El domingo pasado, bajo un sol de primavera que obligó a dejar abrigos en casa, la exposición de la Rural celebró 160 años de trayectoria en Palermo, pero esta vez con un agregado que transformó la ceremonia inaugural en algo más que un simple acto institucional. La presencia completa del gabinete presidencial, las reacciones de las tribunas ante cada funcionario que asomaba en el palco oficial, y los movimientos políticos visibles entre empresarios y autoridades dibujaron un escenario donde se entrecruzaban cálculos electorales, alianzas comerciales y posicionamientos de poder dentro de la administración actual. Lejos de limitarse a discursos sobre razas bovinas y producción agropecuaria, lo que sucedió en esas horas revelaba dinámicas internas del gobierno y el estado de ánimo de un sector económico clave para el país.
Lo primero que sorprendió fue la ausencia de elementos que habían caracterizado a las ediciones anteriores: el clásico espectáculo ecuestre desapareció del programa, y con él, el homenaje a caídos en Malvinas que Nicolás Pino, presidente de la Rural, había incorporado desde que asumió —una conexión personal, ya que su hermano participó en la guerra del Atlántico Sur. Pero lo que alimentó los comentarios entre asistentes fue el descubrimiento en los catálogos de la muestra de un dato histórico: exactamente en 1946, en ese mismo acto, habían estado presentes Juan Domingo Perón y María Eva Duarte, lo que generaba automáticamente un puente temporal con uno de los períodos más significativos de la política argentina. Estos detalles, aparentemente menores, funcionaban como tela de fondo para entender qué representaba esta edición en particular.
La política desbordó los límites del palco
Desde temprano, las conversaciones en la tribuna no giraban exclusivamente alrededor de ganado o exportaciones. Los insultos públicos del Presidente hacia su par brasileño dominaban los diálogos entre asistentes. Un fabricante de maquinaria agrícola, quien pidió anonimato, expresaba su preocupación con claridad: Brasil es el principal socio comercial del país, y esos comentarios generaban inquietud en los empresarios. Diego Guelar, quien se desempeñó como embajador ante Washington y Beijing, compartía esa preocupación en la misma sintonía. Por su parte, Peter Lamelas, embajador de Estados Unidos, se presentó de manera discreta una vez que los discursos ya habían comenzado, eligiendo sentarse junto a su esposa sin llamar la atención. Su prudencia contrastaba con la visibilidad buscada por otros dignatarios.
Federico Sturzenegger, funcionario clave en las reformas estructurales, se negó categóricamente a hacer declaraciones a los presentes. Su silencio no era casual: la incertidumbre que estaba sembrando en el ambiente ganadero lo rodeaba. Su iniciativa de volver optativo el financiamiento destinado a la promoción de venta de carnes generaba zozobra, especialmente porque se trata de un instituto solventado íntegramente por capitales privados —es decir, cualquier cambio afectaría directamente los bolsillos de los ganaderos. Mientras tanto, Mario Ravettino, presidente del Consorcio exportador, ofrecía una lectura más optimista del momento que atraviesa la carne argentina: la cuota hacia Estados Unidos ya está completa, y las negociaciones prosiguen. Su pronóstico incluía que el excedente de oferta se volcará al mercado interno, provocando una baja de precios, algo que funcionaría como paliativos en la batalla permanente contra la inflación que consume el poder adquisitivo de los argentinos.
Tres personajes, tres estrategias de visibilidad
El aplausómetro improvisado de la tribuna se activaba cada vez que las multitudes advertían la llegada de un funcionario importante. Javier Milei bajó de la camioneta con una entrada triunfal, saludado con vítores y el cantito colectivo "Presidente, Presidente". La senadora Patricia Bullrich, ataviada con botas altas de diseño llamativo, logró equiparar el nivel de entusiasmo generado por el mandatario. Pero la sorpresa genuina fue Sandra Pettovello, ministra de Capital Humano, que fue aplaudida y simultáneamente abrazada de manera constante. Uno de los asistentes sintetizó el motivo: los presentes le reconocían "una política social que terminó con los piquetes". Más allá de esa valoración específica, dentro del palco la leían también como una voz potencial para combatir corrupción, una prioridad que resonaba en ese ambiente de empresarios.
Sin embargo, si Pettovello cosechaba afecto físico y Bullrich disputaba protagonismo con el propio Milei, fue Luis Caputo, ministro de Economía, quien se convirtió en el imán de selfies. Su sonrisa permanente y su disposición para cada solicitud lo demoraron aproximadamente una hora dentro de la muestra; prácticamente no podía avanzar sin que alguien le pidiera fotografiarse junto a él. Este comportamiento revelaba algo: en el imaginario de los empresarios ganaderos, Caputo representa la promesa de estabilidad financiera, la figura que puede garantizar previsibilidad en el tipo de cambio y en las políticas monetarias. La diferencia entre captar abrazos (Pettovello), disputar aplausos (Bullrich) y acumular selfies (Caputo) funcionaba como un sistema de medición no oficial de capital político dentro del gabinete.
Entre el público se movían libremente Jorge Macri, intendente de Vicente López, quien aprovechó la ocasión para intercambiar palabras con el Presidente en varias oportunidades. En uno de esos encuentros, su pequeño hijo fue tomado en brazos por Pettovello y acariciado por Karina Milei, hermana del Presidente. José Luis Daza, viceministro de Economía, fue consultado sobre las declaraciones del vocero Ravier acerca de un posible dólar en $1.800, y respondió sin filtro: "Es una ridiculez", una frase que dejaba clara la desconexión entre los especuladores y la postura oficial. El palco concentraba economistas como Carlos Melconian y Beatriz Nofal, junto a embajadores de diversas naciones. Los empresarios presentes formaban un quién es quién del mundo de negocios: Eduardo Elsztain, David Lacroze, Adrián y Daniel Werthein, Gustavo Weiss, Mario Grinman, Martín Cabrales, Norberto Frigerio y Martín Goldstein, entre muchos otros. Una figura particularmente requerida fue la de Horacio Marín, presidente y CEO de YPF, a quien Pino agradeció especialmente: la petrolera estatal es sponsor de importancia en la Rural.
El campo debates sus propios dilemas
Vanesa Padulles, presidenta de Coninagro Córdoba, explicaba a sus pares el rol de las cooperativas ante los posibles cambios en su condición que Sturzenegger propone. Junto a ella, Leonardo Sarquis, ex funcionario de la administración Macri, ofrecía una perspectiva que sintetizaba el sentir general: "El camino es bueno pero hay que acelerarlo". Para Alfredo Gusman, cabañero de Angus, la conclusión de la jornada se resumía en una observación más cauta: "Hay un apoyo al campo que antes no existía, aunque las medidas son más lentas de lo que quisiéramos". Esta última frase contenía la tensión característica del sector: reconocimiento de cambios favorables, pero impaciencia por su ritmo de implementación. Los empresarios rurales esperaban reformas más rápidas, regulaciones menos restrictivas y un Estado que se retirara más ágilmente de ciertos segmentos de la economía.
Hacia las 14 horas, el palco comenzaba a despoblarse. Tras discursos extensos y el desfile posterior de ejemplares de distintas razas bovinas, la ceremonia tocaba su fin. En ese momento, sin anticipar que minutos después sería mencionado públicamente por el Presidente de manera inusual y confrontacional, José de Mendiguren mostraba las fotos de su caballo cuarto de milla junto al embajador Lamelas, quien le colocaba la cucarda al ejemplar campeón. Estas escenas cotidianas de celebración y camaradería envolvían el acto oficial, pero existía bajo la superficie una compleja red de negociaciones, tensiones y cálculos políticos que no dejaba de operar, incluso en momentos aparentemente descontraídos.
Los antecedentes históricos de la Rural remiten a 1866, cuando fue fundada como Sociedad Rural Argentina en tiempos de la consolidación nacional. Durante las décadas siguientes, se convirtió en el epicentro donde se debatían políticas agrarias, se negociaban exportaciones y se trazaban alianzas entre poder político y poder económico. Esa tradición de más de siglo y medio sigue vigente: la Rural continúa siendo el lugar donde los gobiernos de turno buscan respaldo sectorial, y donde los empresarios ganaderos toman el pulso a las administraciones respecto de sus intenciones reales. Esta edición de 2024 no fue la excepción.
Las implicancias de lo ocurrido en el palco
Lo sucedido en el palco oficial de la Rural el domingo pasado dejaba abiertos múltiples interrogantes sobre el futuro de las relaciones comerciales con Brasil, sobre el rumbo de las reformas estructurales en el agro, sobre la velocidad de implementación de cambios y sobre la distribución de poder dentro del gabinete presidencial. Los funcionarios transmitían mensajes contradictorios: mientras Caputo acumulaba selfies —signo de confianza de los empresarios en materia económica—, Sturzenegger generaba dudas con sus iniciativas; mientras Pettovello cosechaba reconocimiento por haber reducido conflictividad social, quedaba la pregunta sobre si sus políticas eran sustentables en el tiempo.
Para el sector ganadero y agrícola, la jornada mostró apoyo gubernamental distinto al que experimentó en administraciones previas, pero también dejó clara la impaciencia por acelerar cambios que consideran necesarios. El optimismo sobre las exportaciones de carne convivía con la incertidumbre sobre regulaciones que podrían modificarse. Y para el gobierno, el acto en Palermo fungió como termómetro: confirmó apoyo del sector empresarial, permitió que distintos funcionarios se midieran en visibilidad y capital político, y ofreció la oportunidad de ratificar compromisos con uno de los actores económicos más influyentes del país. Cómo evolucione este equilibrio en los próximos meses, si las reformas se aceleran o desaceleran, y qué consecuencias tengan en términos de conflictividad social o estabilidad económica, son preguntas que irán encontrando respuesta en las próximas decisiones de política sectorial.



