La historia de Perramus es la de una empresa que nació cuando Argentina todavía se pensaba a sí misma como potencia agraria ganadera. Fundada en 1922, cuando el país atravesaba una bonanza económica que parecería lejana hoy, la marca estableció su primer local en la esquina de Sarmiento y Maipú, especializado en la comercialización de impermeables. Más de cien años después, su actual conductor enfrenta un desafío que obliga a replantear completamente la lógica operativa que caracterizó a la compañía durante décadas. Diego Meischenguiser, nieto del fundador original, ha debido transformar radicalmente la estructura de su negocio para garantizar la continuidad laboral de su plantel. Lo que comenzó como una estrategia de diversificación comercial derivó en una reconversión empresarial sin precedentes: menos producción, más logística; menos máquinas de corte y costura, más depósitos y plataformas de comercio electrónico. Un cambio de época que el propio empresario equipara con los vaivenes vividos durante la década de los noventa, cuando la economía argentina oscillaba entre modelos contradictorios.

Del taller familiar a la expansión comercial

La trayectoria de Perramus antes de 2005 era la de una empresa familiar de alcance acotado. Su abuelo Marcos Meischenguiser, fundador de la marca, operaba principalmente como comerciante que encargaba la confección de sus productos a talleres especializados externos. Posteriormente, su padre Carlos —quien mantuvo simultáneamente su ejercicio profesional como abogado— y su tío Ricardo, médico neurólogo, instalaron una fábrica propia en el barrio porteño de Caballito. Esa planta ubicada en la intersección de Honorio Pueyrredón y Luis Viale no solo abastecía a Perramus sino que también proveía a otras firmas del rubro de indumentaria. Fue justamente en ese espacio fabril donde Diego Meischenguiser se formó desde fines de la década de 1980, trabajando como fabricante para marcas de envergadura internacional como Christian Dior, NewMan, Uma y Vitamina. El joven Meischenguiser acumulaba así un conocimiento dual: tanto la gestión industrial como la comprensión de las dinámicas del comercio internacional de prendas.

Cuando en 2005 adquirió la marca de sus parientes, Meischenguiser era economista de formación, pero poseía una trayectoria empresarial que lo diferenciaba del perfil puramente académico. Su visión implicaba desprenderse del modelo que había caracterizado a Perramus durante sus primeros ochenta años: la boutique única, la especialización en impermeables, el perfil de comercio tradicional porteño. Decidió entonces invertir en la expansión hacia los principales centros comerciales del territorio nacional. En paralelo, amplió significativamente la cartera de productos, incorporando prendas de corte informal y atuendos de carácter más formal. Además de esta estrategia de diversificación de líneas, impulsó un ambicioso plan de franquicias que permitió sumar más de veinte locales operados por terceros en distintas provincias. La marca que había permanecido casi confinada a un único punto de venta en la zona céntrica de Buenos Aires comenzó a diseminarse geográficamente.

La fábrica de Boedo y el cambio de paradigma

En 2013, Meischenguiser inauguró una nueva planta productiva en el barrio de Boedo, específicamente sobre la calle Carlos Calvo, que resultó ser de considerable magnitud. Esa instalación contaba con una línea de producción que se extendía a lo largo de media cuadra, equipada con operarios humanos y robots de corte de última generación. La capacidad de esa planta permitía simultanear la confección de prendas para la propia marca Perramus y también para otras empresas contratistas, modelo que funcionó adecuadamente durante varios años. Sin embargo, la coyuntura económica de los últimos tiempos ha impactado significativamente en la utilización de esa capacidad instalada. Actualmente, la planta opera al 40% de su capacidad máxima, cifra que refleja la realidad recesiva del mercado doméstico y la contracción en la demanda de prendas de confección local.

A pesar de este panorama desalentador, Meischenguiser logró preservar el nivel de empleo que la empresa mantiene desde el término de la pandemia: 170 personas continúan siendo parte del plantel. La conservación de esta dotación de trabajadores en un contexto de disminución productiva no fue resultado de una fórmula mágica, sino de decisiones comerciales concretas y flexibilidad operativa. El empresario modificó la composición de tareas y funciones dentro de la estructura laboral. Aquellos operarios que tradicionalmente se desempeñaban en las secciones de corte, costura y control de calidad fueron reconvertidos hacia áreas de logística y atención de plataformas de comercio electrónico. Esta transformación permitió que la empresa mantuviera ocupación plena sin necesidad de ajustes de personal, fenómeno que resulta inusual en contextos recesivos donde la tendencia predominante es la reducción de planteles.

Hunter: la alianza estratégica que cataliza la metamorfosis

La pieza fundamental en esta estrategia de reconversión empresarial fue la incorporación de Hunter, una marca británica de botas y prendas para lluvia que Meischenguiser integró mediante un acuerdo de licencia internacional. Hunter posee una genealogía notable: fundada en Escocia en 1874, las botas que hoy se comercializan como artículos de moda entre la población juvenil fueron originalmente diseñadas como equipamiento militar, formando parte de los uniformes del ejército británico durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial. La inclusión de Hunter dentro de la cartera de Perramus transformó completamente el perfil comercial de la empresa. Se implementó entonces un formato operativo denominado "bimarca", donde ambas líneas de productos comparten un mismo espacio de venta. Incluso se han abierto locales exclusivamente dedicados a Hunter, como el establecimiento recientemente inaugurado en la ciudad de Rosario, operado por uno de los franquiciados de la red.

Esta incorporación de Hunter generó un efecto secundario de considerable importancia: el público más joven, que acude a los locales atraído inicialmente por las botas y prendas de la marca británica, redescubre y se interesa por la oferta histórica de Perramus. El empresario resume esta transformación operativa con una frase que sintetiza el cambio de paradigma: "ahora es menos producción y más logística". El ajuste no implicó eliminación de empleados, sino reubicación funcional dentro de la estructura empresarial. Los cortadores, costureros y personal de terminación que antes trabajaban en la planta de Boedo ahora se desempeñan en depósitos o en equipos dedicados al comercio electrónico. Además, Perramus ha mantenido su tradicional componente importador: la materia prima que utiliza para sus impermeables —un tejido especial de lana que no absorbe humedad— continúa siendo importada desde Gales, Reino Unido, manteniéndose así una conexión con las islas británicas que ha caracterizado a la marca desde sus orígenes.

El contexto recesivo y las presiones de mercado

Más allá de la creatividad empresarial desplegada por Meischenguiser, es necesario contextualizar la situación dentro del entorno macroeconómico actual. A nivel de volumen comercializado, las ventas de Perramus en el presente año mantienen una relación aproximada con las registradas hace doce meses atrás, aunque con una leve tendencia decreciente. El estancamiento es evidente: el mercado se encuentra en clara fase recesiva. Simultáneamente, el ticket promedio de compra ha descendido de manera significativa. Pese a que la inflación acumulada en el período de referencia alcanzó el 35%, los precios de las prendas en exhibición son actualmente más bajos que los que regían hace un año. Esta aparente contradicción obedece a la llegada de numerosos competidores nuevos y a la presión ejercida por un mercado de demanda contraída. La estrategia de competencia se desplazó desde la calidad o la diferenciación hacia la reducción de márgenes de ganancia.

La estructura comercial actual de Perramus está organizada en tres capas: doce locales de propiedad directa, ocho locales operados bajo sistema de franquicia, y una red de puntos de venta multimarca dispersos geográficamente a lo largo del territorio nacional. Desde antes de la apertura comercial más reciente, ya durante 2023, Meischenguiser había implementado ajustes en la relación comercial con sus franquiciados. Abandonó el modelo tradicional de compraventa y migró hacia un sistema de consignación de productos. Esta modificación implica que los franquiciados reciben la mercancía sin la obligación de adquirirla directamente, reduciendo así el riesgo de quedar atrapados con stock inmovilizado. Como contrapartida, los márgenes de ganancia se redujeron en comparación con el modelo anterior, aunque complementados con pequeños incrementos en algunos casos. La flexibilización en la forma de abastecimiento permite que los franquiciados visualicen de manera más clara la realidad económica de sus operaciones sin la carga de inventarios no vendibles.

Precedentes históricos y resignificación de una marca

La trayectoria de Perramus incluye un capítulo curiosamente ligado a la cultura popular argentina. Durante la década de 1980, específicamente en las páginas de la revista Fierro —publicación emblemática de historietas argentinas que dejó de editarse hace años—, la marca protagonizó su propia historieta. El trabajo contaba con textos de Juan Sasturain e ilustraciones del destacado artista Alberto Breccia. El personaje central era un detective que llevaba el nombre del impermeable emblemático de la marca, con una estética visual deliberadamente inspirada en el cine en blanco y negro de los años cuarenta. Se trataba de una canonización cultural que parecería haber ubicado a Perramus en un lugar privilegiado de la memoria colectiva porteña. Sin embargo, según el propio Meischenguiser, esa presencia en la cultura de historietas no se tradujo en tracción comercial significativa. El público que circulaba por el local histórico de Sarmiento y Maipú no necesariamente identificaba o reconocía la marca como entidad comercial independiente.

El relanzamiento real de Perramus ocurrió efectivamente en 2005, cuando Meischenguiser implementó su estrategia de migración hacia los shoppings centers. En esa oportunidad, la marca fue completamente reformulada en términos estéticos y de propuesta de valor. Se incorporó color, variedad de tipología de prendas, y se adoptó una presentación visual coherente con los estándares visuales de los centros comerciales modernos. Ese ejercicio de reposicionamiento fue lo que permitió a las nuevas generaciones descubrir y reconocer a Perramus como marca comercial diferenciada. Ahora, con la entrada de Hunter al ecosistema empresarial, se está produciendo un fenómeno similar pero de direccionalidad invertida: son los consumidores jóvenes que ingresan a los locales buscando las botas y prendas de la marca británica los que, una vez dentro del espacio comercial, se topan nuevamente con Perramus y reevalúan su propuesta de impermeables y prendas de abrigo.

Perspectivas y escenarios futuros

La estrategia implementada por Meischenguiser presenta variables de resultado que merecen observación en los próximos períodos. Por un lado, la conversión de la empresa hacia un modelo híbrido donde la producción local coexiste con la importación representa una apuesta por la flexibilidad operativa. Esta flexibilidad podría resultar ventajosa si el contexto macroeconómico mejora, permitiendo a la empresa modular rápidamente su oferta entre productos de fabricación propia e importados. Por otro lado, la dependencia de una marca internacional para sostener los volúmenes de comercialización introduce una variable de riesgo: los cambios en la disponibilidad, los costos de importación o las modas en torno a Hunter podrían impactar directamente en la viabilidad del modelo. Asimismo, la mantención de 170 empleados en un contexto de capacidad ociosa del 60% en la planta fabril genera interrogantes sobre la sostenibilidad de largo plazo del modelo. La reconversión de trabajadores desde tareas de confección hacia logística y comercio electrónico implica diferencias en los perfiles de competencia requeridos y potencialmente en los niveles salariales. La evolución del mercado doméstico de indumentaria, tanto en términos de demanda como de competencia, determinará si esta apuesta empresarial logra consolidarse o requiere nuevos ajustes en su operatoria. Las decisiones tomadas hoy por Meischenguiser ofrecen un caso de estudio sobre cómo empresas tradicionales argentinas navegan la incertidumbre económica contemporánea.