La desaceleración inflacionaria que comenzó a dibujarse en abril parece consolidarse en mayo, según convergen las proyecciones de las principales casas de análisis económico del país. Luego de que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires registrara cifras moderadas, los especialistas coinciden en esperar un nuevo mes de alivio en la suba de precios cuando se haga público el índice nacional este jueves. Esto significaría el segundo mes consecutivo de compresión después de casi doce meses donde predominó la tendencia alcista. La expectativa del mercado es que el fenómeno no sea circunstancial, sino que se prolongue hacia los próximos meses, incluso perforando la barrera del 2% mensual en agosto. Sin embargo, factores externos fuera del control de las autoridades locales se perfilan como amenazas latentes.
El recorrido de la inflación en el año deja una trayectoria que sugiere un quiebre respecto a meses previos. En marzo se alcanzó el pico máximo con 3,4% de suba mensual. Luego, abril mostró una caída significativa hasta 2,6%. El mes siguiente habría profundizado esa tendencia, descendiendo varios puntos porcentuales. Las diversas consultoras que realizan seguimiento independiente del comportamiento de precios proyectan para mayo un rango que oscila entre 2,2% y 2,5% de incremento mensual. EcoGo estima 2,4%, mientras que C&T Asesores Económicos habla de 2,2% para la región metropolitana, cifra que coincidiría con lo relevado en la capital porteña. Equilibra calcula 2,3%, y Analytica sitúa la suba en 2,5%. Más allá de las variaciones entre estos guarismos, todas las estimaciones marcan un descenso respecto al mes anterior.
Un panorama fragmentado en las categorías de precios
Detrás de estos números agregados existe un mapa complejo donde distintos sectores de bienes y servicios protagonizan dinámicas muy diferentes. Los alimentos y bebidas emergieron como uno de los segmentos con mayor volatilidad. Las verduras, particularmente, exhibieron comportamientos estacionales que se aceleraron hacia el cierre de mayo. Algunas consultoras relevaron alzas cercanas al 12% en este rubro, mientras que otras detectaron incrementos de hasta 27% mensual en la región Gran Buenos Aires. Los panificados registraron subas moderadas alrededor del 2,5%, en tanto que la carne continuó mostrando desaceleración, con aumentos de apenas 1% mensual. Este comportamiento heterogéneo refleja cómo factores como las condiciones climáticas y los ciclos de producción impactan de manera diferenciada según el producto.
El transporte también jugó un rol central en la dinámica inflacionaria de mayo, aunque con un matiz relevante: la congelación de combustibles decretada durante 45 días generó un efecto compensador que evitó que esta categoría presionara más fuertemente sobre el índice general. A su vez, en la región metropolitana bonaerense, los aumentos en pasajes del transporte público fueron significativos, pero la estabilización de las naftas limitó el impacto global de este rubro. Las tarifas de servicios básicos continuaron siendo un factor de presión, con incrementos en electricidad, gas, salud y educación que reflejaron la acumulación de ajustes de meses anteriores y componentes indexados que responden a criterios particulares de cada prestador.
La incertidumbre del precio internacional del crudo
Pese a que las perspectivas para los próximos meses parecen más benignas —el consenso de mercado reflejado en el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central proyecta que la inflación podría perforar el 2% en agosto y mantenerse en ese rango hacia fin de año, con una acumulación anual de 30,5%—, existe un factor que trasciende las fronteras nacionales y genera incertidumbre. Los funcionarios de la autoridad monetaria han identificado que la evolución del precio internacional del petróleo constituye la principal fuente de riesgo para la trayectoria esperada de los precios internos. Vladimir Werning, vicepresidente del Banco Central, señaló en una presentación reciente que cualquier extensión o profundización de la suba del crudo en los mercados globales podría impactar directamente en los combustibles locales, afectando tanto el transporte como la cadena productiva en su conjunto.
Este análisis recupera las lecciones del primer trimestre del año, cuando la escalada de tensiones en Medio Oriente provocó un shock de precios internacionales que aceleró la inflación doméstica. No se trata de una especulación teórica: la combinación de shocks externos en petróleo, carnes y otros commodities fue efectivamente identificada como una de las causas que elevaron los precios en los primeros meses de 2024. La desaceleración actual, en ese contexto, podría ser parcialmente vulnerable a alteraciones en esos factores exógenos, más allá de lo que suceda con la política monetaria, fiscal o cambiaria que impulse el Gobierno. Incluso con una gestión ortodoxa de la inflación núcleo —aquella que excluye componentes más volátiles—, un salto del precio del crudo podría revertir buena parte de los avances logrados.
El monitoreo de la inflación subyacente realizado por el Banco Central añade otro matiz a la lectura de la situación. Este índice, que descarta la carne y las tarifas para obtener una muestra más "pura" de la presión de precios de base, registró 2,3% a principios de año y alcanzó 2,5% en las mediciones recientes. En una perspectiva más extendida, desde agosto pasado cuando estaba en 1,9%, este indicador ha mostrado una senda de aceleración, a diferencia del índice general que ahora desacelera. Esto sugiere que, más allá de los elementos coyunturales que presionan en corto plazo, existe una dinámica subyacente de precios que se ha endurecido, algo que eventualmente podría manifestarse en nuevas aceleraciones si las condiciones de demanda o expectativas de inflación se alteran.
El escenario que se abre para los próximos meses presenta matices que resisten lecturas simplistas. Por un lado, las proyecciones de moderación inflacionaria en el segundo semestre ofrecen espacio para que los asalariados y consumidores respiren cierto alivio después de meses de erosión del poder adquisitivo. Un mantenimiento de la inflación mensual por debajo del 2,5% habría representado un quiebre cualitativo respecto al patrón de casi un año de presiones alcistas. Ello tendría implicancias tanto para el consumo como para la credibilidad de la gestión en materia de estabilidad macroeconómica. Sin embargo, los riesgos asociados a variables fuera del control de los responsables de política local —especialmente la cotización del petróleo— introducen una nota de incertidumbre que impide anticipar con seguridad si la desaceleración será sostenible o si enfrentaremos nuevas sorpresas inflacionarias en los meses venideros. La trayectoria de los próximos datos será decisiva para confirmar si estamos ante un cambio de tendencia o frente a un respiro temporal en una dinámica que aún guarda potencial para sorpresas alcistas.



