El 2025 llegó a River como una sucesión de embates. Algunos dejaron cicatrices profundas, otros apenas rozaron el orgullo del club. Pero todos, sin excepción, obligaron al plantel de Marcelo Coudet a replantearse estrategias, mentalidades y certezas. Ahora, con la derrota reciente ante el clásico rival todavía caliente, el equipo se apresta a recibir a Aldosivi en el estadio de Núñez este sábado a las 21:30. La pregunta que resuena en los pasillos es antigua como el fútbol mismo: ¿será esta la ocasión para demostrar que el equipo tiene resortes internos para reponerse?

Los antecedentes: un año de pruebas continuas

Retrocedamos al comienzo del año. En marzo, la Supercopa Internacional enfrentó a River contra Talleres, y el resultado fue despiadado: derrota en la tanda de penales. Una de esas derrotas que duelen de manera especial porque la victoria parecía al alcance de la mano. Sin embargo, lo que vino después fue alentador. Apenas algunos días más tarde, el equipo se presentó ante Atlético Tucumán por la novena fecha del torneo local y ganó 1-0, demostrando que la capacidad de levantarse existía. Fue un primer síntoma de que el equipo podía asimilar golpes y seguir adelante.

Pero esa resiliencia inicial no fue uniforme. Cuando llegó la eliminación en cuartos de final del Apertura ante Platense, la respuesta fue menos contundente. Una semana después, en la Copa Libertadores frente a Universitario, el equipo solo pudo empatar 1-1. Un resultado que dejó un regusto amargo y expuso cierta fragilidad en los momentos posteriores a las derrotas significativas. No fue un regreso triunfal, sino apenas un paso lateral que no satisfizo las expectativas internas del club.

Cuando la pausa ayuda: el efecto del tiempo entre partidos

Una variable que emergió con claridad a lo largo del año fue el papel del tiempo. Cuando River tuvo dias para recuperarse, procesarse y reorganizarse, los resultados mejoraban sensiblemente. Tal fue el caso después de la caída en el Mundial de Clubes ante Inter. Esta vez, el calendario fue benévolo: pasaron dieciocho días antes del siguiente desafío. Y cuando el equipo volvió a la cancha, lo hizo con contundencia. Goleó a Platense 3-1 en el debut del Clausura, mostrando una versión más concentrada, más ordenada y claramente más decidida en sus acciones. La pausa había permitido una recalibración táctica y mental que se reflejó en el desempeño.

Ese precedente se convirtió en un patrón importante: River respondía mejor cuando tenía espacio temporal para reflexionar sobre lo acontecido. Sin embargo, no siempre fue posible contar con ese lujo. Los calendarios apretados, las sucesiones de competiciones y la densidad de encuentros también caracterizaron buena parte del año, y en esos escenarios el equipo mostró vulnerabilidades distintas.

La turbulencia mayor: cuando los golpes se sucedieron sin tregua

El tramo más complicado del año llegó cuando se concentraron dos golpes seguidos sin respiro intermedio. River fue eliminado en cuartos de final de la Copa Libertadores por Palmeiras, y apenas cuatro días después debía presentarse en el Monumental ante Deportivo Riestra, ante quien cayó derrotado. Fue el doble impacto más duro de la temporada. La rapidez con la que llegó el segundo golpe no permitió procesar el primero, y el equipo se encontró debilitado, desconcentrado, sin los mecanismos defensivos para afrontar un nuevo desafío de magnitud.

Lo interesante es que, después de esa turbulencia, River logró encontrar cierto oxígeno. Un triunfo en los cuartos de final de la Copa Argentina ante Racing funcionó como un bálsamo momentáneo. No fue una solución definitiva, pero sí una señal de que el equipo seguía teniendo capacidad de respuesta incluso en sus momentos más complicados. El desafío radicaba en sostener esa tendencia positiva.

Oscilaciones y patrones irregulares hacia el final

El cierre de 2025 evidenció un patrón irregular que caracterizó gran parte del año. El 12 de octubre, River perdió 1-0 como local ante Sarmiento, una derrota más que se sumaba al registro negativo. Pero apenas seis días después, el equipo demostró que las respuestas seguían siendo posibles. Viajó a Córdoba y venció a Talleres 2-1, evidenciando que todavía existía fuego en el tanque, todavía había mentalidad competitiva y capacidad ofensiva para resolver partidos a favor.

Sin embargo, el golpe final del año fue el más profundo. La eliminación en Copa Argentina ante Independiente Rivadavia marcó el inicio de una cascada de resultados negativos. Lo que vino después fue una seguidilla de caídas, empates y decisiones adversas. Derrotas consecutivas ante Gimnasia y Boca, un empate con Vélez, y la salida prematura del torneo en octavos de final frente a Racing cerraron un ciclo que dejó al equipo tocado, sin confianza, con preguntas sin resolver sobre su verdadera capacidad competitiva.

El desafío inmediato: romper el ciclo negativo

Es en este contexto donde llega Aldosivi a Núñez. El equipo de Coudet se presenta con un historial contradictorio: ha demostrado capacidad para levantarse en algunos momentos, pero también ha caído en baches prolongados en otros. Los antecedentes de 2025 ofrecen señales mixtas, un menú de respuestas que no siempre se asemeja entre sí. Lo que está claro es que después del batacazo reciente ante Boca, el equipo necesita una reacción urgente.

El fútbol argentino, y especialmente el de River, se construye sobre la capacidad de resiliencia. No se trata solo de ganar partidos, sino de cómo se responde ante las adversidades, cómo se procesa la frustración y cómo se canaliza esa energía hacia adelante. En Núñez conocen este idioma perfectamente. La pregunta que flota en el aire es si el equipo logrará recordar esas lecciones que el propio 2025 le enseñó, o si caerá en la trampa de los momentos de baja que también caracterizaron el año. Porque después de cada sacudón, la reacción es lo que realmente define el carácter de un equipo.