La realidad golpeó donde menos la esperaba. Claudio Ubeda llegaba a la instancia de octavos de final de la competencia continental con un equipo que parecía blindado: catorce encuentros consecutivos sin derrota en el torneo local le daban la sensación de tener todo bajo control. Sin embargo, lo que sucedió en el campo desarmó ese relato de solidez que tanto tiempo había construido. La eliminación ante Huracán no solo significó abandonar la lucha por una copa que la institución lleva tres años sin conquistar, sino también exponer las grietas que se escondían bajo una racha que, para muchos, resultaba engañosa respecto al verdadero estado del equipo.

Cuando se le consultó de manera directa si consideraba que lo ocurrido constituía un fracaso, el entrenador evitó la respuesta más obvia. En lugar de asumir esa categoría, buscó refugiarse en lo que consideraba lo relevante: el esfuerzo desplegado y la entrega de sus futbolistas. "Teníamos la obligación de avanzar pero los chicos dejaron todo. Me quedó eso. Entregamos todo lo que teníamos", fue su reflexión inmediata. La postura de Ubeda evidencia una estrategia común entre técnicos cuando enfrentan resultados adversos: redefinir el fracaso en términos de proceso más que de resultado. Aunque el desenlace fuera negativo, según su lectura, el desempeño en sí mismo no merecía las críticas más severas. Se mostró entero, sin signos de quiebre emocional, como queriendo transmitir que lo ocurrido era parte de un camino más largo que aún estaba por recorrerse.

El equipo que desapareció en el peor momento

Lo paradójico reside en que el equipo que Ubeda había elogiado por su inteligencia táctica durante todo el semestre desapareció precisamente cuando más se lo necesitaba. Durante esos catorce partidos sin derrotas en el certamen doméstico, la propuesta futbolística exhibía características que el técnico consideraba identitarias: orden, circulación de balón, presión coordinada. No obstante, cuando llegó el momento de replicar ese funcionamiento en la Libertadores, los resultados indicaron otra cosa. Dos derrotas en la competencia continental sellaron un destino que nadie esperaba. La caída ante los de Flores no fue solo el cierre de una puerta; fue la evidencia de que existe una brecha importante entre lo que se hace en un torneo doméstico y lo que se requiere en una copa internacional.

En paralelo, surgió una característica que comenzó a definir al equipo en estos últimos encuentros: la dificultad para concretar oportunidades. Ubeda lo reconoció sin esquivar el problema, aunque sí intentó contextualizar la situación. Sus delanteros, en particular Miguel Merentiel, enfrentaban una sequía que contrastaba con los rendimientos anteriores. En el juego contra Huracán, el atacante había tenido tres ocasiones claras de gol y no aprovechó ninguna. Esto no era casualidad ni mala suerte aislada: reflejaba una crisis ofensiva que se hacía cada vez más evidente. "Hay que respaldarlo y trabajar para generar las ocasiones. Para la Libertadores no podemos desperdiciar tantas ocasiones y vamos a achicar ese margen de error", planteó el técnico, reconociendo que tanto Merentiel como Adam Bareiro atravesaban un momento delicado en términos de confianza y efectividad.

El peso de la defensa y la urgencia de corregir

Donde Ubeda hizo más énfasis fue en los errores defensivos que, según su análisis, resultaron determinantes. No se trataba de errores genéricos ni producto de ejecución desafortunada, sino de problemas de concentración que habían aparecido en momentos críticos. En concreto, señaló un gol encajado en el minuto cinco por un error defensivo que marcó el tono del encuentro. Para el técnico, esto representa un punto de quiebre conceptual: el equipo no puede permitirse esos desperfectos cuando la competencia se torna más exigente. "No podemos cometer los errores que venimos cometiendo en las dos finales que tendremos por delante. Lo vamos a trabajar para evitar pero no puede ocurrir en la Libertadores. No podemos arrancar perdiendo al minuto cinco por un error", advirtió con un tono que mezcló la preocupación genuina con la determinación de subsanar lo ocurrido.

Lo singular de esta situación reside en que Ubeda no tiene lujo de tiempo para procesamiento emocional ni reflexión profunda. La próxima tarea es doble y aparentemente de menor relevancia que una copa internacional, pero que en la lógica competitiva de cualquier club resulta trascendental: dos encuentros corresponden a la fase de grupos de la Libertadores contra Cruzeiro y Católica. Aunque técnicamente están considerados "compromisos" dentro de una estructura grupal, Ubeda los definió como "finales", una denominación que trasciende la semántica. Con esta perspectiva, el técnico intenta reencauzar el rumbo del equipo hacia objetivos que puedan ser alcanzables, evitando que la frustración por la eliminación se perpetúe. "Hay que levantar cabeza lo más rápido posible. Fue lo primero que empezamos a decir. Tenemos competencia por delante. Hay que levantar la cabeza ya mismo. Vamos por dos partidos que nos marcan. Son dos finales contra Cruzeiro y contra Católica y sé que el equipo va a responder", expresó con una firmeza que intentaba proyectar seguridad hacia adentro del plantel.

La realidad que enfrentará Ubeda en las próximas semanas será compleja. El equipo deberá despojarse de la sensación de fracaso sin negar que existe un problema concreto: la capacidad para competir en certámenes internacionales de mayor envergadura. La racha invicta de catorce partidos en el torneo local, que durante meses fue presentada como un síntoma de fortaleza, ahora aparece en perspectiva diferente: fue una burbuja que ocultaba deficiencias tácticas y de eficacia que afloran cuando la competencia se intensifica. La corrección de errores defensivos y el recupero de confianza ofensiva serán determinantes para lo que viene. Si el equipo logra responder positivamente en los compromisos restantes de la Libertadores, la narrativa cambiará. Si fracasa nuevamente, las preguntas sobre el verdadero nivel competitivo del plantel se multiplicarán, independientemente de lo que un técnico diga en conferencias de prensa.