La estructura del empleo formal en Argentina continúa mostrando señales de debilidad. Durante marzo de este año, el colectivo de trabajadores registrados alcanzó la cifra de 12,83 millones de personas, configurando un panorama donde persisten las tensiones en segmentos clave de la economía. Lo significativo no es solo el número absoluto, sino la comparación con el año anterior: en el mismo período de hace doce meses, la cifra era mayor. Esa diferencia cuantitativa se traduce en 40.900 puestos de trabajo menos, equivalente a una retracción del 0,3 por ciento en términos interanuales. Este movimiento contractivo revela patrones de ajuste laboral que merecen ser analizados en profundidad, especialmente considerando que marzo representa tradicionalmente un momento de reactivación económica posterior a las festividades de verano.

Cuando se desagregan los datos por modalidades de contratación, emergen dinámicas diferenciadas que complican el diagnóstico general. El segmento de asalariados registrados —aquellos vinculados a empresas o instituciones con contribuciones al sistema de seguridad social— experimentó una disminución mensual del 0,1 por ciento en comparación con febrero. Esta cifra englobaba a aproximadamente 9,995 millones de personas distribuidas entre el sector privado, el aparato estatal y el empleo doméstico. Simultáneamente, los trabajadores por cuenta propia —monotributistas y autónomos— totalizaban 2,834 millones de individuos, pero registraron una caída más pronunciada del 0,6 por ciento en la comparación intermensual. Dentro de este último grupo, los monotributistas sociales sufrieron la contracción más aguda con una disminución del 2,1 por ciento, mientras que los autónomos cayeron un 1,3 por ciento y el monotributo tradicional un 0,3 por ciento.

El desempeño heterogéneo del sector privado formal

A nivel de ramas de actividad económica, el comportamiento fue fragmentado. En marzo, el empleo asalariado en empresas privadas alcanzó los 6,188 millones de trabajadores, cifra que representa una contracción del 0,1 por ciento respecto al mes anterior. Sin embargo, la comparación anual arroja resultados más preocupantes: la caída interanual alcanzó el 1,5 por ciento, lo que equivale a 96.600 trabajadores menos que en marzo del año anterior. Estos números adquieren mayor relevancia cuando se considera que desde septiembre de 2023 el empleo privado formal mantiene una tendencia decreciente de largo plazo, con ciclos de mayor o menor intensidad según el período analizado.

En el plano sectorial, cuatro ramas de la economía registraron expansión en marzo: la explotación minera y cantería avanzó un 0,5 por ciento, la pesca lo hizo con 0,3 por ciento, las actividades agrícolas ganaderas y silvícolas también crecieron un 0,3 por ciento, y las actividades inmobiliarias empresariales sumaron un 0,1 por ciento. Cuatro sectores permanecieron sin cambios: servicios de salud, hotelería y gastronomía, educación y construcción. Pero seis ramas experimentaron reducciones: intermediación financiera (-0,5%), industrias manufactureras (-0,4%), transporte y comunicaciones (-0,3%), y comercio (-0,2%). A nivel anual, la heterogeneidad se intensifica. Aunque la pesca mostró robustez con un crecimiento del 5,8 por ciento, la construcción avanzó un 1 por ciento y la agricultura un 0,7 por ciento, estas ganancias resultan insuficientes para contrarrestar los retrocesos en otros sectores. La explotación minera se desplomó un 5,7 por ciento interanual, la manufactura cayó un 4 por ciento, la intermediación financiera descendió un 3,7 por ciento y el comercio se contrajo un 1,9 por ciento.

Un mapa provincial con ganadores y perdedores

La geografía laboral argentina presenta un cuadro donde conviven realidades muy dispares según la jurisdicción. En la comparación intermensual (marzo contra febrero), apenas 5 de las 24 provincias registraron incrementos en empleo formal privado. Neuquén encabezó con un avance del 0,9 por ciento, seguida por San Juan y Tucumán con 0,3 por ciento cada una, y Río Negro con 0,1 por ciento. En contraste, 16 jurisdicciones experimentaron contracciones, mientras que 3 permanecieron estables. Las caídas más agudas se concentraron en La Rioja (-2,7%), Catamarca (-1,6%), Santiago del Estero (-1,6%), Tierra del Fuego (-1%) y tres provincias norteñas: Corrientes, Misiones y Formosa, todas con -0,7%. Esta distribución regional refleja vulnerabilidades específicas en economías locales con menor diversificación productiva.

Cuando se analiza el comportamiento interanual por provincia, el panorama se torna aún más complejo. Solo cinco jurisdicciones mostraron ganancias netas de empleo en doce meses: Neuquén lidera con 3,3 por ciento, seguida por Río Negro con 3,2 por ciento, La Rioja con 3 por ciento y San Juan con 2,2 por ciento. Las diecinueve provincias restantes reportaron mermas. Las más afectadas constituyen un conjunto preocupante: Tierra del Fuego acumula una pérdida del 9,0 por ciento en empleo formal privado, Chubut del 6,8 por ciento, Corrientes y Formosa ambas con 5,3 por ciento, Chaco con 5,2 por ciento, Santa Cruz con 5,1 por ciento y Catamarca con 4,5 por ciento. Esta fragmentación territorial sugiere que la contracción laboral no es uniforme sino que concentra su mayor impacto en determinadas economías regionales, particularmente en el sur patagónico y en provincias del nordeste, donde la dependencia de sectores específicos como minería, servicios públicos o manufacturas genera mayor volatilidad.

En contraposición, el segmento del trabajo independiente registrado mostró una dinámica opuesta a la del empleo asalariado. En términos interanuales, esta modalidad experimentó una expansión del 2,7 por ciento, lo que significó la incorporación de 75.600 personas más que en marzo del año anterior. Dentro de este grupo, el monotributo regular creció un 3,3 por ciento (+70 mil aportantes) y el monotributo social avanzó un 3 por ciento (+7 mil personas), mientras que el segmento autónomo experimentó una leve contracción del 0,5 por ciento (-1.900 trabajadores). Este comportamiento divergente sugiere que ante la contracción del empleo formal tradicional, existe un movimiento paralelo de trabajadores que se registran o se mantienen en el trabajo por cuenta propia, sea bajo el régimen de monotributo o como autónomos. Esto plantea interrogantes sobre la voluntariedad versus la necesidad detrás de este movimiento, particularmente en contextos donde la capacidad de las empresas de mantener nóminas se ve limitada.

La trayectoria del empleo asalariado formal privado en los últimos treinta meses revela ciclos de contracción y recuperación relativa. Desde septiembre de 2023, el sector mostró una tendencia generalmente descendente, aunque con variaciones en su intensidad. Durante el primer trimestre de 2024, las pérdidas fueron pronunciadas. Luego, entre octubre y diciembre de 2024, se registró una recuperación moderada que permitió compensar parcialmente los retrocesos previos. Sin embargo, esta recuperación fue efímera. Durante los primeros meses de 2025, el empleo se mantuvo prácticamente sin cambios, pero a partir de junio de ese año reinició una trayectoria de contracción que se extendió durante el segundo semestre a razón promedio de -0,2 por ciento mensual. El primer trimestre de 2026, que incluye el marzo aquí analizado, mostró una desaceleración relativa de esa caída, con -0,1 por ciento promedio mensual, pero sin revertir la tendencia negativa. Este patrón sugiere una estructura económica bajo presión que genera ajustes laborales recurrentes.

Los datos de la Encuesta de Indicadores Laborales para abril —es decir, información prospectiva respecto a marzo— indican que la contracción continúa. El empleo privado registrado en el total de aglomerados urbanos relevados (considerando solo empresas con más de diez ocupados) registró una variación negativa del 0,1 por ciento. Esta información adelanta que la tendencia observada en marzo no fue un fenómeno aislado sino parte de una dinámica de largo aliento. El hecho de que todas las modalidades de empleo hayan mostrado resultados negativos en marzo —empleo asalariado privado, público y doméstico todos en rojo— refuerza la percepción de un mercado laboral que se contrae de manera generalizada, aunque con intensidades variables según el sector y la región.

Implicancias y perspectivas de evolución

La contracción del empleo registrado plantea múltiples interrogantes sobre la trayectoria de la economía argentina. Por un lado, existe la posibilidad de que las empresas hayan ajustado excesivamente sus nóminas en respuesta a restricciones de costos, y que en los próximos meses ese ajuste se estabilice en un nuevo piso de equilibrio. Por otro lado, el hecho de que el trabajo independiente crezca mientras el asalariado se contrae podría interpretarse como evidencia de que parte de la fuerza laboral migra hacia modalidades menos protegidas institucionalmente, lo cual tendría implicancias sobre la recaudación fiscal y los aportes al sistema de seguridad social. Asimismo, la concentración de caídas en determinadas provincias y sectores sugiere que la política económica debe considerar respuestas diferenciadas, ya que el impacto no es uniformemente distribuido. La brecha entre provincias como Neuquén o Río Negro, que crecen, y Tierra del Fuego o Chubut, que se contraen aceleradamente, refleja vulnerabilidades estructurales que trascienden el ciclo económico de corto plazo. Finalmente, la trayectoria de largo plazo, con caídas recurrentes desde septiembre de 2023, sugiere que el mercado de trabajo atraviesa un reordenamiento profundo cuya resolución dependerá tanto de decisiones de política macroeconómica como de la capacidad de diversificación productiva de las regiones y sectores afectados. El comportamiento de estos indicadores en los próximos trimestres será determinante para evaluar si se trata de un ajuste temporal o del inicio de una transformación estructural más duradera.