messi de haber jugado en España durante la mayor parte de su carrera en Europa. Lejos de interpretarlo como una deserción o falta de lealtad al fútbol argentino, lo presentó como una elección que enalteció al país de origen, demostrando que los futbolistas argentinos tienen capacidad de competir y brillar en los escenarios más exigentes del mundo. La mención de que Messi "tuvo fácil para jugar en España" podría interpretarse como una referencia a que sus cualidades fueron tan evidentes que no enfrentó resistencias significativas en su inserción al fútbol europeo de élite.
Implicancias y perspectivas futuras
Las declaraciones de Riquelme abren interrogantes sobre cómo la sociedad argentina procederá a incorporar la ausencia de Messi en la Selección. Durante aproximadamente veintitrés años, el futbolista fue una constante en los planteles nacionales, representando una cierta continuidad institucional que, más allá de los resultados, ofrecía estabilidad emocional a los aficionados. Su retiro genera un vacío que trasciende lo puramente deportivo: es también un símbolo del paso del tiempo y del ciclo generacional. Desde esta perspectiva, las palabras de Riquelme funcionan como una especie de ritual de clausura, de reconocimiento de que una era ha terminado y que es necesario transitar hacia nuevas etapas.
La recomendación de que Messi permanezca en el exterior también plantea consecuencias a nivel de la industria del fútbol argentino. Algunos sectores podrían argumentar que una participación del astro en algún club local habría generado ingresos económicos significativos, atracción mediática internacional y proyección global para la institución receptora. Otros, en cambio, podrían concordar con Riquelme en que preservar a Messi como una figura de pertenencia nacional, no sectaria, representa un beneficio intangible pero considerable en términos de cohesión social deportiva. La multiplicidad de interpretaciones respecto de esta cuestión refleja la complejidad inherente a las decisiones que rodean la carrera de futbolistas de magnitud excepcional, donde consideraciones económicas, emocionales, políticas y culturales se entrelazan inevitablemente.



