La jornada de trabajo matutina en el predio de Ezeiza deparó el alivio que el cuerpo técnico necesitaba. Después de una contienda de desgaste físico en el noroeste del país, donde las condiciones climáticas adversas y la intensidad del rival generaron preocupación sobre la integridad muscular de dos piezas fundamentales, el panorama mejoró considerablemente. Tomás Galván y Tobías Andrada completaron los ejercicios sin restricciones, lo que amplifica las posibilidades estratégicas de Leonardo Ponzio para el próximo desafío de importancia que aguarda en el Monumental. Este martes fue más que una simple sesión: fue el termómetro que indicaba si el equipo podría mantener su escalada en la tabla o si debería hacer ajustes forzados por la coyuntura lesionaria.
El antecedente inmediato pesaba en el ambiente. La visita a Tucumán no fue un trámite cualquiera. El José Fierro, convertido en un barrial por la lluvia incesante, recibió a un Atlético que nunca regala nada en casa y que suma entre sus características la presión constante y la marca asfixiante. Bajo esas circunstancias, tanto el oriundo de Flores como el nacido en la cantera millonaria sintieron el castigo del esfuerzo extremo. Andrada quedó resentido del sistema nervioso periférico tras forzar sus extremidades en el barro, mientras que Galván cargaba una molestia en el sector del tobillo que podría haber comprometido su disponibilidad para los compromisos venideros. La duda flotaba en el aire durante el fin de semana.
El regreso a la normalidad: señales alentadoras desde Ezeiza
Ponzio, comunicándose desde la provincia norteña en las horas posteriores al encuentro, había transmitido un mensaje cauteloso pero esperanzador. Reconoció la existencia de los malestares pero relativizó su magnitud, anticipando que se trataba de situaciones que desaparecerían con el descanso apropiado. El domingo, dedicado al reposo tras el desgarro emocional y físico de noventa minutos en condiciones extremas, funcionó como primer escalón en la recuperación. Luego vino el lunes, cuando el plantel suplente tuvo oportunidad de disputar un amistoso ante un conjunto de divisiones menores, permitiendo que los titulares extendieran su regeneración biológica.
Cuando llegó la mañana del martes y los volantes pisaron el Camp nuevamente, las cosas fluyeron con naturalidad. No fue necesario recurrir a resonancias magnéticas ni a protocolos sofisticados de fisioterapia acelerada. Los dolores, que en las primeras horas parecían estructurales, se diluyeron en el transcurrir de las horas. Andrada demostró movimiento pleno en sus articulaciones, ejecutando los trabajos técnicos y tácticos sin gesto de molestia. Galván, por su parte, pisó con firmeza en el tobillo que lo preocupaba, completando las progresiones de velocidad sin limitación alguna. La noticia viajó rápidamente a través de la estructura del club: el equipo que había funcionado con coherencia en las últimas jornadas podría perpetuarse sin alteraciones.
Moreno: la espina que permanece clavada en el esquema
Sin embargo, no todo resplandece en el panorama del plantel millonario. Mientras Galván y Andrada regresaban al funcionamiento normalizado, Aníbal Moreno continuaba transitando una realidad distinta. La discopatía lumbar que lo aqueja no ha mostrado signos de resolución expedita. Tres encuentros consecutivos quedaron fuera de su alcance por esta afección en la región baja de la columna vertebral, una zona que históricamente representa una complejidad mayor en términos de recuperación deportiva. El ex jugador se desplaza de manera diferenciada durante las prácticas, realizando tareas modificadas mientras el resto del plantel avanza en su preparación convencional. Los plazos de retorno permanecen imprecisos, lo que genera incertidumbre sobre cuándo volverá a estar disponible para competir.
La gravedad relativa de esta lesión radica en su localización. Una discopatía lumbar no es una molestia que desaparezca con descanso pasivo de tres o cuatro días. Requiere, según la evaluación de los especialistas, un proceso gradual de rehabilitación donde cada movimiento se calibra cuidadosamente. Esto explica por qué desde la institución miran con atención hacia la fecha FIFA que próximamente interrumpirá la competencia doméstica. Ese receso, que otros equipos utilizarán para partidos internacionales, podría aprovecharse en el caso de Moreno para intensificar su tratamiento recuperatorio sin la presión de competencias inminentes. Es un escenario que pinta esperanzador a mediano plazo, pero que deja al cuerpo técnico con una pieza fundamental fuera de la ecuación para los próximos compromisos locales.
El panorama que se reconfigura en Núñez así presenta matices. Por un lado, la confirmación de que Galván y Andrada están operativos abre la posibilidad de que Ponzio reitere la alineación que ha funcionado en las últimas cuatro presentaciones. La continuidad en el once inicial, cuando los resultados acompañan, es una herramienta valiosa para consolidar una dinámica grupal. River viene escalando posiciones tanto en la zona de su grupo como en la tabla anual del torneo cerrado, transformando lo que parecía imposible hace algunas fechas en una meta alcanzable: la clasificación a la próxima Copa Libertadores. Cada punto suma, cada victoria construye momentum, y la ausencia de cambios forzados por lesión robustece esta construcción. Por otro lado, la ausencia de Moreno obliga a ajustes que limitan opciones de recambio en el mediocampo, un sector donde la rotación estratégica suele ser clave para mantener frescura física a lo largo de una campaña extenuante.
El encuentro del sábado en el Monumental frente a Huracán no admite alternativas: será tratado como una final de acuerdo a la lógica competitiva que sostiene Ponzio. El Globo viene de derrotar a Racing, un rival de jerarquía, y ha demostrado historicamente que disfruta de los desafíos contra los grandes. River, con su equipo de volantes disponible y sus opciones de continuidad táctica, buscará confirmar la tendencia positiva. Lo que suceda en las próximas horas, si no emergen contratiempos inesperados, determinará si el equipo que ha mostrado coherencia podrá mantenerse íntegro o si nuevas complicaciones lesionarias forzarán los planes. El descanso, los trabajos diferenciados y el monitoreo permanente son herramientas que el cuerpo técnico maneja mientras espera que la semana transcurra sin sorpresas desagradables.
Las dinámicas lesionarias en el fútbol de élite funcionan como variables que escapan al control absoluto de cualquier estructura. Algunos equipos, a lo largo de una temporada, logran transitar campañas con una relativa estabilidad en sus efectivos; otros cargan con una crónica de ausencias que condicionan sus objetivos. River se encuentra en una encrucijada donde los próximos días determinarán si la buena noticia de este martes se consolida en una tendencia o si nuevas complicaciones erosionan las expectativas. La recuperación de Moreno en plazos que coincidan con la reanudación post-FIFA, la continuidad de Galván y Andrada sin recaídas, y la ausencia de nuevos cuadros clínicos en el resto del plantel son los escenarios que distintos observadores, desde diferentes ópticas, esperan o temen que se materialicen en el futuro inmediato.



