Los últimos dos meses consecutivos de retracción en la actividad económica abrieron una grieta en el relato oficial sobre la marcha de la economía argentina. Mientras los indicadores más visibles mostraban contracciones del 1,5% en abril y 0,5% en mayo, desde el ministerio de Economía llegó una respuesta que cuestiona el instrumento de medición mismo, no los números que genera. El debate trasciende lo técnico: en juego está cómo se interpreta la realidad económica de un país en transformación acelerada, y qué indicadores merecen más credibilidad cuando los datos contradicen el diagnóstico oficial.

La respuesta del Gobierno se articuló a través de dos funcionarios del equipo económico con peso en las decisiones. José Luis Daza, viceministro de Economía, y Martín Vauthier, director del Banco Central, publicaron explicaciones extensas en las que argumentan que el crecimiento económico continúa, pese a lo que muestren las mediciones mensuales del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE). El argumento central descansa en una distinción que no todo el mundo nota en los reportes oficiales: existe una diferencia entre la serie mensual desestacionalizada y la serie de tendencia-ciclo, ambas producidas por el Instituto Nacional de Estadística y Censos. Según los funcionarios, esta última captura mejor la dinámica real de la economía, filtrando lo que denominan "ruido" coyuntural.

La disputa sobre cómo medir lo que crece

Daza concentró su exposición en un fenómeno estadístico concreto: la volatilidad de los datos mensuales prácticamente se duplicó durante el año en curso. Esto significa que los saltos de un mes a otro alcanzan magnitudes de hasta 3 puntos porcentuales, variaciones que según su criterio no corresponden a cambios reales en una economía funcional. "La volatilidad de ese tipo simplemente no sucede en ninguna economía operativa", fue el tono de su argumentación. Para el funcionario, el problema radica en que el EMAE captura demasiado "ruido": fluctuaciones producto de una economía sometida a cambios acelerados por el programa de estabilización y las reformas implementadas.

Un indicador estadístico secundario respalda esta lectura desde la perspectiva del equipo económico. Cuando se examina la correlación entre los datos mensuales del EMAE, emerge un patrón inusual: la correlación es negativa en 2026, lo que contrasta con la tendencia positiva que caracteriza a las economías normales. Daza interpretó esto como evidencia de que los problemas residen en la capacidad de medición, no en comportamientos económicos reales. Llevó la analogía a un plano más general: "El ruido es simétrico. Magnifica tanto las caídas como las subas. Con el paso del tiempo, esas exageraciones se anulan mutuamente". Este tipo de distorsiones, según su diagnóstico, es común en sistemas económicos que atraviesan transiciones profundas, donde las herramientas estadísticas todavía reflejan patrones del período anterior.

La serie de tendencia-ciclo, el instrumento alternativo que el Gobierno propone como referencia, cuenta una historia diferente. Según la presentación oficial, muestra 26 meses consecutivos de expansión, un avance próximo al 2,5% en los últimos doce meses, y ha logrado que la economía supere el umbral máximo que había contenido el crecimiento argentino entre 2011 y 2024. Vauthier, desde su posición en el Banco Central, ofreció un fundamento teórico adicional: toda serie estadística contiene tendencia, ciclo, estacionalidad y un componente irregular vinculado a eventos imprevisibles como condiciones climáticas adversas, paros sectoriales, shocks externos o inclusive errores en la recolección de datos. En economías sometidas a cambios bruscos, estos componentes irregulares pueden ampliar la volatilidad de manera significativa. Por eso, según su argumentación, concentrarse en la tendencia-ciclo es fundamental para evaluar la dinámica verdadera.

Las revisiones posteriores como respaldo del diagnóstico

Vauthier agregó otro elemento a la defensa del crecimiento: las mediciones del EMAE son preliminares y se revisan posteriormente cuando se compatibilizan con las cuentas nacionales trimestrales, que incorporan información más completa. Ofreció un ejemplo concreto: en el primer trimestre, la medición inicial indicaba un crecimiento de 0,3%, pero la estimación trimestral posterior lo corrigió a 0,7%. Este tipo de ajustes, sugirió, apunta a que los datos mensuales pueden subestimar la actividad real. El contexto macroeconómico que rodea estos números muestra una economía que desacelera pese al impulso de sectores específicos. El EMAE acumulado de los últimos doce meses registra una mejora de apenas 0,2%, mientras que el acumulado de los primeros cinco meses del año está 1,7% por encima del mismo período de 2025, pero con un ritmo inferior al del año anterior. Estos datos reflejan que aunque exista crecimiento, la velocidad de expansión está bajando.

Sin embargo, el sector privado de análisis económico mantiene una posición más escéptica sobre las proyecciones. LCG, consultora de relevancia en el mercado local, describe la actividad como mostrando una dinámica de "serrucho": caídas y subidas abruptas que generan confusión sobre la dirección verdadera. Según sus cálculos, desde diciembre acumula una caída de 2%, mientras el crecimiento interanual apenas llega a 0,2%. Para esta empresa, el dinamismo de sectores como minería, petróleo, gas y agricultura aún no logra propagarse al resto de la estructura económica, y la debilidad de la demanda interna sigue siendo un cuello de botella. Su pronóstico para 2026 apunta a un cierre con expansión cercana al 2%. Outlier, otra consultora, advirtió que hasta mayo el nivel de actividad acumulaba una retracción de 1,5% respecto de diciembre. Para evitar una contracción en el segundo trimestre, junio habría necesitado registrar un crecimiento superior al 2% mensual, escenario que la consultora consideró poco probable según los indicadores adelantados disponibles. Por eso redujo su proyección anual a 2,8%, aunque dejó abierta la posibilidad de nuevas revisiones si los datos próximos no muestran recuperación.

El desacuerdo entre la lectura oficial y la visión del sector privado refleja un dilema metodológico que trasciende Argentina. En períodos de transformación económica acelerada, las herramientas estadísticas heredadas del régimen anterior pueden resultar inadecuadas para capturar la realidad emergente, pero también pueden servir como justificación para desestimar señales de alerta legítimas. Los números mensuales sugieren una economía que oscila sin dirección clara, mientras que la tendencia-ciclo propone una narrativa de recuperación sostenida. Las consultoras privadas ocupan un espacio intermedio, reconociendo crecimiento pero cuestionando su solidez y su capacidad para propagarse. Esta divergencia de interpretaciones tendrá consecuencias sobre las decisiones de inversión, consumo y política económica en los próximos meses. Un escenario donde prevalece la lectura oficial podría justificar la continuidad de la estrategia actual; uno donde ganan peso las advertencias de las consultoras podría abrir presiones para ajustes de rumbo. La verdad probablemente reside en reconocer que ambas perspectivas capturan aspectos reales: hay movimientos positivos en sectores dinámicos, pero la economía aún no alcanza la estabilidad y la amplitud de crecimiento que caracteriza a una recuperación consolidada.