La matemática del torneo se vuelve cada vez más despiadada para San Lorenzo. En menos de dos días, el Ciclón debe visitar a Defensa y Justicia en el reducto de Varela para disputar un encuentro que podría resultar determinante en sus aspiraciones dentro del Torneo Clausura y, simultáneamente, en su búsqueda por alcanzar un boleto hacia la próxima edición de la Copa Sudamericana. Sin embargo, la tarea que enfrenta Rubén Darío Insua en el banco de suplentes dista de ser sencilla: las bajas forzadas, las recuperaciones incompletas y las dudas tácticas que persisten tras apenas dos partidos al mando del equipo configura un escenario de considerable complejidad para armar un once competitivo.

La primera complicación surge desde la disciplina. Tras la expulsión que sufrió Manuel Insaurralde en el clásico ante Boca, el defensor quedará fuera de circulación por dos fechas, lo que lo inhabilita automáticamente para el partido de este sábado a las 14.45 en el estadio Tito Tomaghello. Esta ausencia en el lateral izquierdo no es un detalle menor: Insaurralde representa una pieza que ha tenido continuidad en el esquema del equipo, y su no disponibilidad obliga al técnico a recurrir a alternativas que, hasta el momento, no han generado certeza plena. La suspensión abre un abanico de posibilidades que Insua ha comenzado a explorar en los entrenamientos, pero que todavía no ha cristalizado en una decisión definitiva.

Las múltiples caras del mediocampo

En el corazón del campo, donde San Lorenzo necesita controladores que marquen ritmo y ordenen el juego, Insua enfrenta un dilema considerable. Durante el primer trabajo táctico pensado específicamente para enfrentar al Halcón, el entrenador optó por conformar el eje de la cancha con Mauricio Cardillo y Nicolás Tripichio como dupla central. No obstante, el panorama lejos está de estar cerrado. Ignacio Perruzzi, quien durante las últimas semanas se vio limitado por molestias en el tobillo, ha superado esa lesión y nuevamente está disponible para ser tenido en cuenta en las consideraciones del técnico. Su regreso amplía las opciones, pero también genera nuevas dudas sobre quién debería ocupar esa posición.

Paralelamente, Martín Río también ha regresado al trabajo con el grupo de manera completa después de transitar una distensión muscular en el cuádriceps de la pierna izquierda. El ex futbolista de Banfield y Talleres ya se entrena sin restricciones, pero la falta de minutos acumulados en competencia lo coloca en una posición de desventaja respecto a sus competidores directos por la titularidad en el puesto de volante de contención. A esta nómina de candidatos se suma Gonzalo Alassia, un juvenil de la cantera que desde la llegada de Insua ha tenido escasas oportunidades en el plantel profesional y que deberá demostrar en esta circunstancia si está preparado para dar el salto hacia una responsabilidad mayor.

Existe además una variante táctica que el cuerpo técnico considera seriamente: desplazar a Tripichio hacia el sector derecho del campo, ocupando la posición que actualmente cubre Ezequiel Herrera, para así modificar completamente la estructura de la zona media. Este cambio implicaría no solo reorganizar la dupla central de mediocampistas, sino también replantear el rol de quienes lo acompañen. La realidad es que todas estas opciones permanecen abiertas y que, según lo planificado, la definición llegará durante el entrenamiento a puertas abiertas que se llevará a cabo en las instalaciones de Ciudad Deportiva.

Ajustes en la línea defensiva que generan sorpresas

Si la incertidumbre reina en el mediocampo, la defensa no se queda atrás. En los ensayos realizados, Insua sorprendió al staff técnico al probar a Franco Lorenzón en el rol de defensor central, desplazando a Emiliano Amor de esa posición. Este cambio constituiría un movimiento de importancia considerable, particularmente teniendo en cuenta que Amor se ha consolidado como uno de los referentes más experimentados del equipo defensivo. La eventual inclusión del joven ex Morón implicaría un giro significativo en la estructura de la retaguardia, una apuesta al presente por sobre la experiencia que acumula su competidor.

En el lateral izquierdo, donde antes estaba Insaurralde, continúa la puja entre Mathías De Ritis y Teo Rodríguez Pagano, dos laterales cuyo rendimiento ha oscilado según el partido. Esta disputa se mantiene abierta, y cada encuentro representa una nueva oportunidad para que alguno de ellos consolide su posición en el once titular. En el frente de ataque, por su parte, la estructura parece presentar menos complejidades. Facundo Farías continúa siendo el responsable de generar juego desde las bandas, mientras que Alexis Cuello y Rodrigo Auzmendi funcionarían como los hacedores de presencia física y referencia dentro del área.

Lo cierto es que después de apenas dos encuentros dirigiendo al equipo, Insua aún transita un proceso de exploración y ajuste. Las pruebas que realiza no responden únicamente a las limitaciones impuestas por las lesiones y las sanciones, sino también a su búsqueda genuina por identificar cuál es la mejor versión disponible del Ciclón. En Boedo, se respira una atmósfera de incertidumbre que, al mismo tiempo, también puede interpretarse como apertura hacia nuevas posibilidades. Todo parece indicar que las definiciones finales llegarán en las últimas horas previas al viaje hacia Varela, cuando el trabajo cotidiano termine de despejar las interrogantes que persisten.

Los próximos días determinarán no solo qué once saltará a la cancha el sábado, sino también qué dirección tomará el equipo en lo que resta del campeonato. Las decisiones que Insua adopte en materia de formación y selección de jugadores pueden repercutir significativamente en las posibilidades de San Lorenzo de alcanzar sus objetivos. La competencia interna, las recuperaciones de lesionados y las variantes tácticas abiertas conforman un escenario donde prácticamente nada está definido con certeza, lo que podría interpretarse tanto como una fortaleza —una plantilla con múltiples opciones— como una debilidad, si la falta de claridad táctica se traduce en desorganización dentro del terreno de juego.