Existe un fenómeno silencioso pero persistente ocurriendo en los circuitos financieros argentinos que merece observación detenida. Mientras el sistema bancario tradicional mantiene tasas que comprimen los márgenes de las pequeñas y medianas empresas, simultáneamente emerge una alternativa que gana terreno con velocidad acelerada: el mercado de capitales como fuente de fondos. Sin embargo, hay una paradoja que inquieta a los operadores: los volúmenes transados crecen de manera exponencial, pero la cantidad de empresas que acceden a estos mecanismos lo hace a ritmo considerablemente más lento. Es decir, hay más dinero circulando, pero distribuido entre menos actores de lo que sería deseable para considerar que verdaderamente se ha democratizado el acceso.
Los números de los primeros seis meses del año pasado revelan dinamismo en el sector. El conjunto de instrumentos disponibles en el Mercado Argentino de Valores experimentó un incremento del 39,1% respecto al período equivalente del año anterior. Dentro de esta batería de herramientas, el Pagaré Bursátil —que se ha convertido en la estrella del ecosistema— creció en un 38,9%. Pero la verdadera sorpresa está en otros instrumentos: el Cheque de Pago Diferido subió 36,5%, la Factura de Crédito alcanzó un crecimiento de 69,8%, y quizás lo más dramático, las Obligaciones Negociables se dispararon con un incremento de 159,9%. Desde su creación hace más de una década, aproximadamente 100.000 pymes han accedido en algún momento a estos instrumentos. Pero aquí viene lo inquietante: no existe un registro preciso de cuántas de esas empresas operan con regularidad sostenida en estos mercados. El consenso entre especialistas sugiere que mientras los volúmenes suben por el ascensor, la cantidad de participantes activos sube por la escalera.
Las razones detrás del crecimiento desigual
¿Por qué entonces ese divorcio entre cifras de movimiento de dinero y cantidad de empresas participantes? Los analistas que estudian el fenómeno identifican varios factores convergentes. En primer lugar, existe una brecha de tasas que resulta irresistible para cualquier empresario buscando minimizar sus costos financieros. Los bancos operan bajo una estructura de márgenes que no compite con lo que ofrece el mercado de capitales en ciertos instrumentos. Segundo, la operatoria se ha simplificado en los últimos tiempos, reduciendo barreras administrativas que anteriormente disuadían a pequeños empresarios de incursionar en estos circuitos. Tercero, las pymes acceden a estos fondos tanto por necesidad pura como por estrategia deliberada de diversificación financiera. Y cuarto, una habilitación regulatoria reciente permitió que los bancos avalen operaciones de Obligaciones Negociables, lo que agregó confianza institucional al sistema.
Especialistas en el tema reconocen que la simplificación del acceso a las Obligaciones Negociables ha sido especialmente relevante. Las pymes pueden ahora financiarse por montos de hasta 20 millones de UVA —equivalente aproximadamente a 27 millones de dólares estadounidenses— utilizando garantías brindadas por Sociedades de Garantía Recíproca o fondos de garantía. Esto redujo significativamente la carga burocrática previa. Sin embargo, existe un detalle crítico: aunque el acceso se haya simplificado para la emisión, son los inversores quienes en última instancia evalúan la viabilidad de cada pyme. Analizan la capacidad de generación de fondos, la estructura financiera, la calidad de las garantías ofrecidas y otros indicadores de solvencia. No todos los empresarios que quieren emitir encuentran demandantes interesados en sus papeles.
El comportamiento de los volúmenes operados durante los seis primeros meses del año refleja otra complejidad. En enero se registraron movimientos por 1.800 millones de pesos. Luego vino una desaceleración estacional durante febrero y abril, con una posterior recuperación que alcanzó su pico en junio: 2.060 millones de pesos, el mayor volumen mensual registrado hasta ese momento. Este patrón sugiere que el mercado responde a ciclos de liquidez y necesidades de financiamiento que varían según la época del año y las condiciones generales de la economía.
Las historias concretas: casos de empresas que encontraron el camino
Cuando se bucea en los casos particulares, emergen relatos de empresarios que lograron acceder a estos mecanismos y transformaron sus operaciones. Tropfen, una compañía con poco más de una década dedicada a comercializar insumos especializados para el sector agrícola, ingresó al mercado de capitales mediante una Obligación Negociable que generó un interés de 2 millones de dólares entre potenciales inversores. La empresa tomó 1 millón de dólares de esa oferta para completar la construcción de una planta de producción ubicada en Pergamino. En el momento de la operación, las obras se encontraban en un 80% de avance. Con estos fondos, Tropfen proyecta no solo comenzar a producir internamente lo que hasta entonces tercierizaba, sino también montar un laboratorio dedicado a investigación y desarrollo, con expectativas de duplicar su plantilla laboral hacia 2030. Actualmente la empresa emplea directamente a 30 personas y forma parte de una cadena de suministro compleja que incluye la cooperativa Agricultores Federados Argentinos, basada en San Nicolás.
El proceso de colocación de esta Obligación Negociable reveló cómo funciona la maquinaria: comenzó en octubre del año anterior, con el apoyo de una garantía gestada por el Consejo Federal de Inversiones. En pocos meses, el comité de crédito de esta garantía de primer nivel otorgó el aval necesario. Luego, la agencia de Bolsa y Valores interviniente salió al mercado en busca de inversores y consiguió 72 de ellos dispuestos a ofrecer tasas que oscilaban entre 3% y 11%. La tasa de corte se fijó en 6,95% anual a tres años, a lo que se sumó la comisión del Consejo Federal de Inversiones equivalente a un punto adicional de tasa real. La empresa iniciará el repago en abril de 2027 mediante cinco pagos semestrales de aproximadamente 200 mil dólares cada uno. Un detalle menor pero revelador: al acreditar los fondos en la cuenta corriente, se aplicó un gravamen del 0,6% en concepto de impuesto al cheque.
Coninctec, fundada en 1988 y especializada en la construcción y mantenimiento de estaciones de servicio en el área metropolitana, opera bajo un modelo financiero diferente. Con una plantilla de 75 empleados, la empresa atiende a gigantes como YPF y Shell. Aunque se financia principalmente con recursos propios, recurre ocasionalmente al mercado de capitales para obtener liquidez adicional, específicamente descontando Facturas de Crédito emitidas por sus clientes. Estas facturas típicamente se pagan en plazos cercanos a los 45 días. La ventaja de esta estrategia radica en que Coninctec factura a empresas de gran solvencia crediticia, lo que facilita la colocación en el mercado a tasas competitivas. Además, estas operaciones gozan actualmente de exención impositiva. En julio de este año, cuando la empresa necesitó financiar la adquisición de dos tanques de combustibles, logró vender facturas por 700 millones de pesos en menos de veinticuatro horas a través de una agencia de Bolsa y Valores. El proceso fue expeditivo: la agencia analizó la operación, cumplimentó las disposiciones normativas, validó los documentos y ofreció las facturas a grandes inversores conforme a la tasa que la empresa estaba dispuesta a aceptar. El último descuento de esta serie se ejecutó al 25% con una comisión de la agencia del 1%.
Bodega Los Haroldos presenta un perfil empresarial distinto: se trata de un grupo familiar fundado en 1939 que actualmente opera bajo la dirección de la cuarta generación. Con establecimientos en San Martín, Mendoza, la bodega exporta a 40 países y comercializa tanto marcas de prestigio como líneas genéricas de alto rango. La empresa combina estratégicamente el financiamiento bancario tradicional con operaciones en el mercado de capitales. En 2023, colocó dos Obligaciones Negociables distintas: una por 4 millones de dólares y otra denominada Obligación Negociable Verde por 325 millones de pesos, destinada específicamente a mejorar la eficiencia energética del grupo. La primera serie se estructuró a veinticuatro meses con avalúo de cuatro bancos a tasa Badlar menos un punto, mientras que la segunda serie se fijó a treinta y seis meses a tasa Badlar más un punto. Con estos fondos, la bodega restructuró deuda e invirtió en vasijas de vino, ampliando su capacidad de almacenaje de 27 a 45 millones de litros. La Obligación Negociable Verde permitió la compra de decanters y centrífugas para procesamiento. En 2023, la empresa había descontado Pagarés Bursátiles por 500.000 dólares al 2% para prefinanciar exportaciones de cincuenta mil cajas de vino. Desde entonces recurre semanalmente al descuento de cheques de pago diferido, consiguiendo tasas que en agosto se ubicaban en 23%, sustancialmente por debajo de lo que ofrecía el sistema bancario en ese momento.
Compañía Integrada de Exportación, radicada en Alfonso, provincia de Buenos Aires, con complejo agroindustrial en Colón, opera en el segmento de servicios integrales para la cadena agroindustrial. Desde genética hasta buenas prácticas de manufactura, depósito, puerto seco y exportación, la empresa maneja un volumen significativo de transacciones. Descuenta anualmente entre 6 y 7 millones de pesos en cheques en el mercado de capitales, principalmente para financiar a productores. Cuando hay disponibilidad de fondos, emite pagarés con el mismo propósito. El mecanismo es fluido: cuando clientes o distribuidores pagan servicios mediante cheques —típicamente a nueve meses o un año— la empresa los deriva a una Sociedad de Garantía Recíproca que los avala, y luego los vende en el mercado. Los pagarés que emite la propia empresa funcionan de manera similar, pero en este caso es la compañía quien los extiende a sus proveedores. Hace poco emitió un pagaré en dólares avalado por una SGR al 7% anual a un año. En tanto, viene descontando cheques de clientes en pesos a una tasa anual de 26%. A estas cifras de tasa nominal hay que agregar aproximadamente 3% adicional por concepto de aval y comisión de la agencia de Bolsa y Valores.
AYS S.A., empresa de transporte especializada en la cadena de valor del gas y petróleo, nació hace catorce años en Rincón de los Sauces, en el norte neuquino. Hoy opera desde Añelo —capital de Vaca Muerta— y desde la capital provincial, con una flota de 35 camiones de gran porte y acoplados y una plantilla de 90 empleados. Con una facturación de 1.200 millones de pesos mensuales y gastos mensuales en sueldos y cargas de 700 millones de pesos, es una empresa capital dependiente en sentido absoluto: nunca tiene suficiente capital de trabajo. Descuenta mensualmente entre cuatro y cinco cheques de terceros con un volumen promedio de 200 millones de pesos, más un cheque propio que oscila entre 40 y 50 millones de pesos. Los cheques de terceros típicamente vienen con plazos de pago de noventa días. Una Sociedad de Garantía Recíproca local los coloca en el mercado, y al día siguiente los fondos están disponibles con un descuento del 24%. Los cheques propios se descuentan a una tasa similar. El año anterior, cuando una operación de pagarés en dólares se complicó por caída de demanda de servicios y apreciación de la moneda extranjera —lo que ejecutivos locales describen como "la tormenta perfecta"— la Sociedad de Garantía Recíproca regional fue clave para colocar cheques propios y honrar el vencimiento de esos pagarés.
Las sombras que persisten: limitaciones y desafíos pendientes
Pero no todo es prosperidad en este ecosistema emergente. Existen preocupaciones legítimas que flotan sobre el sector. Una de las más recientes y relevantes tiene que ver con la habilitación que el Banco Central de la República Argentina otorgó recientemente a las entidades bancarias para prestar en dólares. Los operadores se interrogan sobre cómo impactará esto en la emisión de Pagarés Bursátiles denominados en moneda extranjera. Si los bancos pueden ahora captar depósitos en dólares y prestar en esa moneda de manera más competitiva, ¿perderá atractivo la emisión de pagarés bursátiles para empresas que buscan financiamiento dolarizado?
Otra fuente de decepción proviene de una iniciativa regulatoria que generó expectativas pero finalmente no las cumplió. Los Fondos de Asistencia Laboral, creados con la intención de financiar indemnizaciones laborales a través de un mecanismo novedoso, fueron imaginados por algunos como potencial inyector de capital institucional en el mercado de capitales pyme. Sin embargo, la propuesta regulatoria del 13 de agosto estableció condiciones restrictivas: estos fondos pueden ser administrados por Fondos Comunes de Inversión o Fideicomisos Financieros bajo supervisión de la Comisión Nacional de Valores, pero solo pueden invertirse en Obligaciones Negociables con dos calificaciones de riesgo AAA. Es decir, solo en



