Hay momentos en el deporte en que los números dejan de ser estadísticas frías y se convierten en algo parecido a una declaración de época. Lo que está haciendo Jannik Sinner en los torneos Masters 1000 del circuito ATP pertenece exactamente a esa categoría. El italiano de 23 años acumuló su 24ª victoria consecutiva en esta categoría de torneos —la más exigente del calendario detrás de los Grand Slams— tras despachar con autoridad al clasificado danés Elmer Moller por 6-2 y 6-3 en la tercera ronda del Mutua Madrid Open este domingo. El resultado, más que un simple pasaje de ronda, lo catapultó a una lista en la que, desde que los Masters 1000 existen como categoría formal en 1990, solo figuran dos nombres más: Roger Federer y Novak Djokovic. Lo que cambia con este hito es la percepción del tenis actual: ya no se puede hablar de Sinner como una promesa cumplida o un tenista en ascenso. Estamos ante una dominancia que tiene raíces históricas.

Un nivel de consistencia que no se veía desde la era dorada del deporte blanco

Para dimensionar lo que implica ganar 24 partidos seguidos en Masters 1000, vale recordar el contexto. Estos torneos reúnen a los mejores del mundo en superficies variadas, con cuadros de altísimo nivel desde la primera ronda. No se trata de torneos menores ni de semanas donde el rival de turno llega con alguna molestia física. Ganar uno de estos eventos ya es un logro mayor. Encadenar cuatro títulos consecutivos —como hizo Sinner en París 2025, luego en Indian Wells, Miami y Monte Carlo en lo que va de 2026— es algo que roza lo impensado. El único registro histórico más extenso lo ostentan Djokovic, que llegó a 31 victorias seguidas entre Indian Wells y Cincinnati en 2011, y repitió una racha de 30 partidos entre París 2014 y Canadá 2015; y Federer, que hilvanó 29 victorias consecutivas entre Hamburgo 2005 y Monte Carlo 2006. Sinner no solo entró a ese club: lo está persiguiendo.

Más allá del récord de victorias acumuladas, hay otro dato que ilustra con crudeza la superioridad del número uno del mundo en esta etapa: durante estas 24 victorias seguidas, Sinner ganó 48 de los 50 sets disputados. Solo dos jugadores lograron arrancarle un set, y ambos lo hicieron en tie-break. El checo Tomas Machac le sacó el segundo set en Monte Carlo con un apretado 7-3 en el desempate, aunque igualmente cayó por 6-1, 6-7(3) y 6-3. El francés Benjamin Bonzi hizo lo propio en la primera ronda de Madrid, ganando el set inicial en un tie-break por 7-6(6), pero tampoco pudo sostener el nivel y terminó perdiendo 6-7(6), 6-1 y 6-4. El mensaje es claro: cuando Sinner no está en su mejor nivel, igual gana. Y cuando está bien, gana con comodidad.

El partido ante Moller: eficiencia sin alardes

El encuentro de este domingo ante Moller no fue una final de Grand Slam ni un duelo de alta intensidad emocional, pero sí fue una clase magistral de cómo administrar un partido sin desperdiciar energía. Sinner se fue al frente rápidamente, construyó una ventaja de doble quiebre y llegó al 5-1 en el primer set antes de ceder su único servicio del partido. Sin inmutarse, rompió de inmediato en el siguiente game y cerró el set. En el segundo, el italiano y el danés se mantuvieron en sus servicios durante los primeros cinco juegos hasta que Sinner abrió brecha en el 4-2 y, desde ahí, no hubo más drama. El partido terminó en menos de una hora y media, sin desgaste físico relevante, lo cual es también parte de la estrategia en un torneo que se extiende durante una semana.

El propio Sinner reconoció tras el partido que el nivel fue superior al que mostró ante Bonzi en la ronda anterior. "Estuve un poco mejor, aunque obviamente era un rival diferente", dijo. "Intenté mantener la calma y sacar bien en los momentos importantes. No había mucho ritmo en el partido, así que traté de mantenerme sólido. Veremos qué pasa en la próxima ronda", agregó el italiano con la mesura que lo caracteriza fuera de la cancha. Esa capacidad para no sobreacturar ni en la victoria ni en la dificultad parece ser también parte de su fórmula.

El próximo rival y el camino que viene en Madrid

El martes, Sinner tendrá enfrente al británico Cam Norrie, ubicado en el puesto 19 del ranking, quien avanzó a la cuarta ronda tras superar al argentino Thiago Agustín Tirante en dos sets por 7-5 y 7-6(5). Tirante había llegado a ese punto luego de eliminar al estadounidense Tommy Paul, sembrado 15, en la ronda anterior. Será el primer cruce entre Sinner y Norrie en el circuito, lo cual añade una cuota de incertidumbre al resultado, aunque los registros históricos del italiano en este torneo y en esta racha hablan por sí solos.

Madrid es, además, una superficie que Sinner conoce bien. La arcilla madrileña, a diferencia de la de Roma o Roland Garros, se juega a mayor altitud —667 metros sobre el nivel del mar—, lo que hace que la pelota vuele más rápido y reduzca algo la ventaja típica de los especialistas en polvo de ladrillo. Históricamente, eso le ha dado más posibilidades a los tenistas de fondo de cancha con buen saque y primer golpe, exactamente el perfil de Sinner. Que el italiano haya ganado Monte Carlo —sobre la arcilla más lenta del calendario— apenas unas semanas atrás demuestra que su dominio no depende de las condiciones: es transversal.

Las implicancias de una racha que reescribe el presente del tenis

La pregunta que sobrevuela el circuito es hasta dónde puede llegar esta racha y qué significa para el tenis de los próximos años. Para algunos especialistas, la dominancia de Sinner en los Masters 1000 evoca el período más aplastante de Djokovic en la primera mitad de la década pasada, cuando el serbio parecía imbatible en esta categoría. Para otros, la comparación es apresurada: Djokovic llegó a esas rachas con una cantidad de Slams en el bolsillo que Sinner todavía no acumuló. Lo que sí es claro es que el italiano lidera el ranking mundial con autoridad y que, al menos en el circuito semanal de los mejores torneos del mundo, nadie está siendo capaz de detenerlo. Si Sinner continúa avanzando en Madrid y consigue el título, su racha ascendería a 27 victorias consecutivas en Masters 1000, cifra que lo acercaría peligrosamente a los registros históricos de Federer. Si cayera en alguna de las rondas que vienen, la racha se corta, pero la marca de haber llegado a este punto seguirá en los libros de historia del tenis. De uno u otro modo, lo que está construyendo Sinner ya tiene peso propio.