Después de cinco meses consecutivos de presión a la baja, el mercado de bienes de consumo cotidiano registra los primeros indicios de estabilización. Los datos revelan que durante el quinto mes del año las compras de artículos de uso diario en la Argentina mostraron un incremento marginal del 0,1% respecto a abril, mientras que el contraste con el mismo período del año anterior se redujo a una disminución del 1,6%, muy por debajo del retroceso de 3,8% que se había documentado el mes previo. El acumulado del quinquenio enero-mayo arrojó una caída del 3%, de acuerdo con el relevamiento que realiza mensualmente Scentia, firma especializada en monitorear comportamientos de compra a través de seguimiento en más de 8.000 puntos de venta distribuidos a lo largo del territorio nacional. Este cambio de tendencia resulta particularmente relevante porque sugiere que el fondo de la crisis de demanda podría haberse alcanzado, abriendo la posibilidad de una recuperación gradual en los próximos trimestres si las condiciones macroeconómicas acompañan.
Lo que ocurrió en mayo presenta características distintas a los meses precedentes, donde prácticamente todas las categorías de productos mostraban contracciones generalizadas. Esta vez, el panorama se fragmentó: mientras ciertos rubros continuaron cayendo, otros experimentaron crecimientos inesperados que modifican la composición del carrito de compras de los consumidores argentinos. Las bebidas alcohólicas encabezaron los avances con un aumento del 4,1%, seguidas por las bebidas sin alcohol que subieron 3,3% y el segmento más amplio de alimentación que creció 0,9%. Estos movimientos positivos, aunque modestos en magnitud, representan un quiebre respecto a la uniformidad de la caída observada en abril, cuando prácticamente la totalidad de las líneas de productos retrocedía.
Supermercados en apuros, plataformas digitales en alza
El análisis por canal de distribución pone en evidencia una transformación profunda en la estructura del comercio minorista argentino. Los supermercados de cadena, históricamente columna vertebral de la distribución de productos de consumo masivo, sufrieron la contracción más severa con un retroceso interanual del 4,2%. En contraste, las plataformas de comercio electrónico experimentaron un crecimiento explosivo del 29,9%, aunque este dinamismo está parcialmente vinculado a operaciones comerciales puntuales como el evento de ofertas de Hot Sale. Las farmacias, por su parte, registraron un incremento más modesto pero consistente del 2,3%. Los autoservicios independientes de menor escala retrocedieron 1,3%, los mayoristas cayeron 1,6% y los comercios de proximidad —almacenes y kioscos— experimentaron una baja del 0,8%. Este patrón refleja una migración gradual del consumo hacia canales alternativos, aunque el volumen que capturan estos últimos aún resulta insuficiente para compensar las pérdidas en la venta tradicional, lo que explica por qué el resultado neto consolidado permanece negativo.
El contexto macroeconómico y los eventos puntuales ejercen una influencia considerable sobre estos números. Osvaldo del Río, responsable de la consultora que releva estos datos, señaló que la desaceleración observada en mayo responde en buena medida a la moderación que experimenta la inflación, fenómeno que comienza a traducirse en una recuperación del poder adquisitivo de los hogares. De acuerdo con su análisis, si esta tendencia desinflacionaria se consolida y viene acompañada de una baja en las tasas de interés, la reaparición del crédito al consumo y una mejora en los ingresos reales de los trabajadores, entonces la reactivación del mercado de consumo podría manifestarse de manera más clara en el segundo semestre de 2026. El mes de junio presentará condiciones particularmente favorables por la confluencia de factores: el clima de movilización generado por un evento deportivo internacional de magnitud, el pago del aguinaldo y la celebración comercial asociada al Día del Padre funcionarán como catalizadores para que los consumidores realicen compras que de otro modo hubieran postergado o eliminado del presupuesto.
Los perdedores persistentes del carrito de compras
Pese a estos brotes de recuperación, amplios segmentos de productos continúan contrayéndose de manera significativa, lo que indica que la crisis de demanda afecta de forma heterogénea a diferentes rubros. El segmento de limpieza para ropa y hogar fue el más golpeado con una caída del 8,2%, seguido por los perecederos que retrocedieron 6,5%. Los productos vinculados a desayuno y merienda disminuyeron 5,4%, mientras que la categoría de impulsivos —aquellos artículos que los consumidores compran por deseo más que por necesidad— cayó 3,8%. Esta distribución diferenciada de la contracción sugiere que los hogares argentinos han ajustado sus patrones de gasto priorizando la subsistencia básica y reduciendo de manera dramática las compras discrecionales. La caída en los perecederos es particularmente relevante porque advierte sobre una posible sustitución hacia marcas más económicas o reducción de volúmenes de compra en proteínas y lácteos, históricamente componentes de alto valor unitario en la canasta familiar.
La perspectiva de mediano plazo dependerá de variables que trascienden el comportamiento del consumidor individual y se sitúan en el terreno de las decisiones de política económica. Si la tendencia de desaceleración inflacionaria se mantiene, si el acceso al crédito se restaura de manera gradual y si los salarios reales comienzan a recuperar el poder de compra perdido durante los meses anteriores, existe una base realista para proyectar una reactivación del consumo masivo en el segundo semestre del año. Sin embargo, si la inflación repunta, si las tasas de interés se mantienen elevadas y si no se produce una mejora significativa en los ingresos de los trabajadores, entonces la caída podría profundizarse nuevamente en los próximos trimestres. El dato más alentador reside en que la desaceleración ya es mensurable y que ciertos productos comienzan a mostrar rebrotes, lo que sugiere que los consumidores están recalculando sus decisiones en función de una percepción de estabilización, aunque provisional, del entorno económico.



