Durante los próximos tres meses, el panorama de contrataciones en Argentina experimentará una mejora marginal respecto a trimestres anteriores, aunque persisten las limitaciones que mantienen al país rezagado en comparación con sus pares regionales. Esta es la conclusión de un estudio realizado entre más de 700 empleadores de distintos sectores, que revela tanto motivos para el optimismo cauteloso como para mantener expectativas moderadas sobre la recuperación del mercado de trabajo. El cambio de rumbo, aunque tímido, representa un punto de inflexión tras meses de incertidumbre generalizada en las decisiones de personal de las grandes y medianas empresas.
Los datos proporcionan una radiografía precisa del pensamiento empresarial a fines de 2026. De acuerdo con las respuestas recolectadas, el 35% de los empleadores planea expandir sus plantillas en el cierre del año, mientras que el 21% prevé reducciones de personal. El segmento más importante está compuesto por aquellas organizaciones que mantendrán su estructura intacta: 42% del total, cifra que resulta particularmente significativa para entender la naturaleza de esta recuperación. El 2% restante aún no ha tomado definiciones sobre este aspecto. Estos porcentajes permiten calcular un indicador sintético denominado Expectativa Neta de Empleo, que sustrae los despidos proyectados de las contrataciones esperadas. El resultado para Argentina asciende a +16 puntos porcentuales, una mejora considerable si se observa el panorama desde hace apenas dos trimestres atrás.
Una recuperación impulsada por la estabilidad, no por la expansión
La naturaleza de esta mejora merece un análisis detenido, ya que esconde matices importantes. Luis Guastini, ejecutivo responsable de la operación regional de ManpowerGroup, ofrece una interpretación de los datos que va más allá de los números crudos. Según su análisis, el fortalecimiento del indicador no responde tanto a un aumento acelerado de nuevas contrataciones, sino a un fenómeno distinto pero igualmente relevante: la migración de empresas desde la categoría de "posibles recortadores" hacia la de "mantenedoras de estructura". En otras palabras, muchas organizaciones que hace tres meses evaluaban reducciones de personal finalmente decidieron sostener sus dotaciones actuales. Este cambio de decisión refleja una ganancia en confianza empresarial, aunque todavía moderada. La mejora comparada con el trimestre anterior alcanza 10 puntos porcentuales, mientras que la comparación año contra año exhibe una suba de 11 puntos. Esto significa que hace un año el ambiente era considerablemente más pesimista respecto a la evolución del empleo.
Cuando se desagrega la información por sector económico, emergen diferencias significativas que reflejan la heterogeneidad de la economía argentina. El segmento de Servicios Públicos y Recursos Naturales —que incluye actividades de minería y generación energética— encabeza las perspectivas optimistas con un indicador de +36 puntos. El subsector de Finanzas y Seguros lo sigue con +28 puntos, mientras que Construcción y Bienes Raíces registra +25 puntos, y Manufactura cierra este grupo de dinámicos con +21 puntos. En el lado opuesto del espectro, el Sector Público, Salud y Servicios Sociales muestra las proyecciones más débiles, con apenas -1 punto, seguido por Información con +3 puntos. Esta polarización subraya cómo sectores vinculados a la extracción de recursos y a servicios financieros tienen una visión significativamente más positiva que aquellas áreas ligadas a funciones estatales o tecnología.
Disparidades regionales: la Patagonia lidera mientras que AMBA se queda atrás
El mapa laboral argentino muestra también geografías del optimismo y la cautela. Las seis regiones en que fue segmentado el relevamiento todas registran expectativas positivas, pero con variaciones sustanciales. La Patagonia encabeza con +27 puntos, una cifra que refleja probablemente la actividad en sectores extractivos y de infraestructura concentrados en esa zona. Le siguen el Nordeste Argentino con +23 puntos y el Noroeste con +15 puntos. En contraste, la región Pampeana —que incluye las provincias agrícolas— marca +11 puntos, mientras que AMBA, el aglomerado más poblado del país, registra +12 puntos. El hecho de que la región metropolitana, históricamente motor de la economía, presente expectativas moderadas sugiere que la recuperación tiene características territoriales específicas y no es uniforme. Cuando se compara el trimestre actual con el anterior, la Patagonia nuevamente destaca con un incremento de 13 puntos porcentuales en sus expectativas, demostrando aceleración en sus perspectivas. El Noroeste, en cambio, exhibe una contracción de 3 puntos, indicador de mayor prudencia o posibles cambios en sus condiciones locales.
En el contexto latinoamericano y global, Argentina ocupa una posición que podría describirse como de rezago moderado. Todos los países de América relevados proyectan contrataciones netas positivas para el cierre de 2026, pero con escalas muy distintas. Brasil lidera la región con +53 puntos, cifra que prácticamente triplica la expectativa argentina, seguido por Panamá con +49 puntos, México con +41 puntos y Perú con +40 puntos. Costa Rica y Guatemala alcanzan +38 puntos, mientras que Estados Unidos se posiciona en +36 puntos. Argentina y Chile emergen como los mercados más cautelosos del continente, ambos registrando +16 y +15 puntos respectivamente. A escala planetaria, el promedio global de expectativas de empleo se ubica en +29 puntos, lo que coloca a Argentina en una posición inferior al promedio mundial. Sin embargo, la perspectiva comparativa con economías europeas como Bélgica e Italia, que también rondan los +16 puntos, sugiere que la posición argentina no es única ni aislada, aunque sí menos dinámica que la mayoría de sus vecinos regionales.
La trayectoria histórica reciente de Argentina en estos indicadores añade importancia a la actual mejora. Durante casi dos años consecutivos, el país ocupó posiciones de extremo rezago entre las naciones monitoreadas, siendo frecuentemente catalogado como aquel con las perspectivas más débiles. En los últimos seis meses, sin embargo, ha ascendido posiciones en el ranking global, ubicándose actualmente en la posición 27 entre 40 países analizados. Esta progresión, aunque modesta, marca un cambio de tendencia que las empresas parecen reconocer. El análisis de Guastini profundiza en este cambio: la reducción en la proporción de empleadores que planean despidos ha sido la variable más relevante para explicar la mejora. No se trata tanto de un boom de contrataciones, sino de una mayor prudencia respecto a implementar reducciones. Este comportamiento puede interpretarse como un indicador de que las empresas perciben una cierta estabilidad en sus operaciones, aunque sin suficiente convicción como para lanzarse a expansiones significativas de plantilla.
¿Qué significan estas señales para el empleo en los próximos meses?
Las implicancias de estos datos para el mercado laboral argentino durante los últimos meses de 2026 merecen una reflexión multifacética. Por un lado, la mejora en las expectativas podría traducirse en una menor destrucción de empleo y, potencialmente, en creación de puestos de trabajo, especialmente en sectores de mayor dinamismo. La estabilización de decisiones sobre plantillas sugiere que muchos empleadores han pasado la fase más crítica de ajustes operacionales y ahora evalúan sus estrategias con un horizonte algo menos sombrío. Para trabajadores en búsqueda activa, esto podría significar más oportunidades y, posiblemente, una cierta mejoría en condiciones de negociación salarial en sectores específicos. Por otro lado, el carácter moderado de estas mejoras advierte contra el optimismo excesivo. El hecho de que Argentina siga siendo uno de los mercados más débiles de la región, y que la mejora haya sido impulsada principalmente por decisiones de mantención y no de expansión, indica que el crecimiento del empleo continuará siendo limitado. Las familias que dependen de ingresos laborales y los sectores con débiles perspectivas, como el público y los servicios de salud, probablemente seguirán enfrentando desafíos. Diferentes actores —empleadores, trabajadores, autoridades de política laboral, académicos— pueden leer estos datos según sus propias perspectivas, pero los números en sí ofrecen un panorama de recuperación controlada, gradual y geográficamente desigual.



