La incertidumbre rodea hoy el futuro de Exequiel Zeballos en Boca Juniors, no tanto por falta de interés externo sino por todo lo contrario: la combinación explosiva de un contrato que se desmorona en el calendario, una renovación estancada y un club italiano que vuelve a tocar la puerta con intensidad. Lo que parecía un escenario distante hace apenas semanas ahora toma forma de urgencia negociadora, y en el Predio de Ezeiza respiran con preocupación mientras el reloj corre en su contra.
El equipo de Rodolfo Arruabarrena decidió tomar una medida drástica: apartar al jugador de las consideraciones tácticas hasta que su situación contratual se resuelva de una manera u otra. Esa decisión refleja el estado de tensión que existe dentro de la institución respecto a qué hacer con un futbolista que sigue siendo considerado un activo valioso pero que se encuentra en un limbo administrativo. Mientras tanto, el futbolista continúa realizando trabajos en las instalaciones del club, pero no fue incluido en la delegación que viajó para enfrentar compromisos amistosos en el norte del país. Se trata, en definitiva, de una especie de congelamiento que marca el pulso de las negociaciones que ocurren tras bambalinas.
El factor tiempo: el enemigo silencioso de Boca
La matemática es brutal para los intereses de la institución de La Ribera. El vínculo que une a Zeballos con el club tiene fecha de caducidad: diciembre de este año. Eso significa que en menos de seis meses el delantero podría convertirse en un jugador sin contrato, libre para elegir su destino sin que Boca perciba un solo peso por ello. Este escenario, que en el fútbol contemporáneo representa una verdadera pesadilla para cualquier directiva, es lo que exactamente está sucediendo. Los dirigentes azules le ofrecieron al futbolista un acuerdo de renovación hace varios meses, pero esa propuesta quedó estancada en algún punto del diálogo. Sin un avance en esa línea y sin que el Changuito haya decidido poner su firma en la línea de puntos, la alternativa de venderlo en este mercado comienza a lucir cada vez más como la opción realista.
La postura inicial de Boca fue inflexible: 20 millones de dólares, el monto establecido en la cláusula de rescisión, o nada. A principios de año, cuando llegó una oferta del CSKA Moscú por apenas 10 millones de dólares, la dirigencia la rechazó sin contemplaciones. En ese momento, con el contrato aún vigente por mucho más tiempo, la fortaleza negociadora del club era mayor. Hoy, sin embargo, ese poder se ha erosionado considerablemente. La prioridad ahora no es obtener la cifra máxima, sino asegurar que la operación deje algún rédito económico y que el futbolista no se marche gratis cuando el contrato venza.
Nápoles regresa con su apetito intacto
Desde Italia, específicamente desde las entrañas del Napoli, los rumores hablan de un interés que nunca se ha extinguido realmente. El club que ganó el campeonato de la Serie A en 2025 ya había colocado sus ojos en Zeballos en oportunidades anteriores, siguiendo su progresión sin prisa pero sin pausa. Ahora, según informaciones que circulan desde ese lado del Atlántico, el momento podría ser el indicado para materializar lo que durante tanto tiempo fue apenas una aspiración. Existe, según trascendió, un acuerdo verbal ya alcanzado entre el futbolista y la institución italiana respecto a los términos de un contrato futuro. Eso quiere decir que si los números llegan a cerrarse entre Napoli y Boca, Zeballos no presentaría resistencia en la firma. Lo único que falta es que la propuesta económica efectiva llegue a Buenos Aires y sea lo suficientemente atractiva para que los dirigentes la consideren viable.
La situación actual del extremo santiagueño —relegado del plantel, entrenando aparte, sin viajes con el equipo— probablemente haya llegado a oídos de los negociadores europeos. Eso podría funcionar, de hecho, como un acelerador en las conversaciones. Un futbolista en esa posición es mucho más vulnerable a una transferencia que uno que disfruta de la confianza del técnico y que está disputando partidos. El Napoli sabe perfectamente que el contexto italiano le favorece, y que los tiempos cada vez se alinean más con sus intereses. En las próximas semanas o días, ese entendimiento verbal podría transformarse en un movimiento concreto.
Para Boca, la cruz de esta situación radica en que el futbolista fue formado en sus propias inferiores. Zeballos representa el tipo de caso que ningún club desea enfrentar: un jugador desarrollado internamente, con potencial de venta, pero cuyo contrato se le escurre entre los dedos por falta de acuerdo en una renovación. La historia del fútbol está llena de casos similares donde grandes talentos se marcharon sin dejar retorno económico alguno. Evitar que Zeballos sea el próximo nombre en esa lista se ha convertido en una tarea urgente para la dirigencia.
El escenario que se dibuja en el horizonte
Los próximos meses determinarán el rumbo de esta novela. Si Napoli formaliza una propuesta que Boca considere aceptable, la operación podría concretarse antes de que la ventana de mercado se cierre en enero. Si, por el contrario, no llega ninguna oferta que convenza a la dirigencia azul, entonces Zeballos podría ver vencido su contrato en diciembre y marcharse libremente hacia el fútbol europeo. Ambas alternativas representan distintos grados de fracaso para la institución: una implicaría vender por menos de lo que creía merecer, la otra significaría perder completamente el activo. Lo que permanece claro es que el statu quo actual —un futbolista apartado, un contrato agotándose, un club europeo esperando el momento exacto— no puede mantenerse indefinidamente. Las próximas semanas serán decisivas para definir si Zeballos continuará vistiendo la camiseta azul o si su siguiente capítulo se escribirá en el sur de Italia.



