Tras permanecer inmobilizada durante más de dos semanas, Flybondi volvió a surcar los cielos argentinos este martes en medio de una tormenta corporativa que sacude los cimientos de la compañía. La reactivación de operaciones marca un punto de inflexión en la crisis que azotó a la low cost desde comienzos del mes de julio, pero también inaugura un período de incertidumbre respecto al futuro de una empresa que acumula pasivos crecientes, disputas con proveedores y un cambio radical en su estructura de poder. Lo que sucedió en los últimos días no es simplemente el reinicio de una aerolínea: representa un enfrentamiento corporativo donde la nueva dirección acusa a sus antecesores de haber operado bajo un esquema de irregularidades sistemáticas que comprometieron tanto a los accionistas como a trabajadores y pasajeros.
El retorno a la operación: números y limitaciones
La compañía completó diez operaciones el martes utilizando dos aviones, un número que contrasta dramáticamente con la flota que poseía antes de la crisis. Este reinicio representa apenas una fracción de la capacidad que caracterizaba a Flybondi cuando operaba con normalidad. El vuelo inaugural recorrió la ruta Ezeiza-Bariloche transportando 62 pasajeros de los 189 asientos disponibles, una ocupación que refleja tanto la cautela de los viajeros como las restricciones operativas que aún enfrenta la compañía. Según los registros de movimiento aéreo, el miércoles la situación mostró nuevas complicaciones: vuelos demorados, cambios de horario de última hora y cancelaciones que evidencian que la normalización dista mucho de ser total. El trayecto hacia Posadas fue retrasado desde las 9.20 hasta las 14.04, mientras que el servicio a Mendoza experimentó un cambio de más de tres horas respecto a su horario inicial. Ya para el jueves, la compañía debió cancelar el servicio matutino a Iguazú, justificando la medida en razones técnicas vinculadas con el arrastre de aeronaves.
En cuanto a la proyección inmediata, la empresa planea incorporar seis aviones adicionales en los próximos días para alcanzar una flota operativa de ocho aeronaves en esta primera etapa de recuperación. Sin embargo, esta cifra sigue siendo sustancialmente menor a lo que la compañía necesitaría para atender la demanda acumulada de pasajeros durante el prolongado período de inactividad. Flybondi registró más de 125 cancelaciones entre el 2 de julio y el reinicio de operaciones, una cifra que genera un pasivo significativo de clientes afectados cuya resolución representa uno de los desafíos inmediatos que enfrenta la nueva administración. La estrategia comercial también fue replanteada: la empresa comunicó que adaptó sus políticas de venta a la capacidad real disponible, abandonando el enfoque expansionista que caracterizaba a la gestión anterior.
Las acusaciones que desencadenaron el cambio de mando
La llegada de Leonardo Scaturicce como inversor mayoritario en junio de 2025, cuando adquirió Flybondi a través de su grupo empresario COC Global Enterprise, marcó el inicio de un proceso de auditoría que culminó en hallazgos que la nueva propiedad considera de gravedad extrema. Según el comunicado oficial de la compañía, durante el proceso de due diligence —que se extenderá hasta el 31 de julio— se detectaron discrepancias sustanciales entre la información presentada por la anterior gestión y la realidad operativa y financiera de la empresa. Los documentos que sustentaron el plan de negocios de los últimos años, afirma la compañía, estaban fundamentados en información adulterada y respondían a una arquitectura de irregularidades que, en términos de la nueva dirección, poseen características de fraude.
El nuevo propietario y su equipo no se limitaron a cuestionar la competencia de sus predecesores: directamente los responsabilizaron por haber construido una estrategia empresarial sobre cimientos falsos. Esta acusación trasciende la mala administración tradicional e introduce elementos de intencionalidad fraudulenta. Los daños generados bajo este esquema, según la compañía, afectaron a múltiples partes interesadas: desde los accionistas que vieron deteriorarse sus inversiones hasta los trabajadores que enfrentaron suspensiones y los pasajeros cuyos viajes fueron cancelados. Como consecuencia de estos hallazgos, Flybondi removió a la cúpula anterior y la reemplazó por nuevos responsables alineados con la visión del nuevo inversor. La compañía además se reservó explícitamente el derecho de ejercer acciones legales contra los exdirectivos por los perjuicios ocasionados, lo que sugiere que las acusaciones podrían trascender el ámbito corporativo e ingresar en territorio judicial.
El costo humano: trabajadores en la incertidumbre
Desde el 7 de julio, Flybondi implementó suspensiones de pilotos y tripulantes que se extenderían hasta el 30 de septiembre, medida que la empresa justificó en la necesidad de profundizar el plan de reorganización para garantizar la sostenibilidad de la operación. Sin embargo, la compañía aclaró que estas suspensiones no serían absolutas: estableció un sistema de "levantamientos temporales" mediante el cual el personal suspendido sería reactivado para cumplir con las operaciones de vuelo que se programasen. Esta estructura genera un panorama de incertidumbre para los trabajadores, quienes enfrentan una suspensión de largo plazo con la posibilidad de reactivaciones puntuales, un mecanismo que complica tanto la planificación personal como la negociación colectiva. El sector aeronáutico argentino, históricamente conflictivo en materia laboral, vuelve a enfrentar una tensión entre la necesidad de reestructuración empresarial y los derechos de los trabajadores afectados.
Los proveedores y la cadena de suministro en jaque
Uno de los factores que profundizó la crisis de Flybondi fue la ruptura de relaciones con proveedores clave. YPF, la empresa estatal que suministra combustible para aeronaves, y los lessors —compañías financieras internacionales que arriendan las aeronaves a la compañía— cortaron o limitaron sus servicios debido a deudas acumuladas. Esta situación redujo la flota operativa de Flybondi a apenas un avión en los momentos más críticos, mientras que varias aeronaves permanecían en el exterior sometidas a mantenimiento. La normalización de estas relaciones comerciales representa otro desafío pendiente para la nueva administración. El nuevo propietario debe negociar con estos actores para restaurar la confianza crediticia y lograr que reanuden sus servicios en términos que la compañía pueda sostener. Esta dinámica evidencia cómo la crisis de Flybondi no es un problema aislado sino un evento que irradia consecuencias a través de toda una cadena de valor que incluye proveedores estatales, empresas privadas internacionales y una multiplicidad de stakeholders.
Durante el período de inactividad, la compañía continuó vendiendo pasajes a pesar de estar incapacitada para volarlos, una práctica que generó frustración y desconfianza entre los consumidores. Este comportamiento, que podría interpretarse como una búsqueda desesperada de liquidez, también refuerza la narrativa de una gestión anterior que priorizaba la supervivencia a corto plazo sobre la responsabilidad con los clientes. La nueva dirección presentó este aspecto como evidencia adicional de las irregularidades cometidas, aunque también reconoce que debe asumir la responsabilidad de resolver esta situación heredada.
Contexto político y corporativo del nuevo propietario
La adquisición de Flybondi por parte de Leonardo Scaturicce introduce un elemento de complejidad adicional. El nuevo propietario forma parte del círculo cercano de Santiago Caputo, figura influyente en el actual gobierno argentino. Además, se menciona que posee nexos con la SIDE (Servicio de Inteligencia del Estado), relaciones que generan interrogantes sobre los mecanismos mediante los cuales un empresario de este perfil accedió al control de una aerolínea en un momento de vulnerabilidad extrema. Hace poco más de un año, Scaturicce estuvo involucrado en el episodio de las valijas que ingresaron al país sin los controles aduanales establecidos a través del aeropuerto de Ezeiza, un incidente que ejemplifica el tipo de riesgos operacionales y regulatorios que rodean su figura.
Esta configuración de poder plantea preguntas sobre cómo se canalizarán las decisiones futuras de Flybondi y qué papel jugará la proximidad del nuevo propietario con sectores del gobierno nacional. Si bien la compañía proyecta trabajar "de manera conjunta con las autoridades, los acreedores, los pasajeros y los trabajadores" para devolver la sustentabilidad a Flybondi, la identidad y los antecedentes del nuevo inversor añaden una capa de incertidumbre política a un escenario ya de por sí complejo.
Las implicancias y los caminos posibles
Lo que ocurre con Flybondi en estos días tiene implicancias que trascienden al sector aeronáutico. La compañía fue fundada en 2016 como referente de la industria low cost en la región, demostrando que era posible ofrecer vuelos de bajo costo con estándares de seguridad y eficiencia. Su actual crisis y posterior reestructuración bajo nueva propiedad abre múltiples escenarios cuyas consecuencias afectarán a diferentes actores. Por un lado, existe la posibilidad de que la nueva administración logre estabilizar la operación, cumplir con los compromisos adquiridos con pasajeros y trabajadores, y devolver a Flybondi a un camino de rentabilidad sostenible. Este resultado beneficiaría a consumidores que dependen de opciones de transporte aéreo accesible, trabajadores del sector que mantienen sus empleos, y al ecosistema empresarial más amplio que se beneficia de la competencia en la industria aeronáutica. Por otro lado, existe el riesgo de que las dificultades estructurales sean insuperables o que la compañía quede atrapada en un ciclo de crisis recurrentes donde la discontinuidad operativa erosione irremediablemente la confianza de los consumidores. En un escenario más pesimista, las acciones legales contra los exdirectivos podrían revelar patrones de corrupción o fraude que comprometan a otros actores del sector. Finalmente, la participación de un empresario conectado al gobierno abre la posibilidad de que Flybondi reciba apoyo político que otras empresas no consiguen, generando debates sobre igualdad competitiva y uso de recursos públicos. Los próximos meses determinarán cuál de estos caminos se concretiza.



