La fotografía que emerge de las entrañas del sistema financiero argentino no promete sorpresas de corto plazo. Mientras la batalla contra la inflación continúa desarrollándose, los grandes actores del mercado —bancos comerciales, consultoras económicas, analistas especializados— mantienen una postura cautelosa pero no alarmista respecto a lo que vendrá. Los datos que arroja el relevamiento sistemático que impulsa la autoridad monetaria central muestran, en síntesis, que la batalla por desinflar la economía avanza, pero a paso lento y sin grandes victorias a la vista. Esto importa porque define estrategias de inversión, ajustes salariales, decisiones de política monetaria y expectativas de consumo que impactan directamente en millones de hogares argentinos.

Los especialistas consultados por el Banco Central en su última ronda de sondeos redujeron marginalmente sus estimaciones sobre el alza de precios registrada en agosto. La cifra que el mercado proyecta para ese mes es de 1,7% mensual, apenas una décima por debajo de lo que se anticipaba en la encuesta anterior. Esta pequeña corrección hacia la baja, lejos de significar un quiebre en la tendencia, confirma un patrón que ya se venía observando: la inflación desciende, pero con una lentitud que frustra a quienes esperaban un colapso más abrupto. Los pronosticadores más precisos del mercado, aquellos que histórica mente aciertan con mayor regularidad en sus estimaciones, mantuvieron sus números sin cambios, lo que sugiere un cierto consenso alrededor de estas cifras.

La inflación núcleo: una métrica que revela el verdadero pulso de los precios

Existe una manera de leer la inflación que va más allá de los números brutos. Cuando se excluyen los precios que están regulados administrativamente por el Estado y aquellos que fluctúan según factores estacionales —como los alimentos en épocas de cosecha—, surge una métrica conocida como inflación núcleo, que funciona como un termómetro más preciso de la presión inflacionaria de fondo. En agosto, esta medida también mostró una corrección modesta: 1,6% mensual, una décima por debajo de lo estimado previamente. Este dato es relevante porque permite descartar que las correcciones observadas sean apenas producto de cambios en tarifas de servicios o variaciones estacionales. El movimiento es generalizado, aunque tenue.

Mirando hacia adelante, el horizonte que proyectan los participantes del REM es el de una estabilización sin demasiadas turbulencias. Hasta febrero de 2027, esperan que la inflación mensual oscile dentro de un rango acotado: nunca por debajo del 1,5% ni por encima del 2%. Es decir, se anticipa una suerte de meseta inflacionaria en la que los precios continúan subiendo, pero a ritmos predecibles y sin saltos bruscos. Para todo el año 2026, los analistas ahora prevén un cierre de 30% anual, dos décimas más alto que lo pronosticado hace poco, lo que refleja una cierta resignación ante la posibilidad de lograr resultados más ambiciosos en el corto plazo. En los próximos doce meses corridos, la inflación acumulada se ubicaría en 21%, una cifra que representa una disminución de 0,8 puntos porcentuales respecto a pronósticos anteriores, pero que sigue siendo sustancial.

El escenario a mediano plazo: desaceleración gradual pero sin cambios abruptos

Proyectarse hacia años como 2027 y 2028 en una economía como la argentina es siempre un ejercicio de humildad. Sin embargo, los números que maneja el mercado sugieren una trayectoria descendente pero moderada. Para 2027 se espera una inflación de 20,5% anual, y para 2028 de 14,1%. Estos guarismos, aunque menores a los de hoy, siguen mostrando un ritmo de alza de precios considerablemente superior al de economías desarrolladas. Lo relevante es que los analistas no prevén que la inflación mensual caiga por debajo del 1% durante los próximos dos años, lo que significa que incluso en el mejor de los escenarios, los precios continuarán erosionando poder adquisitivo de manera persistente.

El comportamiento de la economía real —más allá de los precios— muestra contracciones y recuperaciones modestas. Los economistas del relevamiento revisaron a la baja su estimación sobre el desempeño del segundo trimestre: ahora proyectan una caída de 0,9% en la actividad económica ajustada por estacionalidad, cinco décimas peor que lo estimado previamente. El tercer trimestre, que concluye en septiembre, se esperaría que muestre un rebote de 1,1%, mientras que en los últimos tres meses del año la expansión rondaría 1,3%. Con estos números, 2026 cerraría con un crecimiento de 2,1% respecto a 2025, aunque esta cifra implica una revisión a la baja de seis décimas respecto a encuestas anteriores. En el mercado laboral, el desempleo habría tocado 7,7% hacia mediados de año y se esperaría que descienda levemente hasta 7,5% para fin de 2026, un nivel que sigue siendo elevado desde perspectivas históricas.

La volatilidad cambiaria, uno de los principales focos de atención para inversionistas y ahorristas, también muestra expectativas contenidas para el corto plazo pero con posibles sorpresas más adelante. El mercado proyecta que durante septiembre el dólar permanecería estable en torno a $ 1.530, una cotización que implica una ligera reducción respecto a estimaciones previas. Sin embargo, cuando se extiende la mirada hasta diciembre, los analistas anticipan un salto significativo: el dólar cerraría el año en $ 1.630, representando una devaluación acumulada de 12,6% desde el cierre de 2025. Esta proyección sugiere una mayor presión cambiaria en los meses finales del año, posiblemente asociada a dinámicas estacionales, cambios en los flujos de capital o ajustes de expectativas sobre la política económica.

En el terreno del comercio internacional, las cifras muestran un desempeño más favorable que el estimado hace poco. Las exportaciones de bienes para 2026 se proyectan en 100.895 millones de dólares, 688 millones más que lo previsto anteriormente, mientras que las importaciones llegarían a 75.861 millones de dólares, es decir, 912 millones menos que en la encuesta previa. El resultado es un superávit comercial anual de 25.034 millones de dólares, 1.600 millones superior a lo pronosticado en rondas anteriores. Estos números reflejan tanto la demanda externa como la moderación en el consumo interno que típicamente acompaña a períodos de estabilización macroeconómica.

Los horizontes que se abren a partir de estos números invitan a múltiples lecturas. Algunos observadores podrían ver en estas proyecciones señales de que el ajuste económico comienza a cristalizarse en estabilidad: inflación que baja aunque lentamente, actividad que se recupera gradualmente, comercio exterior que se fortalece. Otros, por el contrario, podrían leer en los mismos datos una cierta persistencia de desequilibrios que tardaría años en resolverse por completo: inflación que seguirá erosionando ingresos durante todo 2026 y más allá, actividad económica que crece pero desde pisos deprimidos, desempleo que se mantiene en niveles preocupantes. Lo cierto es que el escenario que dibujan bancos y analistas es el de un proceso largo de normalización, sin dramas inmediatos pero tampoco con motivos para celebraciones apresuradas.