Hay números que celebran y hay números que incomodan. En el caso de Stephen Curry, el base de los Golden State Warriors que redefinió el basquetbol moderno con su manejo del tiro de tres puntos, acaba de quedar atrapado en uno del segundo tipo. Con la reciente eliminación de su equipo de la carrera por los playoffs, Curry igualó a Moses Malone, Kevin Garnett y Derrick Rose como los ganadores del premio MVP con más temporadas fuera de la postemporada en toda la historia de la NBA. Son siete ausencias en total. El dato no cambia su legado, pero sí plantea preguntas incómodas sobre el presente y el futuro inmediato de una franquicia que, con uno de los mejores jugadores de todos los tiempos en su plantilla, lleva cuatro temporadas sin playoffs en los últimos siete años.

El peso de un número que no cierra con el nombre

Para entender la rareza de esta estadística, hay que partir de una premisa básica del basquetbol profesional: tener a un jugador de nivel MVP en el equipo casi garantiza, como mínimo, una participación anual en la postemporada. La historia de la liga norteamericana está llena de ejemplos en ese sentido. LeBron James, por caso, llegó a disputar ocho Finales consecutivas entre 2011 y 2018. Michael Jordan jamás perdió una serie de playoff una vez que comenzó a dominar la liga. La presencia de un jugador superlativo suele ser suficiente para al menos asomarse a la fiesta de abril y mayo. Curry, sin embargo, representa una excepción que vale la pena analizar con cuidado, porque sus ausencias no responden a su nivel de juego —que sigue siendo de élite— sino a decisiones de construcción de plantel que fueron erosionando el entorno competitivo que supo rodearlo.

El cálculo matemático es elocuente. A lo largo de sus 17 temporadas en la NBA, el escolta nacido en Charlotte lleva 7 temporadas sin ver los playoffs, lo que representa el 41,2 por ciento de su carrera. Por contraste, Garnett —que jugó 21 temporadas— quedó afuera en el 33,3 por ciento de sus años activos, y Malone —con 19 temporadas— lo hizo en el 36,8 por ciento. En términos proporcionales, Curry ya los supera a ambos. Y si bien Rose integra ese grupo de cuatro, su caso es diferente: las lesiones devastaron su carrera antes de que pudiera consolidarse como un dominador sostenido, algo que no le ha ocurrido al base de Golden State, quien sigue siendo un jugador de primer nivel en cualquier cancha de la liga.

Decisiones del front office que pesan más que el juego

Una parte importante de esta historia no sucede en la cancha. Sucede en las oficinas. La franquicia de San Francisco acumuló, en los últimos años, una serie de movimientos en el draft y en el mercado de transferencias que hoy se perciben como errores difíciles de justificar. El caso más citado es el de James Wiseman, seleccionado en el puesto número dos del draft de 2020, por delante de jugadores que hoy son piezas clave en equipos competitivos: LaMelo Ball, que se convirtió en una de las figuras más dinámicas de la liga; Tyrese Haliburton, hoy figura indiscutida en Indiana Pacers; y Deni Avdija, quien encontró su mejor versión en Portland. Es cierto que en el momento de esa elección el consenso general favorecía a Wiseman, y que apostar por los otros nombres con el pick dos habría generado críticas. Pero el resultado final es inobjetable: la apuesta no funcionó, y los Warriors pagaron ese costo durante varias temporadas.

El elenco actual que acompaña a Curry tampoco genera demasiado optimismo de cara al futuro inmediato. Draymond Green, pilar defensivo del ciclo dorado de Golden State, ya está en la última etapa de su carrera y su rendimiento ya no es el de los años de mayor protagonismo. Jimmy Butler, incorporado con la expectativa de ser el segundo gran nombre del equipo, llega a esta etapa condicionado por una rotura de ligamento cruzado anterior que requiere tiempo de recuperación real. Construir un equipo ganador en torno a un base de más de 36 años con ese tipo de soporte es, cuanto menos, un desafío mayúsculo.

Un legado que ninguna estadística incómoda puede borrar

Aun con todo esto sobre la mesa, es imprescindible no perder de vista el cuadro completo. Curry es, según los análisis comparativos más serios de la historia de la liga, uno de los quince mejores jugadores de todos los tiempos. Su palmarés incluye cuatro títulos de la NBA, un trofeo de MVP de las Finales, dos premios al MVP de la temporada regular y dos subcampeonatos adicionales. Lo que es aún más llamativo: logró seis presentaciones en las Finales en apenas diez apariciones en playoffs, una tasa de conversión formidable que cobra mayor dimensión si se considera que lo hizo saliendo de la Conferencia Oeste, históricamente la más competitiva y exigente de las dos. Durante la década dorada de los Warriors, entre 2015 y 2019, el equipo fue el estándar al que todos los demás intentaban aproximarse.

El tiro de tres puntos moderno, tal como lo practica y popularizó Curry, transformó no solo su franquicia sino la forma en que se juega al basquetbol en el mundo entero. Equipos universitarios, ligas internacionales y hasta la selección argentina adaptaron sus esquemas en respuesta a lo que él demostró que era posible. Eso no tiene precio ni se mide en ausencias de playoffs. La influencia de Curry sobre el juego es de esas que trascienden los resultados de temporada.

¿Podría Curry, llegado cierto punto, optar por cambiar de equipo para intentar alargar su ventana competitiva? En el contexto histórico de la NBA, movimientos así han ocurrido entre los más grandes: desde Kareem Abdul-Jabbar dejando Milwaukee hasta LeBron James tomando decisiones libres que lo llevaron a distintas franquicias. Curry, hasta ahora, no parece inclinado a ese camino, aunque la historia del deporte enseña que pocas cosas pueden descartarse por completo. Las consecuencias de este momento serán múltiples y dependerán de variables aún inciertas. Si los Warriors logran rodear a Curry con un elenco competitivo, el récord de ausencias podría quedarse en siete. Si la franquicia no da ese salto, el registro podría crecer y Curry quedaría como el único MVP de la historia con más temporadas fuera de los playoffs que nadie más. Para los que creen en los números como medida del legado, eso importa. Para quienes prefieren mirar la cancha, la pregunta es otra: ¿cuántas chances más le quedan a uno de los jugadores más influyentes de la historia para volver a competir por un anillo?