La administración tributaria y los organismos reguladores del mercado de capitales argentino tomaron una decisión que reconfigura la forma en que fluye el dinero dentro de las casas de bolsa del país. La Comisión Nacional de Valores (CNV) publicó una resolución que elimina de raíz una práctica que se había naturalizado en los últimos meses: el movimiento de fondos hacia y desde cuentas comitentes utilizando cheques como instrumento de pago. Lo que en apariencia parecía un detalle administrativo menor esconde una batalla contra la evasión tributaria y refleja la urgencia fiscal que atraviesa al Estado nacional en un contexto de recaudación tambaleante.

Durante varios meses, un espacio legal había permanecido abierto en la regulación que permitía a empresas de diverso tamaño aprovechar una ventaja competitiva poco difundida pero altamente rentable. Cuando una compañía recibía un cheque de terceros, en lugar de depositarlo en su cuenta bancaria tradicional —operación que gatillaba automáticamente el impuesto al cheque—, podía realizar un endoso y transferir ese documento directamente hacia la cuenta que mantenía en una casa de bolsa o Alyc (Agentes de Liquidación y Compensación). De este modo, la firma conseguía mantener sus fondos en circulación dentro del sistema bursátil sin que esos movimientos quedaran sujetos al gravamen del 0,6% sobre débitos y 0,6% sobre créditos que pesa sobre las operaciones tradicionales. Era, en definitiva, un atajo que minimizaba la carga impositiva sobre cada transacción.

La brecha que se cerraba progresivamente

Lo que potenciaba aún más este mecanismo era una medida complementaria: la eliminación del límite de endosos en los cheques electrónicos. Históricamente, la normativa permitía solo una cantidad restringida de endosos sucesivos, lo que limitaba la circulación de un mismo documento entre múltiples partes. Al suprimir ese tope, los cheques podían circular indefinidamente dentro de la cadena de actores del mercado bursátil, multiplicando las oportunidades de esquivar el tributo. Una empresa recibía un cheque, lo endosaba a la casa de bolsa; esa casa podía, a su vez, endosarlo hacia otro destino, y así sucesivamente. Cada salto evitaba un punto de contacto con el sistema bancario tradicional y, por ende, con la obligación tributaria.

Ahora, la Resolución General 1166/2026, difundida este martes en el Boletín Oficial, cierra definitivamente esa compuerta. La nueva regulación establece que los movimientos de fondos —tanto ingresos como egresos— desde y hacia las cuentas comitentes de los clientes de casas de bolsa y Alycs deberán realizarse exclusivamente mediante transferencias electrónicas. El cheque, ese instrumento de pago que dominó transacciones comerciales durante más de un siglo en Argentina, queda formalmente excluido del circuito bursátil. Los fondos ahora solo podrán provenir de cuentas bancarias a la vista, de titularidad o cotitularidad del cliente, en instituciones autorizadas por el Banco Central, o alternativamente desde la Clave Virtual Uniforme (CVU) vinculada al CUIT, siempre que esa billetera virtual esté conectada a una cuenta bancaria autorizada. La trazabilidad y la identificación de cada movimiento se vuelven obligatorias, eliminando los intersticios por donde se filtraba dinero fuera del registro tributario.

El contexto de una recaudación en caída libre

Esta decisión no emerge del vacío normativo sino de una presión concreta sobre los ingresos del fisco. En los últimos meses, la recaudación por impuesto al cheque ha mostrado una trayectoria preocupante. Durante junio, la caída interanual fue del 11%; en julio descendió 6,3%, y en agosto volvió a caer 9%. Aunque estos números puedan parecer modestos en comparación con otros tributos, el impuesto al cheque representa en promedio 7,7% de la recaudación tributaria total de los últimos doce meses. En términos absolutos, cuando se trata de decenas de miles de millones de pesos que el Estado necesita para financiar su operativa, cada punto porcentual de caída se traduce en recursos faltantes que deben buscarse en otro lado o que simplemente no llegan. En ese contexto, identificar y eliminar canales por los cuales las empresas evitaban contribuir se convirtió en una prioridad.

La norma, sin embargo, justifica la medida no solamente en términos recaudatorios sino también con argumentos operativos y de control. Según consta en la redacción de la resolución, el objetivo es asegurar la disponibilidad inmediata de los fondos depositados en las cuentas comitentes, eliminando los rechazos asociados al uso de cheques —un problema histórico que afecta la fluidez de los mercados—, y simultáneamente fortalecer los mecanismos de control y prevención contra conductas irregulares. Una transferencia electrónica ofrece, en efecto, ventajas sustanciales frente a un cheque: confirma de forma instantánea que los fondos existen y están disponibles, genera un registro digital inmodificable, y permite identificar el origen y destino de cada peso con precisión. Para las autoridades de supervisión, es mucho más simple detectar operaciones sospechosas, lavado de activos, o estructuraciones cuando todo queda registrado en los sistemas de los bancos y las casas de bolsa. El cheque, por el contrario, es un documento físico o digitalizado que puede cambiar de manos múltiples veces sin dejar un rastro claro de quién lo cursó en realidad.

La medida representa, en definitiva, un acercamiento del circuito bursátil al sistema financiero formal. Hasta ahora, existía una zona gris donde las casas de bolsa podían recibir dinero sin que ese movimiento quedara registrado en los bancos. Ahora, todo debe pasar por cuentas bancarias autorizadas o billeteras virtuales conectadas a esas cuentas. Esto tiene consecuencias múltiples: por un lado, amplía la base de recaudación del impuesto al cheque y aumenta la transparencia. Por otro, normaliza el funcionamiento de las Alycs y casas de bolsa, alineándolas más estrechamente con regulaciones internacionales que demandan trazabilidad total de flujos de efectivo. Sin embargo, también introduce fricciones en el sistema: operaciones que antes eran instantáneas ahora requieren un paso adicional a través del sistema bancario; empresas que operaban en la periferia de la formalidad enfrentan ahora mayor exposición. Algunos sectores del mercado bursátil podrían experimentar una reducción en volumen de operaciones, mientras que otros podrían beneficiarse con una competencia más equitativa. La decisión abre interrogantes sobre cuánto dinero efectivamente circulaba por esa vía y cuánto impuesto se dejaba de recaudar: respuestas que solo el tiempo y el análisis de datos posteriores podrán proporcionar con certeza.