A medida que avanza el año, la economía nacional exhibe un comportamiento irregular que desafía las proyecciones optimistas de hace algunos meses. El Estimador Mensual de Actividad Económica correspondiente a julio confirmará una situación que ya se vislumbra: los números rojos superan a los negros en el tablero macroeconómico. Si las estimaciones de las consultoras especializadas se cumplen, la contracción rondará el 0,8 por ciento comparado con junio, lo que significa que hasta este momento del año ya se acumularon cuatro meses de caída frente a apenas tres de expansión. Este dato, que será oficial recién el 24 de septiembre, representa un punto de quiebre importante en las expectativas que se tenían a principios de la gestión actual.
El patrón que se dibuja en los primeros siete meses del año refleja un movimiento pendular que desorienta a empresarios y analistas por igual. Durante el primer semestre, los registros mostraron avances en enero (0,3%), marzo (2,6%) y junio (0,8%), mientras que simultáneamente se registraban caídas en febrero (2,5%), abril (1,6%) y mayo (0,6%). Este comportamiento zigzagueante, lejos de presentarse como una fase transitoria, se ha consolidado como característica distintiva del desempeño económico. Las estimaciones preliminares disponibles para agosto no sugieren un quiebre en esta dinámica, sino una continuidad de la volatilidad que ha caracterizado los últimos meses. Los datos de actividad acumulada hasta junio mostraban un saldo negativo del 1 por ciento comparado con diciembre del año anterior, un contexto sobre el cual se proyecta ahora un nuevo retroceso.
El diagnóstico de los analistas: contracción generalizada con excepciones limitadas
Las proyecciones que circulan en el mercado de análisis económico convergen en la expectativa de una caída para julio, aunque con matices en cuanto a su magnitud. El Estudio Ferreres anticipó una baja de 0,9 por ciento en términos mensuales desestacionalizados, interrumpiendo lo que parecía ser un tímido repunte en los dos meses previos. Por su parte, Equilibra estima una contracción de 0,5 por ciento, mientras que LCG proyecta una caída de 0,8 por ciento. Esta última institución basó su pronóstico en información de 35 series de alta frecuencia que cubren aproximadamente el 85 por ciento de la economía, lo que le confiere un grado importante de confiabilidad. En términos anuales, LCG señala que la economía acumuló una expansión de 1,8 por ciento en los primeros siete meses, aunque esta cifra resulta engañosa cuando se observa la volatilidad interna del período.
Los sectores que lideran la caída en julio son principalmente la Industria y el Comercio, dos pilares fundamentales de la actividad que no logran sostener dinámica expansiva. Paradójicamente, cuando se analiza el desempeño anual, ocho de los once sectores principales muestran cifras positivas. Los que más destacan en el lado de las ganancias son la Intermediación Financiera, Minas y Canteras, y Construcción. Sin embargo, entre las caídas anuales sobresalen el comercio minorista y mayorista, así como el sector agropecuario. En este último, el retroceso está fuertemente condicionado por la ganadería, que experimenta presiones significativas, mientras que la agricultura tiene menor incidencia debido a la estacionalidad del tercer trimestre. Esta combinación de desempeños dispares por sector complica cualquier intento de hablar de una recuperación generalizada en la economía.
La persistencia de la volatilidad y las dudas sobre la recuperación
Los analistas económicos advierten que la actividad no primaria registró una caída de 1,0 por ciento interanual en julio y de 0,5 por ciento en términos mensuales desestacionalizados, acumulando cuatro descensos consecutivos según la medición de Equilibra. Este dato resulta particularmente preocupante porque evidencia que el segmento más vinculado a la demanda interna, que es el motor tradicional de crecimiento, continúa bajo presión. En contraste, los sectores primarios mostraron una expansión interanual del 11 por ciento, aunque con una caída mensual de 0,8 por ciento impulsada fundamentalmente por la contracción del sector pesquero, que había registrado crecimientos extraordinarios en junio. Este comportamiento volátil de los sectores primarios no puede considerarse como un sostén confiable para la economía en su conjunto.
Las perspectivas que trasmiten los especialistas para los meses que restan del año no son particularmente alentadoras. Las consultoras coinciden en que no se esperan cambios significativos en la trayectoria de la actividad económica. El Banco Central, a través de su Relevamiento de Expectativas de Mercado, proyecta un cierre de 2026 con una expansión del 2,1 por ciento, cifra que resulta muy inferior a la estimación de 3,5 por ciento que las mismas consultoras manejaban a principios de este año. El desajuste entre las proyecciones iniciales y las actuales refleja el impacto de una realidad que se mostró más resistente a la recuperación de lo que se suponaba. Desde el Estudio Ferreres señalan que se mantiene la expectativa de una recuperación gradual, aunque reconocen que la actividad continuará mostrando movimientos irregulares y que la mejora en los sectores ligados a la demanda doméstica seguirá siendo frágil, por lo que el rebote podría demorarse más de lo previsto.
Un fenómeno que merece atención particular es lo que los analistas denominan como la dinámica de "serrucho": desde febrero de 2025, la actividad ha caído en diez de diecisiete meses. Esta caracterización refleja un patrón que va más allá de la simple volatilidad estadística y apunta a una economía que oscila sin encontrar una dirección clara. El proyecto de Presupuesto 2027 presentado por el gobierno ante el Congreso proyecta un avance del PBI de 3 por ciento para este año y de 4 por ciento para 2027, estimaciones que las consultoras consideran demasiado optimistas considerando el desempeño actual. Esta brecha entre las proyecciones oficiales y las expectativas privadas genera interrogantes sobre las bases utilizadas para la planificación fiscal y el manejo de la economía.
El panorama que emerge de estos datos sugiere una economía en búsqueda de equilibrio, pero sin claridad respecto de cuándo ese equilibrio podría establecerse. La persistencia de la volatilidad, la debilidad en sectores clave como el comercio y la actividad no primaria, y la ausencia de señales claras de recuperación sostenida generan escenarios diversos para los próximos meses. Desde una perspectiva optimista, podría argumentarse que los sectores primarios mantienen dinamismo y que la construcción muestra fortaleza, ofreciendo un sustento parcial. Desde una perspectiva más cautelosa, el patrón recurrente de caídas, la fragilidad de la demanda interna y el desacople entre proyecciones oficiales y privadas sugieren que el camino hacia una recuperación robusta podría ser más prolongado y complejo de lo esperado inicialmente. Las decisiones de inversión, empleo y consumo que tomen empresas y hogares en los próximos meses estarán condicionadas por la percepción que logren formar sobre estas tendencias contradictorias.



