Hace apenas dos décadas y media que Argentina anhelaba un acuerdo comercial con la Unión Europea. Cuando finalmente se concretó, los empresarios del sector agroexportador experimentaron algo parecido a una epifanía económica. Los cupos asignados para productos como la miel y el arroz se agotaron en cuestión de días. Un dato que sintetiza la voracidad de los mercados globales por lo que Argentina produce, pero también la velocidad con la que se mueve el capital internacional cuando encuentra oportunidades de ganancia. Sin embargo, esa misma apertura comercial que despierta euforia en las oficinas de las grandes empresas exportadoras genera una realidad paralela, casi surreal, para millones de argentinos cuya vida gira alrededor del consumo doméstico. El interrogante que flota en los pasillos de poder es incómodo: ¿se puede construir un modelo de crecimiento donde unos viven en el paraíso mientras otros ven cerrarse progresivamente sus posibilidades?
La Argentina que firma tratados no es la misma que observa caídas en las ventas minoristas. Con el comercio exterior representando ahora el 33% del producto bruto interno, la economía comenzó a desacoplarse de la demanda interna. Ese guarismo es aún inferior al de Chile, que alcanza el 90%, pero marca un viraje importante respecto del pasado cercano. Los números son elocuentes: las ventas de carne a Estados Unidos se multiplicaron por cinco en comparación con períodos anteriores, y esto ocurre en un contexto donde el tipo de cambio unificado, la supuesta estabilidad macroeconómica y los precios energéticos internacionales elevados actúan como combustible para quienes venden afuera. Karina Milei, el canciller Quirno y Luis Caputo preparan una misión hacia Beijing para reforzar los lazos con el segundo socio comercial del país. Pero mientras se tejen esas alianzas geopolíticas, en las cadenas de supermercados dedicadas a la clase media media se observa estancamiento, y en aquellas orientadas a sectores populares, retroceso abierto.
La brecha que no se cierra: productores exitosos y empresarios sin brújula
Un ejecutivo del sector exportador deslizó una frase que sintetiza la desconexión actual: "Vivo una ucronía, una realidad paralela". Esa confesión, cargada de una honestidad que raramente emerge en los círculos empresariales, reconoce que mientras su mundo prospera con créditos abundantes, dólares que fluyen y márgenes de ganancia en expansión, hay otros empresarios que arrastran deudas a tasas elevadas, sin acceso al crédito, y enfrentándose a mercados internos que se contraen. Durante un acto público, el ingeniero Castellanos, vinculado a la Bolsa de Comercio, sintió la necesidad de interrumpir a las autoridades para hacer escuchar la voz de esos "estrellados", aquellos que no logran captar ni la estabilidad ni los beneficios de la apertura comercial. Es una fractura que existe dentro de la propia clase empresaria, no es una disputa entre ricos y pobres, sino entre ganadores y perdedores de un mismo modelo.
En la Rural de Palermo, que recibirá este domingo a las máximas autoridades nacionales con una solemnidad casi de acto de Estado, las tensiones no se limitan a competencias ganaderas. Tras los boxes y los stands donde se rematarán toros campeones por cifras millonarias, existe una disputa por el poder interno que refleja cómo se distribuye el apoyo político dentro del establishment rural. El presidente Nicolás Pino y el vicepresidente Marcos Pereda representan bloques con intereses divergentes: uno cosechó votos entre los criadores de Angus y caballos criollos, mientras que el otro se apoya en productores de Hereford y Braford. Esta división es más que decorativa; indica que incluso en el corazón del agronegocio exportador exitoso existen diferencias estratégicas sobre cómo navegar los próximos años. El desacuerdo sobre las caravanas para colocar chips inteligentes que identifiquen el ganado e informen su historial, implementadas desde enero, ejemplifica cómo incluso decisiones tecnológicas generan polarización cuando van de por medio intereses económicos concretos y posiciones de poder.
Las empresas que apostaron al exportar y las que se quedaron atrapadas en lo doméstico
Cuando se analiza qué empresas prosperan y cuáles se hunden, emerge un patrón cristalino: quienes lograron pivotear hacia mercados externos nadan en aguas tranquilas. Gustavo Lopetegui, funcionario de administraciones anteriores, comanda Pampa Cheese y procesa cinco millones de litros de leche mensuales para vender quesos prácticamente al mundo entero. Su diagnóstico es inequívoco: la estabilidad macroeconómica, la eliminación de retenciones a los lácteos, y un equipo reducido de cuarenta personas trabajando con máxima eficiencia convirtieron su operación en un éxito. Pero en Cencosud, que opera las cadenas Jumbo y Disco donde compra la clase media, los ejecutivos reportan estancamiento. Y en VEA, las tiendas donde concurren sectores de menores ingresos, el descenso es palpable. En las sucursales del norte del país, además, el contrabando externo genera presión adicional que ninguna eficiencia operativa puede contrarrestar.
La historia de Diego La Torre y su intento por importar vacunas contra la aftosa hacia Argentina resulta ilustrativa de las frustraciones que encuentran quienes buscan fortalecer cadenas de valor internas. La Torre describió el segmento de sanidad animal como un "oasis verde con demanda asegurada, pago al contado y exento de impuesto a las Ganancias", pero no consiguió ingresar una sola dosis al país. El obstáculo evidencia que la apertura comercial tiene límites selectivos: bienvenidas las exportaciones, complicadas las importaciones que compitan con intereses locales. Ante esa puerta cerrada, La Torre reorientó su empresa Tecnovax hacia la expansión regional, estableciendo filiales en Perú, Uruguay, Paraguay y Chile, abastecidas desde su planta en Mercedes y con envíos crecientes a Rusia. Es otro caso de fuga de capacidad productiva: los argentinos invierten y generan valor afuera porque adentro encuentran un entorno hostil.
Otro fenómeno que captura la atención es el conglomerado Aluar, la "reina del aluminio" según la jerga del sector. A pesar de los aranceles del 50% que Donald Trump ha aplicado a los productos de aluminio, la empresa continúa exportando y acaba de invertir cuatrocientos millones de dólares en parques eólicos en Chubut, plantas solares en Buenos Aires y sistemas de ósmosis en el sur. Funciona como un museo viviente de la ucronía empresaria: la misma familia que tiene a Fate, la antigua farmacéutica donde existen presiones políticas para expropiarla, también posee una joya que sigue ganando dinero. En La Plata, mientras tanto, sectores radicalizados y La Cámpora empujan al gobernador Kicillof para que declare la expropiación de Fate, cuyas instalaciones fueron tomadas en febrero de 2024. El gobernador resiste, calculando que esa decisión podría alienarlo políticamente de cara a sus ambiciones presidenciales.
El dinero que llega de afuera espera señales de largo plazo
Morgan Stanley acelera los trámites para que Genneia y YPF Luz desembarquen en Wall Street. Goldman Sachs asiste el proceso. Los banqueros locales advierten, sin embargo, que el timing es complejo: dos empresas argentinas "saliendo a la par" en momentos donde "el apetito no es tan grande", en pleno verano del hemisferio norte y con precios volátiles. De todos modos, la operación se ejecutará. Mientras tanto, el Hipotecario se entrena para ser un dinamizador en créditos para viviendas, con un esquema que estudia el equipo económico: hipotecas en dólares, a treinta años, con normas prudenciales. Luis Caputo estaría convencido de que es viable, pero el Banco Central aconseja cautela. El dilema es real: los bancos argentinos acumulan dólares pero no los canalizan hacia el sector productivo; la población ahorra en dólares pero no lo invierte en producción doméstica.
La Cámara de la Construcción impulsa una iniciativa que podría cambiar el juego: acceder a los fondos de ANSeS y al recién creado Fondo de Asistencia Laboral. Gustavo Weiss planteó la idea a la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, quien prometió estudiarla acompañada de una reducción tributaria, ya que cada departamento nuevo soporta una carga impositiva del 45%. El líder de la UOCRA, Gerardo Martínez, tampoco permanece inactivo: promueve junto a gobiernos provinciales y municipales la reactivación de ochenta proyectos del plan Procrear que fueron abandonados a mitad de camino. Busca financiamiento en organismos internacionales como el BID o CAF. La jefa del FMI, Kristalina Georgieva, arriba a Buenos Aires el próximo martes; es una oportunidad que nadie quiere desaprovechar.
Emergen, además, nuevos mecanismos de financiamiento como los pools de inversores que financian y dotan de escala a proveedores con contratos en firme en minería y petróleo. Se trata de operaciones de private lending, comunes en otras economías, que ofrecen mayor velocidad de aprobación y criterios crediticios más flexibles que los bancos tradicionales. Marcelo Etchebarne, con conexiones estrechas en círculos financieros internacionales, diagnostica que los grandes fondos globales entienden que el ministro de Economía trabaja para llevar el riesgo país a grado de inversión y que el canciller busca ingresar a la OCDE, ambos objetivos posibles dentro de un eventual segundo mandato presidencial. Si ese escenario ocurre, la inversión extranjera directa podría multiplicarse por diez o más. Pero existe una condición que no se puede soslayar: "La política debe acompañar. El riesgo más grande es el atesoramiento de dólares fuera del sistema".
El calendario electoral como obstáculo: dinero que espera, promesas que vencen
En las corporaciones multinacionales que operan en Argentina se respira una espera. Los ejecutivos reconocen con frialdad profesional que "afuera están muy atentos al calendario electoral y hasta conocen el cronograma". La conclusión es inescapable: "La plata en serio va a llegar después de 2027". Es decir, después de las próximas elecciones presidenciales. Ese timing no es casualidad sino cálculo: los inversores internacionales aprenden a no desembarcar recursos masivos en momentos donde la continuidad de las políticas no está garantizada. Las excepciones confirman la regla, y hay una que destaca: Vaca Muerta. El yacimiento de gas y petróleo en Neuquén se considera ya la gran reserva energética global, independientemente de quién gobierne. La experta en comercio internacional Diana Tussie ofrece un contexto que dimensiona la importancia: la producción británica en el Mar del Norte cayó 80% desde el año 2000. Los recursos del Atlántico Sur, en ese contexto, se perfilan como una fuente estratégica de escala planetaria. A eso se suma el Sea Lion, otro yacimiento al norte de las Islas Malvinas que iniciará operaciones en marzo de 2028 con una producción diaria de cincuenta mil barriles. Esa perspectiva ha elevado significativamente la importancia geopolítica de las islas para Londres y hará más espinosa cualquier negociación futura sobre soberanía.
Dentro del Gobierno existe una corriente que propone castigo a las empresas petroleras que operen en Malvinas, impidiéndoles el acceso a los yacimientos de Vaca Muerta. El secretario de Agricultura, Sergio Iraeta, exhibe con orgullo el certificado del Ministerio de Defensa que comprueba que se ofreció voluntario en la guerra de 1982. Esa exhibición de patrimonialismo bélico expresa una posición que ha tomado vuelo en ciertos despachos de la Casa Rosada. Subyace allí una tensión no resuelta: ¿cómo maximizar ingresos de un yacimiento de importancia mundial mientras se presiona a empresas por operaciones en territorios de soberanía disputada? Es un dilema que mezcla geopolítica, economía y sentimientos nacionales sin solución armónica a la vista.
Las grietas que persisten: hacia dónde apunta el modelo
Lo que emerge de este cuadro de situación es un país que se bifurca. Los ganadores del nuevo esquema —agroexportadores, mineros, empresas con capacidad de venta internacional, energéticas de grande porte— viven en una realidad de estabilidad, acceso al crédito en dólares, márgenes de ganancia crecientes y expectativas optimistas. Los perdedores —pequeños y medianos productores sin encadenamiento exportador, minoristas que dependen del consumo doméstico, trabajadores cuyos ingresos se erosionan— habitan otro universo donde se cierran oportunidades. Esa brecha es sustancial y probablemente se ampliará antes de comprimirse, porque los mecanismos que generan ganancia en un sector no generan ganancia en el otro. La estabilidad cambiaria beneficia a quien vende en dólares y perjudica a quien compra insumos importados. El acceso al crédito en moneda fuerte favorece a grandes corporaciones y complica a la pequeña empresa. La caída de ingresos reales erosiona el consumo, pero las exportaciones no sufren de inmediato porque los precios internacionales —por ahora— mantienen el ánimo exportador elevado.
Hay variables que ningún analista controla completamente. Trump podría intensificar sus guerras arancelarias y afectar directamente exportaciones de carne y productos agrarios. Los precios del petróleo y el gas podrían caer, socavando la narrativa de Vaca Muerta como tablero de salvación económica. Las elecciones presidenciales de 2025 y su resultado condicionarán la capacidad de continuidad de las políticas actuales. La capacidad de las provincias de resistir presiones sociales por empleo y consumo determinará el grado de conflictividad política. Los bancos podrían cerrar el grifo crediticio si calculan que



