La matemática ya no le da margen al Club Atlético River Plate. Lo que hasta hace unos días era una posibilidad concreta —cerrar la fase regular como líder de la Zona B del torneo Apertura y obtener la ventaja de localía en todas las instancias de los playoffs— quedó reducido a cenizas después de que Independiente Rivadavia aplastara por 5 a 1 a Gimnasia de Mendoza. El resultado no solo consolidó al conjunto mendocino en la cima, sino que volvió matemáticamente imposible que el equipo dirigido por Eduardo Coudet lo alcance, incluso si gana su último partido. El Millonario tendrá que recorrer el camino más exigente: la definición fuera de casa.
Para entender la magnitud de lo que se perdió, hay que dimensionar qué significa en el fútbol argentino moderno ser primero de zona. Desde que la Asociación del Fútbol Argentino reformó su sistema de competencia e incorporó las fases de grupos con playoffs, la localía en los cruces decisivos dejó de ser un detalle menor para convertirse en una ventaja táctica y anímica de peso. Los equipos que definen en su estadio no solo tienen el apoyo de su hinchada, sino también la eliminación de los costos logísticos y emocionales de los viajes. River, con el Estadio Monumental —el más grande del país, con capacidad para más de 84.000 espectadores— perdió la posibilidad de aprovechar ese escudo.
Cómo se cerró la puerta
El camino hacia el primer lugar requería una combinación de resultados que, en el fútbol, pocas veces se dan todos juntos. La primera vía que tenía el Millonario era ganar su compromiso pendiente ante Atlético Tucumán —a jugarse el sábado, un día después del viaje a Brasil para enfrentar a Bragantino por la Copa Sudamericana— y esperar que Independiente Rivadavia tropezara en sus dos últimas fechas: justamente ante Gimnasia de Mendoza y luego contra Aldosivi. Además, necesitaba que Argentinos Juniors no sumara de a tres en ninguno de sus dos compromisos restantes. Si todo eso ocurría, se generaba un triple empate en puntos que se resolvía por diferencia de gol, terreno en el que River partía con ventaja: +11 contra +5 del conjunto de La Paternal.
La segunda posibilidad era aún más intrincada. Implicaba que River empatara con el equipo de Julio César Falcioni, que los dirigidos por Alfredo Berti cayeran en sus dos encuentros pendientes —dejando al equipo mendocino con 30 puntos, al igual que el Millonario— y que Argentinos no sumara más de tres unidades en las fechas restantes. En ese escenario, también se definía por diferencia de gol, con ventaja para el equipo de Núñez. Pero ninguna de las dos alternativas prosperó. La Lepra no falló: goleó con autoridad y se instaló en los 33 puntos, mientras River se quedó con 29 y sin margen de reacción.
El único objetivo que queda en pie
Con la cima descartada, el foco del cuerpo técnico y el plantel se traslada por completo hacia el segundo puesto de la zona. Para eso, River necesita ganar ante Atlético Tucumán en la última jornada de la fase regular. Ese resultado lo dejaría con 32 puntos y le aseguraría una posición expectante de cara a los playoffs, aunque sin la comodidad de ser anfitrión en todos los cruces. El desafío adicional está en el contexto: el partido se jugará en un momento de alta demanda física y mental, ya que el equipo tendrá que afrontar previamente la exigencia de la competencia internacional. Jugar ante Bragantino en territorio brasileño y luego volver a Argentina para un compromiso de liga en el que hay puntos importantes en juego es una prueba de gestión de plantel tanto como de fútbol.
El rendimiento reciente de River no había sido del todo convincente antes del triunfo ante Aldosivi en el Monumental. La victoria frente al conjunto marplatense le permitió acercarse transitoriamente al líder y mantener viva la ilusión, pero esa chispa se apagó rápido. El equipo de Coudet viene construyendo una identidad de juego con algunas variantes interesantes —mayor presión adelantada, variedad en las asociaciones del mediocampo— aunque todavía muestra cierta inconsistencia en los resultados que le impide sostener rachas ganadoras prolongadas. Esa irregularidad fue, en parte, la que dejó escapar la punta.
Independiente Rivadavia, por su parte, viene haciendo un torneo notable. El club mendocino, con una historia marcada por altibajos y períodos prolongados fuera de la élite del fútbol argentino, está protagonizando una de sus mejores campañas en años. Llegar a 33 puntos con una fecha aún por disputarse habla de una consistencia que pocos esperaban al inicio del certamen. La Lepra, que supo jugar muchas temporadas en el ascenso antes de volver a Primera División, hoy lidera una zona en la que compiten clubes de enorme tradición y recursos. No es un dato menor.
Las consecuencias de este cierre de zona abren distintas lecturas. Para River, jugar los playoffs sin localía garantizada en todas las instancias implica un escenario de mayor exigencia, aunque no necesariamente de derrota anticipada: en la historia del fútbol argentino y continental, los equipos grandes han demostrado capacidad para ganar afuera de casa cuando el nivel del plantel lo permite. Para Independiente Rivadavia, la localía será un activo valioso que deberá saber aprovechar ante rivales de mayor infraestructura económica. Para el torneo en sí, la definición abierta y competitiva entre equipos de distintas realidades puede ser una señal de que el nuevo formato está logrando uno de sus objetivos declarados: que más clubes puedan aspirar a los primeros puestos. Si ese equilibrio se sostiene o si los grandes terminan imponiéndose en las instancias finales, es algo que solo el desarrollo de los playoffs podrá responder.



