El territorio neuquino vuelve a posicionarse como epicentro de las decisiones energéticas que moldearán la próxima década de inversiones en hidrocarburos no convencionales. La apertura de sobres correspondiente a quince sectores de exploración y explotación potencial en Vaca Muerta constituye un punto de quiebre en la estrategia provincial respecto de cómo se relaciona con el capital extranjero petrolero. A diferencia de modelos anteriores donde la provincia asumía un rol más pasivo en la negociación, esta vez emerge con demandas estructurales que redefinen el juego: regalías que escalan desde el 15% hasta el 18%, participación obligatoria de la empresa estatal en calidad de socio con porcentajes que van del 10% al 20%, y compromisos de inversión previamente establecidos. Esto representa un cambio de paradigma que tiene implicancias directas no solo en los márgenes de ganancia de los inversores, sino en cómo se distribuye la riqueza extractiva y quién tiene poder de decisión en los proyectos que se ejecuten.

Una estrategia de negociación territorial

La decisión de lanzar esta convocatoria responde a una lectura pragmática del contexto global. El gobernador Rolando Figueroa viajó personalmente a Houston, el corazón histórico de la industria petrolera estadounidense, para presentar estas oportunidades de inversión directamente a los operadores que dominan el mercado de shale oil. Esta gestión demuestra que Neuquén no espera pasivamente a que las empresas lleguen con sus propuestas, sino que busca activamente captar inversiones bajo sus propios términos. La geografía de los quince bloques ofrecidos cubre toda la extensión geológica relevante de la cuenca: desde las zonas de petróleo concentradas en el noreste hasta los depósitos gasíferos del sur. Esta diversidad geográfica no es casual; permite a potenciales interesados elegir entre diferentes perfiles de riesgo y retorno, ampliando así el espectro de empresas que podrían participar en la licitación.

El mecanismo de participación estatal obligatoria mediante Gas y Petróleo del Neuquén (GyP) constituye un cambio significativo respecto de esquemas históricos. El presidente de GyP, Guillermo Savasta, explicó que la empresa estatal funcionará como "socio activo en el desarrollo de los bloques", no como simple reguladora o supervisora. Esta posición de socio con participación accionaria implica que la empresa provincial comparte tanto riesgos como decisiones operativas en cada proyecto. La intención declarada es que GyP "articule con empresas e inversores y genere las condiciones para la concreción de nuevos proyectos en la provincia". Traducido a términos claros: la provincia pretende tener voz en cómo se ejecutan los trabajos, qué estándares ambientales se aplican, cómo se organiza la cadena de valor local y cuándo se toman decisiones estratégicas de inversión o desinversión.

Los oferentes y las sorpresas del mercado

Cuando se abrieron los primeros sobres, la información revelada generó movimientos notables en la industria. De las quince áreas disponibles, ocho recibieron propuestas de un total de diez empresas distintas. Este número sugiere un interés medido pero genuino: no todas las áreas despertaron la misma codicia, pero tampoco hubo un desinterés general. Entre los actores que presentaron ofertas aparecen firmas de distinto tamaño y origen geográfico, lo que indica que la convocatoria logró su objetivo de atraer competencia. Sin embargo, dos movimientos causaron particular atención en los observadores del sector.

El primero fue la participación de Phoenix Global Resources, vinculada a José Luis Manzano, en alianza con la estadounidense Continental Resources. Continental no es una pequeña operadora: pertenece al magnate Harold Hamm, conocido en la industria como uno de los principales impulsores de la revolución del shale oil norteamericano. Hamm fundó Continental en Oklahoma y la convirtió en una de las petroleras independientes más influyentes del planeta, acumulando la experiencia técnica y el capital que caracterizan a las empresas que ganaron la batalla del fracking en Estados Unidos hace poco más de una década. La presencia de Continental en Vaca Muerta, de la mano de intereses locales representados por Phoenix, envía señales sobre la seriedad de las intenciones de los operadores estadounidenses respecto de la cuenca argentina.

El segundo movimiento fue la aparición de Geopark, empresa de origen colombiano, con un portafolio de inversión proyectado en mil millones de dólares estadounidenses. Esta cifra no es decorativa: representa un compromiso financiero de escala considerable que sugiere planes de mediano a largo plazo en territorio neuquino. Geopark tiene experiencia en América Latina operando campos no convencionales en Colombia y Perú, lo que le otorga ventajas operacionales y de conocimiento regulatorio en contextos similares al argentino. Su presencia diversifica el origen geográfico del capital interesado y añade un competidor con track record en la región que no necesariamente está atado a las redes de la industria estadounidense tradicional.

Las exigencias fiscales y sus implicancias

Las regalías planteadas entre el 15% y el 18% representan un punto de inflexión respecto de esquemas históricos argentinos. Para contextualizar: durante décadas, las alícuotas de regalías en explotación de hidrocarburos argentinos fueron más bajas, permitiendo que las empresas retuvieran mayores márgenes de ganancia. El aumento en estos porcentajes refleja una decisión deliberada de Neuquén de capturar mayor valor en la cadena extractiva. En términos comparativos, estas tasas se sitúan en rangos que operan en otras jurisdicciones del mundo, aunque por debajo de algunos países productores de crudo que exigen regalías aún más altas. La provincia está realizando un cálculo: prefiere atraer inversores serios con exigencias claras antes que mantener tasas bajas que traigan capitales especulativos sin compromiso real.

Asociado a esto, la participación de Gas y Petróleo del Neuquén entre el 10% y el 20% en cada bloque genera dinámicas diferentes a las que caracterizaron rondas licitatorias previas. No se trata solo de derechos fiscales pasivos (regalías, impuestos), sino de participación accionaria activa que otorga poder de voto y acceso a información operativa estratégica. Esto implica que cualquier empresa que gane una licitación deberá negociar constantemente con un socio estatal que tiene incentivos alineados con los objetivos provinciales: maximizar producción, generar empleo local, asegurar cumplimiento ambiental y diversificar la base económica. Este modelo requiere de una empresa estatal con capacidades técnicas y administrativas robustas para poder ejercer esa función de forma efectiva.

Los compromisos de inversión previamente establecidos cierran el esquema. No se trata de promesas vagas, sino de números concretos que los oferentes deben asumir. De esta manera, Neuquén evita el riesgo de que una empresa gane una licitación, asuma los derechos de exploración, pero luego dilate indefinidamente la ejecución de trabajos esperando a que cambie el precio internacional del petróleo o las condiciones macroeconómicas. El compromiso de inversión hace que el operador esté forzado a desembolsar capitales en tiempos predeterminados, lo que genera empleo, movimiento de dinero en la economía local y creación de infraestructura.

Perspectivas y reconfiguración del mapa de actores

La suma de estos elementos—participación estatal obligatoria, regalías altas, exigencias de inversión, y atracción de operadores de envergadura internacional—apunta a una reconsideración de cómo Neuquén se relaciona con la industria extractiva. Durante años, el debate público argentino sobre petróleo y gas se situó entre dos polos: por un lado, quienes consideraban que las empresas extranjeras capturaban demasiado valor; por otro, quienes advertían que exigencias excesivas espantaban inversión. Esta nueva ronda parece buscar un equilibrio dinámico donde ambas partes tienen incentivos para permanecer en la mesa de negociación.

La presencia de Continental Resources a través de Phoenix Global, sumada a Geopark y a otras empresas que presentaron ofertas, sugiere que el mercado internacional sigue viendo a Vaca Muerta como una frontera de oportunidades. Esto ocurre en un contexto donde la energía no convencional enfrenta presiones regulatorias crecientes en países desarrollados, lo que puede hacer que operadores de envergadura busquen geografías alternativas donde desplegarse. Argentina, con su dotación de recursos y su contexto macroeconómico de recuperación relativa, se posiciona nuevamente como destino de estas inversiones.

Sin embargo, la ejecución de esta estrategia dependerá de múltiples variables. Gas y Petróleo del Neuquén deberá demostrar capacidades para ejercer su rol de socio activo sin generar fricciones operacionales que desalienten a los inversores privados. Los precios internacionales del petróleo seguirán siendo una variable exógena que determina rentabilidad y disposición a invertir. Las políticas macroeconómicas nacionales—tipo de cambio, estabilidad fiscal, marco regulatorio—incidirán en la viabilidad de los proyectos. Y la presión internacional respecto de transición energética hacia fuentes renovables podría afectar la demanda de largo plazo de hidrocarburos no convencionales, aunque en horizontes de cinco a quince años el petróleo seguirá siendo relevante en la matriz energética global.

Desde una perspectiva de desarrollo territorial, la apuesta neuquina busca maximizar captura de valor mientras se mantiene capacidad de atracción de inversión. Desde la óptica de los inversores, el nuevo esquema implica menores márgenes de ganancia, pero también reduce incertidumbre regulatoria y proporciona un socio estatal que actúa como facilitador de operaciones. La sostenibilidad de este modelo dependerá de cómo GyP ejerza su rol, de si las empresas logran retornos suficientes para justificar la inversión, y de si el contexto macroeconómico mantiene estabilidad en variables críticas como tipo de cambio e inflación.