Durante los últimos meses, el proceso de reducción de la inflación en la Argentina ha generado intensos debates sobre si las políticas implementadas efectivamente están funcionando o si simplemente estamos presenciando un fenómeno transitorio. Para aportar claridad a esta discusión, resulta relevante examinar cómo se comporta nuestro país en relación con economías que atravesaron situaciones comparables hace poco tiempo. El desempeño relativo de Argentina frente a casos como Israel, Chile, Polonia, México, Brasil y Perú permite entender mejor si estamos en territorio conocido o si enfrentamos una situación singular.
Una escalera con rebotes predecibles
La descripción más ilustrativa del proceso actual proviene de Guido Sandleris, economista que encabeza la Fundación Ecosur y que anteriormente dirigió el Banco Central durante momentos turbulentos de la economía nacional. Sandleris, quien colaboró con Francisco Ballester en la elaboración de un análisis comparativo, caracteriza la evolución de la inflación con una metáfora efectiva: la de una pelota que cae por una escalera. Cada vez que el objeto toca un escalón, rebota hacia arriba, pero inevitablemente el siguiente contacto ocurre en un nivel más bajo. Esta descripción captura con precisión lo que sucede en programas de estabilización gradual, aquellos que no implican cambios drásticos de régimen institucional o expectativas.
La razón detrás de esta trayectoria errática obedece a la naturaleza misma del ajuste. Cuando un gobierno opta por una estrategia de desinflación sin shock —diferente al régimen de convertibilidad que rigió en Argentina décadas atrás—, el camino incluye inevitablemente fluctuaciones. Los mecanismos de indexación profundamente enraizados en la economía argentina, la presencia de shocks externos como movimientos en precios de energéticos o proteínas, y factores como la incertidumbre electoral, generan presiones alcistas intermitentes que temporalmente revierten el avance logrado. Así ocurrió durante el primer trimestre de este año, cuando diversos factores convergieron para impulsar la tasa de inflación mensual hacia arriba.
Dónde se ubica Argentina en la liga internacional
El análisis comparativo que examina siete economías diferentes revela un panorama matizado. Argentina no encabeza el ranking de países que han logrado la desinflación más acelerada, una caracterización que requiere precisión. Sin embargo, tampoco ocupa una posición rezagada. Cuando se considera el punto de inflexión común —el momento en que cada nación registró por última vez una inflación mensual superior al 10 por ciento— emerge un patrón interesante. En el caso argentino, ese umbral se alcanzó en marzo de 2024. A partir de ese momento, la velocidad de descenso ha sido moderada en comparación con algunos pares, pero más acelerada que la exhibida por otras economías importantes.
Perú y Polonia, por ejemplo, experimentaron una desaceleración del proceso inflacionario más gradual que la Argentina. Chile, a su turno, tampoco mostró una reducción significativamente más rápida. Brasil e Israel presentaron dinámicas diferentes, con trayectorias propias marcadas por sus contextos específicos. México, en tanto, evidenció una performance comparable a la del caso argentino. Lo sustancial es que cuando se observa el cuadro completo de estos siete países, todos ellos —sin excepción— transitaron por períodos de avances y retrocesos antes de alcanzar la estabilización en niveles de un dígito anual. Argentina, en esa perspectiva, se inscribe dentro de los rangos conocidos por experiencias internacionales recientes.
Esta constatación resulta significativa porque desafía tanto los discursos que proclaman un éxito sin precedentes como aquellos que describen el proceso como un fracaso. Los números y la comparación internacional sugieren una realidad más compleja: Argentina transita un camino arduo pero no anómalo, con características tanto de avance como de resistencia, típicas de programas de este tipo cuando no recurren a cambios institucionales radicales.
Equilibrio fiscal y orden monetario como fundamentos
Más allá del análisis gráfico y comparativo, Sandleris enfatiza un aspecto conceptual central: los pilares sobre los que descansa cualquier proceso de estabilización de precios. Para este economista, dos elementos resultan indispensables y no substituibles: el equilibrio de las cuentas fiscales y la disciplina en la expansión monetaria. No se trata de fórmulas mágicas sino de condiciones técnicas que la historia económica ha validado reiteradamente. Cuando un gobierno mantiene el gasto dentro de sus posibilidades de ingresos y resiste la tentación de financiar déficits mediante emisión de dinero sin respaldo, las condiciones para una desinflación sostenible mejoran exponencialmente.
El desafío político inherente a esta estrategia reside en la paciencia y la consistencia. Sandleris lanza una advertencia dirigida especialmente a quienes toman decisiones: la búsqueda de logros rápidos y visibles puede erosionar los fundamentos del programa. Si, por ejemplo, las autoridades monetarias elevaran las tasas de interés a niveles extremadamente altos simplemente para alcanzar inflación cero en un plazo brevísimo, el costo en términos de actividad económica, desempleo y contracción crediticia podría resultar devastador. La sabiduría política consiste justamente en mantener el curso sin sucumbir a la tentación de resultados espectaculares en el corto plazo.
La cuestión institucional en el debate global
Paralelamente a las dinámicas de precios, emerge un debate de carácter institucional que trasciende las fronteras argentinas. La independencia del banco central, entendida como la capacidad de una institución monetaria para tomar decisiones sin presiones políticas inmediatas, constituye una de las recomendaciones explícitas que el Fondo Monetario Internacional ha presentado a las autoridades nacionales. No se trata de una sugerencia casual sino de una exigencia técnica inscrita en los documentos de evaluación más recientes del organismo internacional.
Este tema cobró visibilidad renovada recientemente cuando Jerome Powell, quien presidiera la Reserva Federal de Estados Unidos durante años, expresó preocupaciones sobre el futuro de esa institución. Powell advirtió que si se sentara un precedente de remoción de funcionarios simplemente por desacuerdos políticos, futuras administraciones seguirían el mismo camino, degradando progresivamente la credibilidad de la institución. Para Powell, esa credibilidad constituye un activo invaluable que requiere protección institucional. En Argentina, el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, se refirió a esta discusión desde una óptica distinta: enfatizó que lo relevante no es el marco legal formal sino el comportamiento fáctico, es decir, que el Tesoro no dependa de la emisión monetaria para financiar sus déficits.
Sin embargo, la realidad observable en las economías que Sandleris analiza en su trabajo sugiere una conclusión interesante: todos esos países —Israel, Chile, Polonia, México, Brasil, Perú— operan hoy con marcos institucionales que garantizan grados significativos de independencia a sus autoridades monetarias. No es coincidencia que justamente en esos contextos institucionales se hayan logrado estabilizaciones de precios duraderas. La pregunta que permanece abierta es si el componente institucional-formal funciona como factor causal o como correlato de contextos políticos más amplios que naturalmente respetan ese tipo de independencia.
Incertidumbres futuras y múltiples escenarios
Pronosticar la irreversibilidad de la desinflación sería imprudente, tanto para Argentina como para cualquier otro país. La historia económica está poblada de sorpresas, reversiones y giros inesperados. Factores que hoy no resultan visibles en el horizonte podrían emerger repentinamente, así como presiones que parecen inevitables podrían disolverse. Los próximos meses determinarán si el descenso de la inflación continúa con la cadencia observada, si se acelera o si enfrenta nuevos obstáculos. El relevamiento de expectativas del mercado más reciente mostró que la proyección de inflación para los próximos doce meses alcanzó el 23,3 por ciento en mayo, mejorando respecto al mes anterior, lo que sugiere que los agentes económicos están incorporando una trayectoria descendente en sus cálculos.
La combinación de variables que determinarán los próximos capítulos de esta historia incluye elementos tanto internos como externos. Internamente, la capacidad de sostener el equilibrio fiscal sin quebrantos significativos, la evolución del mercado laboral y la dinámica del crédito resultan determinantes. Externamente, los movimientos de precios internacionales de commodities, las decisiones de política monetaria de economías desarrolladas, y los flujos de capital que llegan al país juegan papeles críticos. Cada uno de estos factores presenta escenarios alternativos, desde favorables hasta adversos. El análisis comparativo internacional proporciona una referencia útil pero no predictiva: muestra que caminos como el que Argentina transita han funcionado en otros contextos, pero también que nada garantiza que el resultado será idéntico.



